Del Raúl Alfonsín a Carlos Jáuregui: los nombres que buscan cancelar en el subte
Para algunos pasajeros es apenas un detalle. Para otros, una parte de la identidad porteña. Pero un proyecto presentado en la Legislatura de la Ciudad volvió a poner sobre la mesa una discusión que mezcla la orientación urbana, homenajes históricos y hasta desacuerdos políticos: ¿cómo deberían llamarse las estaciones de subte de la ciudad de Buenos Aires?
La iniciativa, impulsada por legisladores de La Libertad Avanza encabezados por Juan Ignacio Fernández, propone una “normalización” de las denominaciones de la red de subterráneos y el Premetro. En términos concretos, busca eliminar buena parte de los nombres dobles incorporados en las últimas décadas y reemplazarlos por referencias geográficas más simples y directas.
El argumento central del proyecto es que hoy muchas estaciones tienen nombres demasiado largos, dobles o incluso desligados del lugar donde están ubicadas, algo que, según sostienen, dificulta la orientación de pasajeros, turistas y usuarios ocasionales.
La propuesta toma ejemplos internacionales y plantea que las estaciones deberían priorizar referencias urbanas claras: barrios, avenidas, plazas, centros de trasbordo o puntos reconocibles de la Ciudad. También apunta contra la proliferación de homenajes incorporados mediante leyes particulares que fueron agregando apellidos, figuras históricas y denominaciones conmemorativas al mapa del subte porteño.
En los fundamentos del proyecto, los autores señalan que el sistema de transporte debe ser, ante todo, funcional y fácil de interpretar. Argumentan que la red porteña fue perdiendo claridad con el paso de los años a medida que distintas leyes fueron sumando homenajes y denominaciones complementarias sin un criterio uniforme. Según explican, eso terminó generando estaciones con nombres extensos, dobles y en algunos casos desconectados del entorno urbano inmediato.
La iniciativa también pone el foco en los pasajeros ocasionales y en los turistas. Los impulsores remarcan que alguien que visita Buenos Aires por primera vez muchas veces no logra asociar rápidamente ciertos nombres con los lugares donde realmente se encuentra. Para ejemplificar, mencionan nodos neurálgicos como el área del Obelisco, donde conviven tres nombres distintos: Carlos Pellegrini, Diagonal Norte y 9 de Julio. Según el proyecto, eso rompe con una lógica utilizada en grandes capitales del mundo donde los principales centros de trasbordo suelen compartir una única denominación.
Otro de los puntos centrales del proyecto es la eliminación de las denominaciones dobles, una tendencia que se profundizó especialmente en las últimas dos décadas. Para ello, proponen la derogación de 18 leyes que impusieron dos nombres y apuntan a que cada estación tenga uno solamente oficial.
También incorpora un concepto que denominan “neutralidad funcional” al entender que las estaciones no deberían llevar nombres vinculados a homenajes políticos, personales o conmemorativos que no tengan relación directa con la ubicación geográfica. La idea es que la red del subte funcione como una herramienta de orientación urbana, antes que como un espacio de reconocimiento simbólico, dicen.
Ahí es donde aparece el núcleo más polémico de la iniciativa. Porque detrás de cada posible modificación hay leyes aprobadas, discusiones históricas y homenajes, que en muchos casos fueron impulsados por vecinos, organizaciones culturales, colectividades o agrupaciones de derechos humanos.
La línea más afectada por la reforma sería la B. Allí, el planteo es eliminar “Juan Manuel de Rosas” de la cabecera en Villa Urquiza. Cuando ese nombre fue incorporado, años atrás, el debate político fue intenso y generó fuertes cruces entre sectores que reivindican la figura del ex gobernador bonaerense y quienes cuestionan su legado histórico.
En Echeverría - Mártires Palotinos, directamente propone derogar la ley que incorporó el homenaje a los religiosos asesinados durante la última dictadura militar en la parroquia San Patricio, ubicada justamente en esa zona de Villa Urquiza. Para los impulsores de la reforma, el nombre “Echeverría” resulta suficiente como referencia urbana.
Más hacia el centro, Dorrego pasaría a llamarse “Villa Crespo”, en una búsqueda de unificación con la estación ferroviaria del San Martín. La idea apunta a reforzar la identificación barrial y facilitar la comprensión de quienes realizan combinaciones entre distintos medios de transporte.
Uno de los cambios más resonantes sería el de Carlos Gardel. La estación ubicada en pleno Abasto dejaría de homenajear al ícono del tango para adoptar directamente el nombre del barrio comercial. También sobre la línea B aparece una modificación llamativa: Leandro N. Alem sería reemplazada por “Correo Central”, tomando como referencia la combinación con la línea E.
