El futuro tiene cara de derrota
Oposición constructiva, es la frase que repiten los kirchneristas porteños a la hora de hablar de cómo será su relación con el jefe de Gobierno electo de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, durante los próximos cuatro años. Sin embargo, las frases hechas son eso, palabras unidas a lo largo del tiempo que no dicen nada, que cada día que pasa están más alejadas del significado que se le quiso dar. Los matices son, en realidad, grandes diferencias que están marcadas, cada vez más, por intereses contrapuestos: los legisladores porteños y los dirigentes que están atrapados al futuro político del distrito tendrán una actitud más constructiva que de oposición y los funcionarios, los referentes nacionales y los movimientos sociales, serán más opositores que constructivos. No se trata de bondad ni buenas prácticas, sólo de política. Los hombres de Cristina y Néstor en el distrito saben que les será muy difícil ganar la elección de Comunas en 2008 y los comicios legislativos de 2009. En el primero de los casos porque no hay una estructura sólida de referentes territoriales y, además, porque suponen que pase lo que pase Mauricio tirará sus mejores armas al principio, mientras que la Casa Rosada sufrirá las consecuencias de la inflación, los aumentos de servicios públicos y transporte y el lógico desgaste de un gabinete con pocos nombres nuevos. También en el 2009 estará vigente el desgaste, pero la mayor dificultad es la ausencia de un candidato que pueda hacerle frente a la vicejefe de Gobierno electa de la Ciudad de Buenos Aires, Gabriela Michetti, que creen será la postulante del macrismo para esa instancia electoral. Es curioso, pero el análisis que surge de los pasillos de Balcarce 50 no es muy distinto, lo diferente son los intereses. La mejor manera de mantener fuerte a Cristina durante los próximos cuatro años de gobierno es anular la posibilidad de recambio por vía de la oposición y, por eso, marcarán a PRO con artillería pesada. No lo destruirán, muerto el perro se acabó la rabia, sólo tratarán de mostrar a Macri como “un niño rico que tiene tristeza”, en alusión a la frase de Carlos Menem, es decir, como un empresario tilingo alejado de los problemas de los vecinos que gobierna para Barrio Parque. En ese esquema, la idea es presentar a sus colaboradores como hombres de negocios. “Empresarios ricos y empresas pobres, la historia de la Argentina se puede resumir en la del quiebre de las empresas por parte de personas como las que nombra Macri en su gabinete, hombres que con excelentes abogados se zafan de todos los juicios”, disparó un dirigente kirchnerista, sentado, en una oficina algo oscura del microcentro porteño. Lo cierto es que no son pocos los que sostienen que atacar con dureza a PRO le permitiría victimizarse al jefe de Gobierno electo. “A nadie le importa si es bueno o es malo, lo cierto es que con una imagen negativa altísima Macri logró imponerse en la Ciudad y eso sólo se explica porque la gente quiere soluciones, no le interesa si nos endeudamos o hay superávit fiscal, si tiene chorros como colaboradores, le importa la policía, el transporte y la vivienda, el resto son sólo palabras”, contestó otro kirchnerista, de esos que no se van a la Provincia de Buenos Aires, “por ahora”, asegura. Los Fernández, Alberto y Aníbal, serán los encargados de limar las intenciones presidencialistas de Mauricio Macri. No estarán solos, el ex jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires Aníbal Ibarra será un aliado, aunque claro, sus intereses no son los de Cristina sino los suyos propios. Con los primeros fallidos del ingeniero, el ex fiscal se ilusionó con la idea de volver en 2011 al despacho del que lo destituyeron. La pelea que se dará, que ya provocó algunos distanciamientos, es acerca de quién liderará la oposición al líder de PRO, tal como anticipó Noticias Urbanas, días después de que Macri se consagró como jefe de Gobierno. Alberto Fernández, aunque nunca podrá capitalizar sus embates por su rol ejecutivo nacional que lo desgasta y lo ahoga en reuniones, siempre mantiene su estatus de referente indiscutido del kirchnerismo del distrito. Aníbal Ibarra desde su banca de legislador y con reuniones como la que tuvo con Luis Juez pretende ser el antimacrismo natural, con un toque de progresismo y de kirchnerismo crítico que ejerció con vitalidad desde los incidentes en la Legislatura porteña. La reunión que mantuvo días atrás con el Presidente Néstor Kirchner le confirmó que está en el buen camino. El tercer actor es el senador electo por la Ciudad de Buenos Aires Daniel Filmus, quien a fuerza de candidaturas quiere imponerse en la terna. El todavía ministro de Educación quiere caminar las calles porteñas durante estos dos años, algo que muchos prometen luego de las elecciones pero pocos cumplen. Su idea es armar un equipo fijo que lo acompañe para salir a responderle al jefe de Gobierno electo siempre que sea necesario, a la par de armar políticas de gestión y esquema de poder. Su déficit es que Alberto Fernández no lo sostiene a fondo, sólo lo banca para que no se caiga, y los legisladores no lo tienen en cuenta para el día a día. Es que por detrás del debate del jefe de la oposición coexiste la discusión sobre si será el Partido Justicialista el eje de kirchnerismo porteño, -luego de los comicios internos en los que se definirán sólo algunas circunscripciones porque Alberto Fernández fue ratificado por consenso como el líder- o si funcionará como tal el Frente para la Victoria. La idea esgrimida por algunos es la de desmezclarse: el Partido Justicialista tendrá una política y el Partido para la Victoria, otra. Se trata de que los justicialistas dejen de lado la impronta progresista que le quisieron dar algunos para desdibujar su historia, con la represión interna a la Marcha Peronista, y sean representantes fieles de un sector importante de la sociedad, mientras que el progresismo y la centroizquierda tendría que acomodar su funcionamiento interno para tender a que haya menos librepensadores con partidos propios y más diálogo en torno a una misma mesa, con reglas claras y un camino hacia la democratización regulada del Partido de la Victoria. El sendero es largo, pero los kirchneristas porteños, aquellos que su suerte está más arraigada a lo que pase durante los próximos cuatro años, confían en que sólo así se podrá revertir la derrota sufrida a manos de Mauricio Macri. Los otros, incluidos quizás Néstor y Cristina Kirchner, sostienen que haber obtenido más de 25 puntos en la Ciudad de Buenos Aires es ya una victoria que les permite construir en la General Paz un muro para impedir el avance de la oposición.