Publicado: 17/10/2008 UTC General Por: Redacción NU

Un barrio agitado, Versalles

Los robos a mano armada a los comercios como a los transeúntes poco acaudalados se repiten en el tranquilo y pequeño barrio de Versalles. NOTICIAS URBANAS estuvo en la marcha que rodeó a la comisaría 44 y exigió la renuncia de su titular.
Un barrio agitado, Versalles
Redacción NU
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Dos hombres en una moto se acercan. Uno de ellos baja y desenvuelve una pistola para apuntar a una mujer menuda de 29 años. Ella había bajado del colectivo 47 luego de trabajar en un local de ropa, que no es su propiedad, en el shopping de Villa del Parque. Lo que impidió la apropiación de dinero fue la falta del vil metal, y no por la efectividad policial con sede a tres cuadras, sobre Manuel Porcel de Peralta al 700, entre las calles Arregui y Lascano.

Dos hombres caminan con las pistolas metalizadas por el pasaje Fernando Fader y Manuel Porcel de Peralta. Es una escena semejante al lejano oeste norteamericano. Uno de esas maquinas que escupen plomo apuntó a la cabeza de una adolescente y la convierte en víctima de la inseguridad a tan solo dos cuadras de la comisaría 44 y ausentes hasta cuarenta minutos después de producido el asalto a esa chica y su grupo de amigos.

Las dos mujeres asaltadas estuvieron presentes este jueves en la marcha que rodeó la nombrada comisaría como impulso al asesinato del carnicero y vecino Abel Rossi. Sus gritos de corrupción policial y complicidad con el crimen se mezclaron con las consignas de renuncia del comisario Pedace y de muerte a los delincuentes.

Sin una organización que dirigiera la protesta todo se mantenía a puros aplausos, cánticos e insultos. En un momento una comisión de maduros vecinos, sin representación más que la de estar cercanos a los diferentes comisarios, ingresó a la sede policial. También se mandaron otros vecinos que querían participar pero se los rechazó.

A los minutos sale el comisario Pedace y los oficiales para hablar ante los medios de comunicación, no así a la población que trataba de enterarse de lo que sucedía y que sólo escuchaban los más cercanos al centro de la escena, quienes a los gritos cuestionaban el actuar de la Federal en el pequeño y tranquilo barrio.

Un oficial, no el comisario, expresó que se iba a poner presencia policial en las principales esquinas del barrio y pidió a los vecinos que se acercaran a las reuniones de los jueves en la comisaría.

Al mejor estilo Luis Abelardo Patti se justificaron los funcionarios policiales diciendo que tienen "las manos atadas y que la justicia libera a los delincuentes".

Cansados y sin ninguna propuesta de continuidad en la acción vecinal poco a poco retornaron a la rutina de sus casas; un tanto cambiados, por la marcha más numerosa que se produjo en Versalles, cerca de un millar de personas.

"A mi no me van hacer callar. Los conozco a todos. Ustedes son los mismos que extorsionaron a mi amigo. Ahora ninguno se acuerda del comisario Fensore, ahora que Aníbal Fernández lo ascendió después de procesarlo la justicia", le gritaba Omar, un grandote morocho, comerciante de Liniers que relató a los vecinos presentes como fue la historia de un comerciante extorsionado en la comisaría cuestionada.

El periodista Rodolfo Palacios, a través del Diario Crítica, informó la extorsión de los funcionarios policiales de Versalles. El comerciante de Liniers Juan Darío Pascualín denunció que el 26 de diciembre de 2006 lo obligaron a subir a un patrullero, lo llevaron a la comisaría 44ª y lo liberaron a las ocho horas y después de pagar 16 mil pesos. La acusación de extorsión y privación ilegítima de la libertad pesa sobre el ex comisario en el barrio hoy a cargo de siete comisarias. El procesamiento se mantuvo firme luego de pasar a la Cámara de Apelaciones y el próximo paso es que la causa pasa a juicio oral.

"Los saunas, las casas de 400 mil dólares para las hijas, las camionetas cuatro por cuatro es la vida de los federales. Y lo sé muy bien", gritó devuelta Omar mientras un policía de civil se sumaba a la ronda de vecinos con un grabador en el bolsillo y desde adentro de la comisaría filmaban a los pocos que habían quedado reclamando.

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