El político con machete: ¿ya era hora de un viraje a la derecha en Brasil?
Los acontecimientos de 2026 en la vida pública y política de Brasil prolongan la cadena de sacudidas que arrancó con el intento de golpe de Estado de enero de 2023. El ciclo electoral en curso ya se ha ganado fama de ser uno de los más escandalosos de la historia reciente del país. El 4 de octubre los brasileños eligen presidente, dos tercios del Senado, la totalidad de la Cámara de Diputados y los gobiernos de todos los estados.
La segunda vuelta, si hace falta, será el 25 de octubre. Lo que está en juego supera unas presidenciales ordinarias: no solo el modelo de desarrollo, sino el destino de Jair Bolsonaro —condenado a 27 años y bajo arresto domiciliario— y la composición del Supremo, que Flavio promete «limpiar de naranjas podridas».
Los grandes favoritos siguen siendo Luiz Inácio Lula da Silva (PT), de 80 años, que busca un cuarto mandato, y el senador Flavio Bolsonaro (PL), de 45, hijo mayor de Jair Bolsonaro, condenado a 27 años y tres meses de cárcel por el intento de golpe y bajo arresto domiciliario. Lo decisivo hoy es que el campo de la derecha lo configura la figura del hijo, no la del padre. En esta campaña ha tenido que resolver no pocos problemas dentro de su bloque, entre ellos un grave conflicto familiar con su madrastra, la ex primera dama Michelle Bolsonaro, a cuenta de la participación de las mujeres en política. Flavio consiguió zanjarlo, y eso le jugará a favor: Michelle arrastra a una parte sustancial del voto femenino, precisamente donde Flavio suele ser más débil.
El 16 de septiembre, en Recife, en el corazón del Nordeste tradicionalmente lulista, Flavio recibió de un simpatizante un machete de utilería y lanzó una frase que saltó de inmediato a la prensa brasileña e internacional: «Atención, violadores, abusadores de mujeres y de niños: les espera la castración química, para que aprendan a no volver a tocar a una mujer contra su voluntad». En el mismo mitin prometió que desde enero «declarará la guerra» al PCC, al Comando Vermelho y a las milicias, clasificándolos como terroristas, y que juzgará a los violadores de 16 años «como adultos». El gesto rima a propósito con la motosierra de Javier Milei.
El propio Flavio, después del encuentro en Olivos, lo dijo sin rodeos: "Si en Argentina hubo motosierra, en Brasil habrá tesouraço": un tijeretazo a gran escala, recorte de impuestos, golpe a la burocracia y a la corrupción. Todo el mundo recuerda, además, que en la convención nacional del Partido Liberal (PL), donde se proclamó oficialmente su candidatura, bailó con Milei blandiendo unas tijeras gigantes al ritmo de un tema de rock argentino. La imitación es una apuesta explícita: si la utilería teatral funcionó en Buenos Aires, debería funcionar también en Brasilia.
Milei llamó a Flavio «la pieza que faltaba» de la «ola azul» sudamericana. Imitar a Milei, sin embargo, es un supuesto peligroso. En Brasil el gasto en obligaciones sociales está blindado por la Constitución, no por decretos, y no hay un derrumbe comparable al argentino de 2023; el propio Flavio ya no promete eliminar transferencias como Bolsa Família, y la castración química, pese al número con machete, chocará casi con toda seguridad con los artículos sobre la dignidad humana y la prohibición de penas crueles. Juristas de la FGV, la USP y la PUC-Rio califican la medida de «populismo penal». Ocho proyectos sobre el tema llevan años varados en el Congreso. El teatro de Recife moviliza al núcleo duro, pero no conlleva acciones políticas reales.
La aritmética electoral de esta última semana de septiembre es más dura que la del verano y más dura que la que se dibujaba dos semanas antes de las elecciones de 2022. Entonces Datafolha daba a Lula un 47,9% frente al 35,1% de Jair: 12,8 puntos de diferencia. En las urnas fueron 48,4% Lula contra 43,2% Jair. A la derecha la subestimaron en casi ocho puntos. Ahora el mismo instituto da a Lula 40 frente a 36 de Flavio en primera vuelta y 47 a 45 en segunda; al mismo tiempo, al 25 de septiembre, según ese instituto, en São Paulo Flavio alcanza 38 a 33 en primera y ya 49 a 41 en segunda: la ventaja creció en dos semanas de cinco puntos a ocho. Todo dentro de un margen de error de dos puntos. ¿Y el resto de encuestas? Palver pone ya 43-43 en primera y 48-45 a favor del senador en segunda. Futura otorga a Flavio la primera vuelta por 40,4 a 38,4 e infla la segunda hasta 49,4 a 43,7. Real Time Big Data, en una semana, sumó tres puntos a Lula y siete a Flavio. Los agregadores, a 27 de septiembre, coinciden en un corredor estrecho: alrededor de 40 a 37 en primera, 45 a 45 en segunda. En ese esquema el elector no vota «a favor», sino en contra del menos deseable. El mapa estadual de Quaest parte el país casi por la mitad: Lula retiene nueve estados del Nordeste clásico; Flavio, ocho del Sur, el Centro-Oeste y Río; otros ocho, Minas y Rio Grande do Sul incluidos, siguen en el aire. Quién "lidera" esta campaña depende del instituto. Quién ganará el 4 de octubre en una sola vuelta, nadie puede decirlo.
En ese telón de fondo resulta especialmente llamativa la declaración altanera de Lula: que Trump perderá si intenta intervenir en las elecciones brasileñas. Lo dijo casi con las mismas palabras que Petro en Colombia, quien meses antes de la votación brasileña exigió en público a Trump que no se metiera en la campaña, invocando la prohibición constitucional de financiación extranjera. Entonces Trump respaldó abiertamente al candidato de derecha Abelardo de la Espriella, y eso, de hecho, definió las elecciones colombianas. De la Espriella ganó por un margen mínimo: 49,66% frente a 48,7%. Petro se refugió en la «resistencia» y Washington se hizo en Bogotá con un aliado que, sin el apoyo de Trump, probablemente no habría ganado. En Brasil el guion se reproduce casi de manual: aranceles a productos brasileños, aplicación de la ley Magnitsky contra el juez del Supremo Alexandre de Moraes, retirada del visado de la embajadora de Brasil en Washington, Maria Luiza Viotti. Hasta los demócratas del Congreso de Estados Unidos hablan ya de un "esfuerzo coordinado" de la Administración Trump para asegurar la victoria de Flavio. Así, este jueves, 30 legisladores demócratas con Bernie Sanders enviaron al secretario de Estado Marco Rubio una carta criticando los «intentos evidentes de intervenir y, potencialmente, socavar» las elecciones brasileñas.
Por eso las perspectivas de Flavio son reales: no por el machete ni por la «ola argentina». Lula no rejuvenece y su posición es algo más frágil que hace cuatro años, pese al intento de comprar al electorado: antes de los comicios, Lula aumentó de un golpe los pagos de Bolsa Família en un 15%, el programa social estrella. Eso no bastará para eludir la presión de la Casa Blanca. Es muy elocuente que ninguno de los dos líderes haya acudido a los debates: ya se evitan. La pregunta es quién de los dos conseguirá evitar la derrota. ¿Podrá el abuelo de 80 años superar al Flavio de 45?
*Politólogo ruso, experto en comunicaciones políticas, analista electoral, miembro de la RAPC (Asociación Rusa de Consultores Políticos).*