El 34% de la riqueza en pocas manos: cómo consume la nueva élite social
Un reciente informe privado reveló una radiografía de la nueva pirámide social argentina, en la que un segmento reducido de la población concentra una porción significativa de los recursos. Según el estudio, el 6% más rico -unas 2,8 millones de personas distribuidas en alrededor de 800 mil hogares- acumula el 34% de la riqueza del país, consolidando una fuerte desigualdad estructural.
Dentro de ese grupo, los niveles de ingresos muestran una marcada diferencia respecto del resto de la sociedad. El ingreso familiar promedio mensual ronda los USD 7.900, mientras que en la cúspide —el 1% más rico— asciende a unos USD 16.000 mensuales, lo que refleja una capacidad económica muy por encima de la media nacional.
El contraste con el resto de la sociedad es marcado. En la distribución por ingresos, el 10% más rico de los hogares concentra cerca del 29,5% del total de los ingresos, mientras que los deciles inferiores captan porciones considerablemente menores, reflejando una brecha estructural persistente.
Es espectacular el nuevo estudio de Moiguer en relación a la clase alta:
— Giuliana Iglesias (@Giulianabelenn1) May 4, 2026
- el 59% de los encuestados no ven mal a las personas con alto poder adquisitivo.
- el 66% de la clase alta prefiere experiencias, y el 31% objetos materiales.
- El 67% prefiere vivir en Argentina pic.twitter.com/9cmPdLvlZZ
A nivel agregado, el estrato superior (deciles 9 y 10) registra ingresos promedio que más que duplican a los sectores medios y multiplican varias veces los de los sectores bajos. Mientras los hogares de menores ingresos promedian poco más de $350.000 mensuales, los del segmento alto superan ampliamente los $2,4 millones, evidenciando una distancia económica creciente.
El comportamiento de consumo también refleja estas diferencias. El sector más acomodado destina una mayor proporción de sus ingresos a bienes durables, viajes internacionales y activos financieros, mientras que en los sectores medios y bajos el gasto se concentra en necesidades básicas, en un contexto donde la inflación sigue erosionando el poder adquisitivo.
En este escenario, la pirámide social argentina se presenta cada vez más fragmentada: una minoría con alta capacidad de ahorro, inversión y consumo sofisticado, frente a una mayoría que enfrenta restricciones crecientes. Los datos confirman que, más allá de los ciclos económicos, la desigualdad estructural sigue siendo uno de los rasgos centrales del sistema social argentino.