Roger Waters, de la psicodelia al geriátrico
La gira del ex Pink Floyd Roger Waters llegó esta vez a la Argentina, al estadio de River: tocó dos veces, reunió una multitud de casi 100 mil personas, con un título de venta fácil, "El lado oscuro de la luna".
Ese es el nombre, en su orientación psicodélica, de uno de los mejores discos grabados en los 70. Después del retiro a cuarteles de invierno de su verdadero ideólogo, Syd Barrett (que falleció hace unos meses), la banda se recuperó y con esa placa alcanzó su cumbre artística y comercial.
Nada volvió a ser lo mismo hasta que dieron otro golpe con el doble "The Wall". El trabajo de Waters era más notorio, en la música y en las letras, de un pesimismo afectado pero eficaz para un momento histórico que empezaba a ponerse cada vez hostil.
El disco (y la película de Alan Parker) narraba una suerte de biografía generacional que no se ahorraba nada, y que terminaba con escenas de masas serviles, disciplinadas y obedientes, la transición del estado de bienestar al estado terapéutico.
El dinero, la comodidad y la fama provocan obesidad, y peleas. Pink Floyd se separó. En rigor, Waters abandonó el grupo que siguió -en medio de peleas por derechos y propiedades- presentándose en escenarios cada vez más suntuosos y masivos. Los años también convirtieron a Waters en una caricatura.
Nomás pisar suelo patrio insultó a sus compatriotas, los trató de "asquerosos" por el affaire Malvinas/Falklands, lo que quedó perfecto a 25 años de la chirinada. Es difícil criticar al demagogo.
Anoche, Waters subió al escenario alrededor de las diez, todo vstido de negro, y saludando con un "Gracias, bienvenidos", en castellano, por supuesto.
Así, fueron sonando "In The Flesh", "Mother", "Wish you were here" y "Sheep", con cerdo inflable y flotante, firmado por notables de la cultura(de la contracultura) local.
Acaso haya sido su interpretación de "Set the Controls for the Heart of the Sun" ("Prepara los controles para el corazón del sol"), de "A Saucerfull of Secrets" ("Un plato lleno de secretos"), compuesto por Syd Barrett, cuando brilló algo de aquel diamante loco, representante de una época lapidada para siempre.