Publicado: 03/04/2009 UTC General Por: Redacción NU

Abril es el mes más cruel

Por Pablo E. Chacón
Abril es el mes más cruel
Redacción NU
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Son las tres de la mañana de un día de más cuarenta y ocho horas. Apenas miré los diarios y algo de televisión, un documental sobre Jacques Lacan y las imágenes, en silencio, de Raúl Ricardo Alfonsín, recordado, sonriendo, gritando, discutiendo; y las imágenes en vivo desde el Congreso, las de hace un rato, las de la tarde, las de la noche. La muerte del ex presidente no fue una sorpresa. La sorpresa produce temor, dice Lacan. La muerte de Alfonsín no llegó justo, no cumplió órdenes, no cayó en el mejor momento. ¿Existe un buen momento para la muerte, o el buen momento es para los que se aprovechan de la muerte? Porque hay quienes no hacen uso y podrían.

La cara de Dante Mario Caputo, el ex canciller de Alfonsín, escarnecido por no alineado, por tercermundista, por llegar a un acuerdo con los chilenos, por parentesco con Régis Debray, por exceso de cultura e inteligencia, era la prueba misma de la falta de oportunismo. Ese tipo lloraba, y esas lágrimas no eran de cocodrilo. Alfonsín era su amigo. Caputo lloraba a su amigo, no a un botín de guerra. Caputo, creo, jamás comulgó con las mediaciones de la sociedad del espectáculo. Caputo usó esas mediaciones sólo cuando hizo falta. Los tiempos eran los suyos. Caputo fue el Indio Solari del alfonsinismo. No lloraba el tiempo bueno que nunca volverá. Impresionó verlo. A mí me impresionó verlo. En el nervio del alfonsinismo siempre latió la vena socialdemócrata de Caputo. La vena sueca de la socialdemocracia. Los modos de Caputo, más que los de Alfonsín, y toco de oído, eran los que dicen sí para hacer lo que quería o lo que creía querer. Ignoro cómo conoció a Alfonsín. Los panegíricos no conocen la letra chica, y quienes la conocen dan vuelta la cara. Esos monjes negros no pueden faltar en ningún gobierno, universidad, ONG, medio de masas, fuerza de seguridad.. Pero lejos de acá, por favor: suficiente.

Caputo era el futuro del alfonsinismo. El resto es la jerga, el ritual y los códices leguleyos, el tres por ciento de los votos. No sé qué hará Caputo ahora. Escribir papers para universidades, eso lo conoce bien. Y algo más, seguro. Algo interesante quizá. Cobos, no creo. Pero tal vez me equivoco. Nunca fui radical, nunca milité, mi familia es un combo de radicales y socialistas (con fugas fugaces a la ultraizquierda y a un sector del montonerismo mejicano). Yo voté dos veces, creo. A Chacho Alvarez las dos, en la interna y para vice. A Kirchner lo voto en junio, sin dudarlo. ¿Estaré equivocado? Prueben lo contrario, sin tópicos ni lugares comunes de doctrina centenaria. Entretanto, hablo con los de menos de veinticinco, menos incluso. No crecieron con Menem, no soportan el ecumenismo de los contratos morales. No soportan el cinismo panfletario del ochentoso que no robó ni se drogó. El setentismo tampoco, pero sospechan que entonces algo, con suerte, pudo pasar, y que el obstáculo mayor quizá haya sido la falta de flexibilidad. Y que el otro obstáculo está en los empleados que hoy son jefes por prepotencia de apellido y defección de ideas, asociados a la víbora enroscada en los escalones de las parroquias que apestan a pederasta y en las iglesias laicas pobladas de reventados que perdieron la carrera contra nada pero hicieron carrera pisando cabezas entre contadores del Florida Garden. A esas tribus, Alfonsín no perteneció. En este país, eso sobra para lamentar que se haya ido, y más si se intuye que a los inquisidores no se los liquida sólo con buenas intenciones.

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