Publicado: 04/03/2012 UTC General Por: Redacción NU

Tan cerca, tan lejos

A metros del Paseo Alcorta se erige el único jardín de infantes de la Villa 31 Bis, que subsiste con un magro aporte estatal pero, sobre todo, por la ayuda privada.
Tan cerca, tan lejos
Redacción NU
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El último martes Noticias Urbanas llegó a la Villa 31 Bis, en las cercanías del antiguo Barrio Saldías, en el que muchos años atrás el padre Carlos Mugica ejerció su apostolado con una firmeza tal que le costó la vida. De todos modos, en tiempos de Mugica no existían ni la Villa 31 ni la 31 Bis, que fueron rebautizadas así después del huracán de Osvaldo Cacciatore, que alguna vez hasta intentó erradicarlas a topadorazo limpio. Sus pobladores, de todos modos, prefieren que se llame Barrio Güemes a este, su hábitat, dejando de lado extrañas nomenclaturas. Pero hasta ahora no fueron escuchados.

En este mundo descarnadamente real, la línea de flotación está siempre demasiado cerca del desborde. La cita fue en la calle Salguero, a las puertas del shopping Paseo Alcorta, a las 9.30, para partir desde allí hacia el acto de apertura del ciclo escolar 2012 del jardín de infantes Sueños Bajitos, el único de la Villa 31 Bis.

El lujoso centro comercial está muy cerca de la entrada a la villa y una vez más el cronista se siente obligado a destacar la enorme contradicción que existe entre el mundo que deja atrás y aquel en el que está ingresando. Sueños Bajitos queda allí, a unas pocas cuadras del glamour, demasiado cerca y a la vez demasiado lejos de Patio Bullrich, de las casas lujosas de Barrio Parque y de la afrancesada avenida Figueroa Alcorta. De todos modos, a pesar de albergar a los hijos de los trabajadores que viven en la Villa 31 Bis, el establecimiento recibe una módica ayuda estatal, que es muy útil, pero que debería ser mucho mayor.

Es por esta situación que necesitan de la ayuda privada para sobrevivir. Hasta ahora siguen adelante gracias a la asistencia de los socios de Detrás de Todo, la cooperadora que formaron para lanzar el jardín, que aportan una cuota que va desde los 50 a los 100 pesos por mes y por empresas como Masisa, Allianz y la Red Solidaria del Banco Ciudad, entre otros. También invirtió en el lugar ?y en el futuro? Adolfo Neufeld, un cordobés que vivió muchos años en los Estados Unidos y que volvió al país hace unos pocos años.

De las arcas del Ministerio de Educación porteño sale el dinero para pagar los salarios de los docentes, pero los materiales didácticos y el mantenimiento están a cargo de la asociación civil Detrás de Todo. Este nombre es una pertinente alegoría, porque el jardín está ubicado al final de la villa, pegado a las vías, a los galpones y a los depósitos fiscales, a unas pocas cuadras de la calle Salguero, donde empieza otro mundo.

El Ministerio de Desarrollo Social de la Nación entregó hasta ahora comida para la fiesta de Navidad y sus funcionarios prometieron seguir aportando una ayuda alimentaria que aún no fue precisada. En cuanto a sus pares del ministerio porteño, Javier Luzuriaga, director de Sueños Bajitos, relató: ?Aún no pudimos hablar con ellos este año?. Les van a pedir que aporten las viandas para los chicos, que son tres por día, ya que el jardín es de jornada completa.

Sueños Bajitos arrancó en octubre de 2011 con 22 chicos, en un terreno cedido en forma solidaria por Graciela ?a menudo no existen los apellidos en la villa?, que durante diez años estuvo por construir allí su casa, hasta que terminó por entregar el predio para construir el jardín.

Este año, cuando se abrió la inscripción, en unos pocos días se triplicó la matrícula de chicos, que llegaron a 65. Para albergarlos, se construyó el primer piso y una terraza, que se suma al local de la planta baja, donde funcionó el último año.
El director habló en su alocución de ?alegría, servicio, solidaridad y compromiso? cuando se refirió a la actitud del cuerpo docente y no paró de agradecer a los que aportaron su ayuda para que las obras siguieran adelante.

Los chicos, entretanto, sujetos de esta historia, pero ignorantes de las tensiones que se generan a su alrededor, jugaban y cantaban, ajenos a la solemnidad del momento. Momentos más tarde, tres pequeños encabezaron la ceremonia, entrando en el salón de actos portando una minibandera argentina, en homenaje a los 200 años de su primer izamiento en Rosario. Mientras tanto, en los parlantes sonaba la voz de Fabiana Cantilo cantando ?Saludo a la bandera?.

Después, Luzuriaga relató, en diálogo con NU: ?Nos prometieron la entrega de un terreno para levantar una escuela primaria, cuando se vaya uno de los depósitos fiscales. Esperamos que se concrete?.

Existe gente solidaria que ayudó y seguirá ayudando para que este emprendimiento siga existiendo y eso es muy bueno. Pero esto sólo desnuda la escasa participación del Estado porteño, que estuvo hasta ahora limitada al pago de los salarios docentes y muy poco más. La única manera de que este proyecto siga adelante es que se involucren muchísimo más, tanto el Ministerio de Educación como el de Desarrollo Social, porque no existe otra posibilidad para que siga existiendo un centro educativo en medio de una villa ni en ningún otro lugar similar. La capacidad financiera de los humildes no permite suponer que Sueños Bajitos pueda prosperar sin la presencia del Estado.

Finalmente, a pesar de la satisfacción que hemos presenciado, abandonamos la Villa 31 Bis con un sabor amargo, recordando aquel pedido del padre Mugica: ?Señor, quiero estar con ellos a la hora de la luz?. Un deseo que ojalá se concrete.

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