El argumento central del proyecto es que hoy muchas estaciones tienen nombres demasiado largos, dobles o incluso desligados del lugar donde están ubicadas, algo que, según sostienen, dificulta la orientación de pasajeros, turistas y usuarios ocasionales. Pero quizás el cambio más político de esa línea sea el de Congreso - Raúl Alfonsín. Allí la propuesta elimina el nombre del ex presidente radical y deja únicamente “Congreso”. Los autores argumentan que el homenaje no tiene vinculación territorial concreta con la estación y sostienen que la referencia principal ya está dada por el Palacio Legislativo.
La línea C apenas tendría modificaciones, aunque una de ellas podría alterar la lógica histórica del centro porteño. El proyecto plantea que Diagonal Norte pase a formar parte de una denominación unificada llamada “Obelisco”, integrando así el nodo junto a Carlos Pellegrini y 9 de Julio. La intención es que el principal punto turístico y de combinación de Buenos Aires sea fácilmente identificable para cualquier pasajero.
En la línea D los cambios vuelven a tocar homenajes recientes. José Hernández sería reemplazada por “Virrey del Pino”, ya que -según el texto- esa es la referencia exacta de ubicación. Ministro Carranza perdería la denominación “Miguel Abuelo”, incorporada en homenaje al líder de Los Abuelos de la Nada, mientras que Callao dejaría atrás la referencia a Raquel Liberman y podría pasar a llamarse Rodríguez Peña.
La línea E concentra varios de los cambios más sensibles desde el plano político y simbólico. Allí Plaza de los Virreyes perdería la referencia a Eva Perón, incorporada hace pocos años. También desaparecerían Rodolfo Walsh de Entre Ríos y Mama Antula de Independencia.
En la H, la iniciativa propone quitar el nombre de Ringo Bonavena en Hospitales y eliminar la referencia a Carlos Jáuregui en Santa Fe, uno de los homenajes más representativos para el colectivo LGBTIQ+ porteño.
Sin embargo, un detalle llamó particularmente la atención dentro del proyecto: no se plantea modificar Inclán - Mezquita Al Ahmad, una de las denominaciones dobles más recientes de toda la red y que fue incorporada para reconocer a la comunidad islámica.
El Premetro tampoco queda fuera de la reforma. Allí aparecen propuestas como reemplazar Balbastro por “Cementerio de Flores”, Grierson por “Hospital de Agudos” y Gabino Ezeiza por “Avenida Coronel Roca”. En los fundamentos, los autores sostienen que las referencias funcionales o sanitarias resultan más útiles para la orientación de los usuarios que los homenajes personales.
El proyecto, de todos modos, enfrenta un escenario político complicado. Para modificar los nombres de las estaciones harán falta al menos 40 votos en la Legislatura porteña, una cifra difícil de alcanzar para La Libertad Avanza, que actualmente cuenta con apenas 13 bancas.
En ese sentido, la legisladora de la UCR Manuela Thourte, autora de una iniciativa similar presentada tiempo atrás, también defendió la necesidad de avanzar hacia un sistema de nombres más claro y uniforme dentro de la red de subtes. Según argumentó, la incorporación sucesiva de denominaciones conmemorativas mediante leyes particulares derivó en estaciones con nombres dobles o excesivamente extensos, lo que terminó afectando la legibilidad del sistema y dificultando la orientación de pasajeros ocasionales, turistas y visitantes.
“En los sistemas de transporte masivo, la claridad en la nomenclatura es fundamental para la navegación dentro de la red”, sostienen los fundamentos de su proyecto, que propone priorizar referencias territoriales y urbanas por sobre los homenajes simbólicos.
Mientras, surgieron rechazos al proyecto de Fernández dentro del recinto de sesiones legislativas. El diputado Facundo Del Gaiso, autor de la ley que incorporó el nombre de Mama Antula a la estación Independencia, cuestionó con dureza la iniciativa.
“Es un proyecto intrascendente y no va a salir", aseguró. Y agregó: "No tienen ningún fundamento y cada vez hay más propuestas de poner más nombres de estaciones con doble nomenclatura, como el proyecto que ingresé en diciembre para denominar ‘San Martín - Beato Enrique Shaw’ a la estación San Martín de la línea C".
Desde la oposición también hubo cuestionamientos. El legislador Claudio Ferreño, del bloque Fuerza por Buenos Aires, consideró que la propuesta difícilmente prospere y defendió particularmente el homenaje a los Mártires Palotinos.
“Creo que no va a prosperar ese proyecto. Más allá de destacar que el homenaje a los Mártires Palotinos tiene que ver directamente con el barrio donde está la estación de subte, toda la congregación católica estuvo de acuerdo. Hoy quien entra en la estación, además de acceder al subte, conoce la historia”, sostuvo.