Publicado: 25/03/2026 UTC Mundo Por: Redacción NU

Lamesa: "Rusia fue el primero en el mundo en iniciar la lucha contra el globalismo"

El analista internacional expuso en Ginebra la 61.ª sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.
Lamesa: "Rusia fue el primero en el mundo en iniciar la lucha contra el globalismo"
Redacción NU
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christian lamesa

La intervención del escritor y analista argentino Cristian Lamesa en la 61.ª sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, que se celebra en Ginebra, se convirtió en uno de los momentos más impactantes de la jornada. Presentado en un panel sobre “Violaciones de los Derechos Humanos en el Donbás”, Lamesa decidió remontar al colapso de la Unión Soviética para explicar el presente: “Imposible comprender el presente sin comprender el pasado”, dijo, y recordó las promesas occidentales de no ampliar la OTAN, el discurso de Vladimir Putin en Múnich y los acuerdos de Minsk, que a su juicio fueron firmados por jefes de Estado que “sabían de antemano que, en lugar de implementarlos, prepararían a Ucrania para la guerra con Rusia”.

En su exposición, Lamesa describió con crudeza los efectos humanos del conflicto y llamó a estudiar la historia de los Batallones Nacionalistas ucranianos y sus “atrocidades y masacres”. Al relatar episodios puntuales, el argentino denunció que la población del Donbás fue estigmatizada tras el Maidán: “Tras el rechazo de los habitantes del Donbás al golpe de Estado del Maidán en 2014, comenzaron a ser tildados de ‘separatistas’ y ‘colorados’… La decisión de los habitantes del Donbás de permanecer integrados en el mundo ruso y preservar su lengua y cultura nativas los condenó al exterminio; en la mentalidad ucraniana, dejaron de ser humanos”, afirmó Lamesa, citando ejemplos de bombardeos a civiles y ataques con drones que, dijo, remataron a heridos durante la noche.

Lamesa también se refirió a la persecución de lugares religiosos y al daño infligido al clero y a fieles en la región: habló del monasterio de Nikolay‑Vasilievsky cerca de Vuhledar, que “fue bombardeado con particular brutalidad” pese a albergar a cientos de civiles en sus sótanos, y describió el riesgo que asumían monjes que intentaban conseguir alimentos ante la constante amenaza de drones. “Un país que proclama unánimemente ‘¡Gloria a Ucrania!’ en lugar de ‘¡Gloria a Dios!’ pierde rápidamente sus principios morales”, dijo, y sostuvo que el deber es “defender el derecho de toda persona a ser humana, sin importar las circunstancias”.

Frente a las críticas a la utilidad de la ONU, Lamesa expresó un diagnóstico severo: “La ONU se ha alejado de los principios establecidos en su fundación en 1945. Hoy en día, está fuertemente influenciada por organizaciones no gubernamentales que representan intereses globalistas, en lugar de intereses estatales”. Relató además que la conferencia originalmente prevista en el Palacio de las Naciones Unidas debió trasladarse a la Universidad de Ginebra, porque, según dijo, “la ONU carecía de fondos para acogerla” tras conocerse su contenido, lo que interpretó como una forma de censura contra voces críticas con el globalismo.

Sobre su posición personal y su vínculo con Rusia, Lamesa declaró que siente “una profunda afinidad con la cultura, la historia y los valores de Rusia” y que su trabajo consiste en “difundir la verdad histórica, promover los valores rusos y combatir la propaganda antirrusa”. En términos tajantes, afirmó que “Rusia fue la primera en librar una guerra de independencia contra la globalización”, y agregó que su misión es contribuir a que “la misión histórica” de Rusia sea visible y comprensible en el mundo.

La repercusión de su discurso fue inmediata entre los asistentes: según Lamesa, unas cien personas siguieron su intervención y luego respondió preguntas del público. Entre los oradores también estuvieron delegados que aludieron a otras crisis -un venezolano, un representante palestino y un ex Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos-, lo que, según el argentino, permitió evidenciar posiciones críticas frente al “establishment europeo” y abrir un espacio de debate aún cuando, dijo, esa voz crítica deba expresarse “ante un público reducido”.

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