Otro testigo confirmó la reunión de preparación de testigos
El testigo es inspector del Gobierno de la Ciudad desde mayo de 2003 hasta la actualidad, reconoció que utilizaba, y utiliza, la modalidad de handy en el momento de las clausuras pero advirtió que era para "consultar sobre cuestiones operativas". Además dijo haber clausurado "innumerables veces" y que "nunca" solicitó permiso para clausurar.
Sobre la reunión mantenida con el jefe de Gobierno suspendido, Aníbal Ibarra, su abogado defensor Fernando Castejón, y los inspectores Brizuela, Cogo, Velazco y Suárez Carpenzano y Paula Trunzo, Marcó del Pont reconoció que "charlamos sobre cómo sería este proceso".
"Yo estaba preocupado porque mi anterior declaración en este lugar había sido mal interpretada y comenté con mis compañeros que sería bueno que consultemos a un abogado", dijo el testigo, claramente nervioso.
Y ante la pregunta de por qué sintió esa necesidad, respondió: "Leí el dictamen en que la comisión investigadora me cita en dos párrafos y noté que había habido mala intención en la Comisión Acusadora porque yo no describí el procedimiento para que se entendiera que había discrecionalidad en el accionar, sino todo lo contrario".
Extrañamente Marcó del Pont fue un testigo que nunca miró a la cara a quien le preguntaba, es más, el diputado Enríquez pidió que lo mirara, pero no hubo caso, el testigo siguió con la cabeza gacha.
UN TESTIGO QUE NO APORTÓ NADA
Alberto Gerosa, ex jefe de Departamento de Actividades Nocturnas de la Dirección General de Verificaciones y Control, fue el segundo testigo de la tarde quien al igual que tantos otros ratificó el poder de policía de los inspectores.
MAIER VS POLIMENI = EMPATE TÉCNICO
Parece que la pelea entre el magistrado y la politóloga se ha acercado a su fin. Previamente a que se le tomara declaración a Marcó del Pont, Polimeni se dirigió al juez y dijo, entre otras cosas, que si bien respetaba la envestidura de Maier se "había sentido prejuzgada sus preguntas".
Además pidió "por favor" se deje de hacer alusión "a su estado" ya que estar embarazada no era una enfermedad y que podía trabajar sin problemas.
El juez escuchó atentamente, pero fiel a su estilo contestatario, le dijo a Polimeni que no era su intención faltarle el respeto y que "aún más por su estado", le parecía muy loable que ella estuviera trabajando.
Sin entenderse mucho otra vez, las cosas quedaron en paz.