Expectativa en torno a YPF: la Justicia norteamericana frena el proceso
La disputa judicial por la expropiación de YPF sumó un nuevo capítulo en Estados Unidos: la Justicia decidió suspender el proceso de discovery, una instancia clave en la búsqueda de bienes del Estado argentino para eventuales embargos, mientras se espera una definición de fondo sobre la causa.
La medida representa un alivio parcial para la Argentina, que había cuestionado este mecanismo por considerarlo “intrusivo” y desproporcionado. El discovery es el proceso mediante el cual los demandantes solicitan información sobre activos del país para intentar cobrar la sentencia por la nacionalización de la petrolera.
El conflicto se origina en la estatización de YPF en 2012 y en el fallo de primera instancia que condenó al país a pagar unos US$16.100 millones a los fondos que adquirieron los derechos de litigio de antiguos accionistas. Esa sentencia fue apelada, y es justamente esa revisión la que ahora condiciona el avance de las medidas para ejecutar el cobro.
— Oficina del Presidente (@OPRArgentina) March 18, 2026
En ese contexto, la suspensión del discovery implica que, por el momento, se detiene la presión judicial para identificar activos embargables, como cuentas o reservas, incluyendo incluso pedidos de información sobre el oro del Banco Central. La decisión busca evitar que se avance en medidas que podrían volverse innecesarias si la apelación modifica el fallo original.
El respaldo del Departamento de Justicia de Estados Unidos al planteo argentino también resultó determinante, al considerar que los requerimientos de información podían afectar principios de soberanía y generar tensiones diplomáticas. Este apoyo fortaleció la estrategia legal del país en una causa de alto impacto económico e institucional.
Así, el proceso entra en una etapa de pausa clave: la atención se centra ahora en la resolución de la apelación, que definirá si la Argentina debe afrontar la millonaria condena o logra revertirla. Mientras tanto, el freno al discovery le otorga al Gobierno margen para reorganizar su defensa en uno de los litigios más costosos de su historia reciente.