Chau Misterix
El clásico de Mauricio Kartun es abordado por Virginia Lombardo con una dirección ágil, que mantiene el espíritu del original, con la frescura de actores jóvenes y de probada calidad.
El niño Rubén oculta su timidez detrás de su álter ego, Misterix, un famoso superhéroe de la época y, junto con sus amigos, recrearán las aventuras de este paladín de la justicia. Pero es en el pasaje de la imaginación a la realidad donde se aprecia no solo la exactitud en la dirección sino la versatilidad de los actores. Con una iluminación acorde y una escenografía que ubica la acción en tiempo y forma precisa, la puesta retomará el universo de los niños en sus distintos contextos, en relación con las amistades, los deseos y frustraciones así como con el próximo despertar sexual de los pequeños.
Misterix tendrá que vérselas con un eclipse que sacudirá el barrio, para después pasar a una siesta que se terminará con un baile en el club. Recordemos que Kartun escribió la obra en los 80, cuando el eclipse llevaba oscureciendo más de un barrio y la siesta de las personas de bien se mantenía en un contexto de violencias y rivalidades varias. Las mismas que mantenía Rubén con aquellos que lo burlaban tanto por su contextura física como en su forma de hablar o expresarse. Talo Silveyra es exacto para un Rubén/Misterix que encuentra en ese mundo de fantasía todas las herramientas para hacer frente a las carencias que la vida real (adulta y cruel) le tiene reservada. Ni hablar de su relación con el sexo opuesto en la que verá cómo su timidez es proporcional al deseo de tener en sus brazos a Miriam.
Chau Misterix vuelve, entonces, con una puesta fresca y agradable, en la que no se pierde nada de la excepcional pluma de Mauricio Kartun.