Los universitarios, en estado de asamblea y movilización
El financiamiento universitario es ley. Fue aprobado por el Congreso de la Nación, luego fue vetado por el Poder Ejecutivo nacional y después vuelto a ratificar por el Parlamento. Aun así, el gobierno no promulgó la normativa, argumentando que “no hay plata”, el viejo canto de guerra de Javier Milei.
Mientras tanto, en los más de cien claustros de estudios nacionales, los salarios están congelados para docentes y no docentes y la infraestructura continúa abandonada a la buena de Dios.
En octubre de 2024, los jóvenes lograron movilizar a más de un millón de personas para protestar por esta situación, una movida que tiene pocos antecedentes en la historia argentina.
El rector de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Ricardo Gelpi, dejó en claro que la negativa oficial a instrumentar el presupuesto pone en “estado crítico” el funcionamiento operativo y salarial de los centros académicos. Por su parte, el vicerrector, Emiliano Yacobitti exigió que el gobierno “cumpla rápidamente la ley”. Habló de la agonía de los profesores, que con sus sueldos “no llegan a mitad de mes”.
El apenas secretario de educación, Carlos Torrendell mencionó “gastos superfluos” y alegó falta de transparencia. Ni una palabra sobre los fastos de Adorni en Nueva York o en Punta del Este y, menos aún, sobre los casos de corrupción que analiza la justicia acerca del área de discapacidad, la cripto $Libra o los créditos para privilegiados del Banco Nación.
Los voceros oficiales también cuestionaron a los extranjeros que eligen formarse académicamente en la Argentina, como si fuesen residentes ilegales. Valga la ignorancia. Uno de los requisitos para la inscripción universitaria es la vigencia de sus documentos y la residencia en el país.
Entretanto, los distintos actores del sector programan paros para las próximas semanas y la organización de una nueva marcha federal para fin de mes o principios de mayo, además de haberse declarado en estado de asamblea permanente, por recordar una consigna que nunca pierde vigencia.
Joaquín Carvalho (Rosario), presidente de la Federación Universitaria Argentina), en diálogo con Noticias Urbanas, aseguró que “las herramientas son la unidad de todos los claustros” frente a “un gobierno negacionista”, que entre otras cuestiones ignora “el inicio de la batalla cultural” que se dio el último 24 de marzo, al conmemorarse el 50° aniversario del golpe de estado de 1976.
“El asunto es ejercer presión en la calle” frente al modelo del “ajuste fiscal, la falta de progreso económico, el hartazgo que se siente cada día más, el carácter regresivo de la reforma laboral y los trabajos precarios y los casos de corrupción que involucran a funcionarios del gobierno …” Sigue la lista.
Otro punto en el que puso énfasis el presidente de la FUA es “el nivel de violencia de las redes sociales, que complejizan la discusión”.
Tatiana Fernández Martí, del Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras y militante de izquierda, reveló que hay masivas renuncias de docentes, “cerca de 10 mil”, que se van al sector privado. “Directamente se van del país” o “se transforman en Uber”, denunció. La joven sostuvo que están construyendo una nueva gran movilización, en la que “uno de los temas que vamos a plantear es el rechazo al intento de privatizar las universidades”.
El peso de la historia es implacable. Cinco premios Nobel egresados de la universidad pública. Carlos Saavedra Lamas (de la Paz), Bernardo Houssay (Medicina), César Milstein (Medicina), Luis Federico Leloir (Química) y Adolfo Pérez Esquivel (de la Paz).
En 1918, desde Córdoba, nació la Reforma Universitaria, la primera en el continente. El manifiesto de los jóvenes estudiantes anticipaba el futuro de la educación, un futuro que hoy está en peligro. “La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio en los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa”. Mucho más y nada menos que el espíritu “latinoamericano y antiimperialista”.