"La transparencia en las elecciones es un mandato popular"
Al persistir en desconectar elecciones y realidades nacionales, de sus correspondientes del ámbito local, el Jefe de Gobierno (Mauricio Macri) cumple y acierta.
Tanto oficialismo como oposición, acudieron a la convocatoria electoral del 2007 -y otros también- con el compromiso de mayor transparencia, civismo y contra las ?listas-sábana?; tomando el criterio popular que resume el repudio a prácticas aviesas y mecanismos oscuros del sistema electoral, y de culturas políticas que se debe dejar atrás.
Si bien se explora nuevos mecanismos como la boleta única, el voto electrónico, etc., que sin lugar a dudas nos llevarán a gozar de mayores calidades de las cuestiones procedimentales del acto electoral, cuestiones esenciales, la forma en que se elige a los representantes sigue siendo materia de debate.
La gente se viene pronunciando en los últimos años contra este tipo de listas, y lo que los dirigentes debemos hacer es detectar las tendencias, las corrientes profundas de la historia, y darles una adecuada canalización normativa. No obstante, hasta aquí, redefinir un mejor sistema al de la ?sábana?, ha sido una tarea ímproba.
Listas ?sábana?.
Se puede aproximar un criterio que destrabe la encrucijada, hoy, de la dirigencia porteña: hay dos clases de ?sábana?. Las verticales y las horizontales.
Las primeras designan a uno de los sistemas electorales, que adoptan y poseen muchos países, y que en la Argentina rige desde el ?63, con el antecedente de las de constituyentes de 1957. Es el de representación proporcional, en el que el ciudadano debe optar entre listas completas integradas por tantos nombres como cargos a cubrir en esa categoría. Tiene, como todo régimen electoral, sus virtudes y sus defectos, y fue un avance a los sistemas de mayoría agravada, en donde no se reflejaba la presencia de las minorías en los cuerpos legislativos, promediando el siglo pasado.
Excede el objeto de estas líneas, pero es posible adelantar que es posible morigerar este sistema en la Ciudad, combinándolo con otro que admita las elecciones de carácter territorial, destinadas a personalizar más el sufragio, sin desnaturalizar el principio de representación proporcional, exigido por la Constitución de la Ciudad. En mi mandato de Diputado, hube de presentar un proyecto de ley en tal sentido. No obstante, que el problema tiene cierta complejidad, en tanto se requiere satisfacer demandas contradictorias, como las de personalizar el voto y mantener, una representación pluralista.
Resolver la sábana horizontal es muy fácil. Sólo se necesita la voluntad política de hacerlo. ¿Qué es la sábana horizontal? La unión de distintas elecciones en una fecha determinada, que se materializa en una boleta ancha, con diferentes secciones. Por ejemplo, si en marzo en la Ciudad se eligiera al Presidente y Vicepresidente de la Nación, a los diputados nacionales, eventuales senadores, al Jefe de Gobierno, legisladores locales y autoridades de las comunas.
En esta situación, existe el efecto ?arrastre?, por el cual la elección de la fórmula presidencial tracciona a las otras secciones de la boleta. En tal caso, en vez de primar con claridad las condiciones locales del candidato a administrar la Comuna de Balvanera -o de su fuerza política-, el ciudadano de ese barrio habrá de sucumbir a la abrumadora propaganda política del ?aparato? de la fórmula presidencial conocida que ?cobija? a ese candidato comunal.
Realidades distintas, requerirán reflexiones distintas.
Por ello, es necesario sostener que cualquier fecha es conveniente mientras se respete el criterio de la Ley 875 ?de la cual fui promotor- en donde se fija que el acto electoral local debe realizarse separadamente de los de índole nacional.
La actual conformación de la ingeniería de las campañas electorales nacionales, considera a los ciudadanos como una audiencia que por saturación, termina decidiendo su voto. Y se ha generado los medios para eludir la legislación sobre limitaciones de los tiempos de campaña. Tanto como al ciudadano le es quimérico no fijar la atención sobre la agresiva oferta publicitaria electoral nacional -de niveles financieros billonarios, y hasta con intereses mafiosos- es ingenuo pensar que las comunas, en tales supuestos, impondrían en tal campaña su agenda de color local.
La 875, entonces, se constituye como una ley de carácter institucional, cuyo propósito, también es la certidumbre. Pretendimos los legisladores con ella que no se manipulen las elecciones de acuerdo a las conveniencias del momento; y pretendemos los ciudadanos que sus términos queden firmes, dando fortaleza y salud a la conducta cívica de los ciudadanos de Buenos Aires.
Economía de recursos.
Hay quienes sostienen que las elecciones unidas son preferibles, porque cuestan menos. Es un argumento de una estrechez conceptual asombrosa. Si bien puede haber alguna ventaja económica en este caso, ella es enormemente menor a las indudables ventajas de toda índole ?incluidas económicas a mediano y largo plazo- que se obtiene por el hecho de que los ciudadanos sepan realmente qué, a quiénes, y cómo se vota. Este conocimiento es, en definitiva, lo que da sentido a la democracia, y es inadmisible que se pretenda desvirtuarlo con razones de tenedores de libros. Reitero: la información, en el acto electoral, es un pilar de la democracia.
A tal criterio, le reconozco su inflexión, en las actuales condiciones de la Ciudad, para los asuntos su administración, adecuados por su escala, cuando el fin de la economía de recursos es consistentemente más gravitante, en realidades jurídico-administrativas coherentes.
La ruptura de la ?sábana? horizontal entre categorías nacionales y locales debe ser criterio irrevocable; y sí pienso, poder permitirse, en reflexión plural y abierta, criterios más laxos por parte de nuestros legisladores, sobre la ?sábana? horizontal de categorías locales.
* Ex legislador porteño.