La renuncia que no fue
Actuó como si no hubiera pasado nada. Y al hacerlo resaltaba con dicha acción que su poder se mantenía intacto. Más aún, que seguía contando con los influyentes avales de sus padrinos políticos. Con esa seguridad sobre sus espaldas el exsenador provincial por el Frente para la Victoria (FpV), Sergio Berni, encaró a los líderes de la protesta sindical, aclarándoles de entrada que estaban hablando con el Secretario de Seguridad de la Nación.
El hecho se produjo en la mañana de este jueves 10, cuando efectivos de la Gendarmería nacional evitaron que gremialistas del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), que reclamaban por la supresión de una bonificación que cobraban en los sueldos, corten la avenida General Paz, más exactamente en la colectora, a la altura de Constituyentes.
La manifestación fue encabezada por uno de los líderes de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), Pablo Micheli, quien criticó al gobierno de la Presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, por haber desplegado una "importante cantidad de gendarmes y policías" para custodiar la protesta de los empleados del INTI.
El jefe político que supervisó el operativo llevado a cabo por la Gendarmería, fue nada menos que Berni, quien el lunes de esta semana había presentado su renuncia a la Secretaria de Seguridad por la feroz interna que lo enfrentaba con la ministra de Seguridad nacional, Nilda Garré. Pero sorpresivamente, apareció durante la mañana de hoy como si nunca hubiera abandonado su cargo.
El propìo Berni le explicó a Micheli que el procedimiento llevado a cabo por las fuerzas de seguridad era el habitual para ese tipo de protestas.
?Lo de la renuncia fue una hábil jugada política de Berni, que tenía dos objetivos bien definidos. Por un lado que Cristina conociera el desmanejo que atravesaba la cartera de Seguridad debido a que Garré estaba ocupada full time a la batalla interna con el exsenador. Y por otro lado, al hacer pública su dimisión lograba que los medios de comunicación lo dejarán de lado. Y eso era algo fundamental para Berni, ya que su cargo público sacó a la luz ciertos hechos de su pasado que no lo beneficiaban en nada. Como por ejemplo su colaboración en el levantamiento carapintada que en la semana santa de 1987, lideró el teniente coronel Aldo Rico?, le explicó a Noticias Urbanas un político kirchneristas del área de Seguridad.
Berní calculó muy bien la movida, ya que le presentó la renuncia a la Presidenta, pasando por arriba de su jefa política, la ministra Garré. Y el martes no concurrió a su oficina en el ministerio, por lo cual todos consideraron que su dimisión era irrevocable. Pero no era así. El militar se dirigió a Cristina, quien había avalado su designación en la Secretaria de Segurida, porque sabía que ni ella, ni su madrina política, la ministra de Desarrollo Social de la Nación, Alicia Kirchner, aceptarían su salida. Y así fue, la primera mandataria no la aceptó.
?Esa jugada fue clave, porque si le enviaba la dimisión a Garré, esta la hubiera aceptado al toque. Y Berni se quedaría sin nada?, agregó la fuente consultada por NU.
Y tampoco fue casual su aparición en la protesta de los trabajadores del INTI. Al utilizar su experiencia de negociador en los conflictos sociales, como lo hizo durante la presidencia de Néstor Kirchner, logró que no se cortara la calle y encabezar el exitoso operativo le mandó un mensaje directo a su rival política, la ministra Garré, de que sus padrinos en el gobierno K lo seguían mancando como el primer día. Y que lejos de abandonar su función iba por más.