Publicado: 23/01/2011 UTC General Por: Redacción NU

La Constitución porteña, quince años después

"Es muy difícil –confrontando y viendo quién saca ventaja, aunque sea por Twitter– construir espacios comunes para resolver problemas. Pero difícil no quiere decir imposible". *
La Constitución porteña, quince años después
Redacción NU
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Al menos una vez por quinquenio debiéramos hacer un balance de los progresos ?o retrocesos? en la construcción de las instituciones de nuestra Ciudad.

No olvidemos que en 1996 ?año de la Convención Constituyente porteña? el debate sobre la autonomía tuvo dos posiciones doctrinarias: una sostenía que la reforma de la Constitución Nacional del 94 había consagrado la total autonomía porteña y que era la denominada Ley Cafiero la culpable de cercenarla al amputarle atribuciones.

Otra postura, más realista, afirmaba que la autonomía era una vocación compartida por los porteños pero resistida desde el sistema federal, por lo que habría que construirla progresivamente ?y no declararla unilateralmente?. Desde esa perspectiva, la Ley Cafiero era un primer paso negociado para ir haciéndola posible.

Como la única verdad es la realidad, al poco tiempo se evidenció que la propuesta constructivista era la única viable. Y la mágica ?Declaración de la Independencia? de quienes entonces eran mayoría, no pasó de las palabras, como tantas otras veces.

Al ser unánime la vocación autonómica y quedar ?por la fuerza de lo real? tácitamente acordada su necesaria progresividad, el único debate hoy es acerca de oportunidades, instrumentos, modo y formas legales para que se desarrolle y crezca. Incluso hasta se logró una modificación parcial de la Ley 24.588 (Ley Cafiero) para posibilitar la creación de la fuerza policial local y la transferencia de competencias penales por la vía de convenios Ciudad-Nación.

Sin embargo, cada tanto, algún diablo politiquero mete la cola y resucita la vieja cultura de la antinomia. Como si fuera unitarios-federales, últimamente se recicló en ?derecha e izquierda? aunque nunca quede claro qué y quiénes caben bajo esas dos etiquetas de cuando Ñaupa era chiquito.

Mientras tanto, muchos queremos seguir trabajando por una construcción sin prisa y sin pausa sobre las instituciones de la Ciudad. Y de puros atrevidos, además querríamos hacerlo con mirada metropolitana y de derechos humanos.

Justicia, seguridad, contaminación, desplazamientos poblacionales y vivienda, transportes y otros muchos y variados temas requieren menos palabrerío progre con ping-pong de culpas, y sí, en cambio, mucho trabajo cotidiano y flexibilidad para elaborar acuerdos políticos, jurídicos y técnicos, que abran un abordaje racional y conjunto de los problemas sociales, ambientales y culturales compartidos, con perspectiva de hoy y de mañana.

El reciente ?y lamentable? episodio del parque Indoamericano mostró lo peor del sistema plurijurisdiccional: confrontación por arriba, y las víctimas por abajo. Muertos y papelón político compartido. Sólo digno de rescate el golpe de timón presidencial ?necesario y valiente? interviniendo la estructura de la Federal (¡por fin!).

Es muy difícil ?confrontando y viendo quien saca ventaja aunque sea por Twitter? construir espacios comunes para resolver problemas. Pero difícil no quiere decir imposible: entre las cúpulas pendientes de las encuestas y las bases manipuladas por punteros hay una ancha franja de cuadros con gestión en el Estado o en organizaciones del pueblo que mantienen vigente la utopía de protagonizar el cambio hacia un país mejor con una ciudad capital mejor y un conurbano mejor.

Hay muchos cuadros activos preocupados por la salud de los más vulnerables, por sostener los comedores, la ayuda escolar, la integración de los sectores sociales, la seguridad de los derechos de todos. Allí está el aire fresco para no caer intoxicado por pacos, polis deshonestos, punteros corruptos o politiquería clientelista.

En esa ancha franja está la tierra fértil para la construcción de redes, caminos por los que transiten funcionarios de una y otra jurisdicción para resolver los problemas de la gente; jóvenes profesionales, docentes o referentes comunitarios que aportan su esfuerzo ajenos al debate mediático.

Desde esa franja, también, se va fertilizando la buena política, para que no decaiga el espíritu de la construcción colectiva. Desde la utopía de la construcción no se pierde tiempo en buscar los piojos en la cabeza ajena para exhibirlos como si eso cambiara el estado del propio pelo. Desde esa utopía, se retoman banderas que no han desaparecido.

* Defensora del Pueblo de la Ciudad.

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