La casa está en orden
El Jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, dio una muestra inequívoca de responsabilidad democrática. ?Estoy comprometido con la defensa de la democracia. Señores gendarmes y prefectos: vuelvan a sus casas, porque no pueden tomar las calles?, manifestó en una conferencia de prensa. No fue la única acción. El presidente del bloque Pro en la Cámara baja, el diputado Federico Pinedo, apoyó con su firma una declaración multisectorial de respaldo a la administración de Cristina Fernández de Kirchner en un momento político delicadísimo. Fue un acto de generosidad que tuvo toda la oposición con el kirchnerismo, que contrastó con el egocentrismo oficial. Una reacción cívica ante la embestida de sectores antidemocráticos que operaron detrás del legítimo reclamo de personal de Prefectura, Gendarmería, policías y hasta militares, quienes encontraron que sus magros sueldos eran confiscados por una mano invisible y brutal.
En este solo episodio se derribaron varios mitos. Que a la Presidenta solo le alcanzaba con el kirchnerismo duro para disciplinar la política: el oficialismo, tanto en Diputados como en el Senado, recurrió a la oposición para fortalecerse frente al desafío planteado por inorgánicos representantes de los uniformados.
Que el Gobierno nacional tenía controlado el aparato del Estado hasta el detalle: la supuesta infalibilidad del secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini, para los decretos, leyes y resoluciones con impacto político cayó con el decreto 1.307 de eliminación de adicionales, causa del desastre. Que Sergio Berni tenía el don de mando absoluto en las fuerzas de seguridad: el secretario de Seguridad intentó negociar en las primeras horas con los manifestantes, pero terminó desautorizado por lo más alto del Gobierno y fue hecho a un lado. Que los uniformados federales no realizaban reclamos gremiales: las fuerzas de seguridad nunca realizaron medidas de fuerza en democracia.
Los prefectos, gendarmes y policías habían sido espectadores de otras asonadas militares y actuaron en varias oportunidades en defensa del Estado de Derecho. Hasta esta semana.
El inesperado conflicto puso a prueba la red de alianzas del kirchnerismo y mostró debilidades propias de un proyecto político con señales de fatiga. Ocurre después del traspié que Cristina Fernández de Kirchner tuvo en Estados Unidos, donde mostró casi nulos reflejos políticos frente a entusiastas estudiantes de las universidades de Georgetown y Harvard, y donde también dinamitó uno de los baluartes de su política exterior e interior: la defensa de los derechos humanos. Tanto la AMIA como la DAIA ?dos instituciones hasta ahora aliadas de la Casa Rosada? repudiaron el diálogo con el presidente del régimen iraní, Mahmoud Ahmadinejad, habitual negador del Holocausto
y promotor de la aniquilación del Estado de Israel, y quedaron al borde de la ruptura. En Nueva York también quedó enterrado el último valor que aún tenía la Argentina para Estados Unidos, al compartir ambos el mismo adversario internacional. Fueron disparos que el oficialismo se dio en los pies cuando se encontraba en preparación para la madre de todas las batallas, que tiene como fecha el 7 de diciembre.
En abril último se cumplieron 25 años de ?La casa está en orden?. Fue una frase pronunciada por Raúl Alfonsín en medio de una asonada militar que hizo tambalear la precaria democracia. Fue dicha en el marco de una protesta liderada por el entonces teniente coronel Aldo Rico (que casualmente esta semana volvió a hablar, como si en el medio nada hubiera pasado) luego de haber encontrado un supuesto acuerdo. Las palabras fueron pronunciadas por el entonces presidente en el balcón de la Casa Rosada. Estaba con Antonio Cafiero, el hombre fuerte del peronismo, y con la primera línea de la política, el sindicalismo y el ?poder?. Fue un apoyo que recibió en un momento de debilidad. Meses después perdió la elección ante el mismo peronismo que lo apoyó. El miércoles último la oposición también firmó un respaldo cerrado, inequívoco y unánime. No faltaron representantes de Macri, como tampoco de Elisa Carrió, de Hermes Binner y del peronismo opositor. Habrá que ver si la historia no se repite ?como le gusta decir a la Presidenta? como farsa.