El diagnóstico como operación
Hospital Borda. Hace hace poco más de un mes. El doctor Sergio Strejilevich, jefe del programa de trastornos bipolares del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, da una charla sobre su especialidad, ayudado por una presentación en power point, y auspiciado ?lo acompaña su personal? por un laboratorio que lleva el nombre del coronel químico que lo fundó en el siglo XIX en el Medio Oeste norteamericano, Eli Lilly, fabricante del Prozac, antidepresivo muy de moda durante de los noventa. Sobre el fin de su exposición, el médico elogia a otro antidepresivo, fabricado por la misma casa en base a la droga olanzapina, cuyo nombre comercial es Zypresa. En la pantalla aparecen Winston Churchill, Hitler? y Néstor Kirchner. Mientras, Strejilevich dice, repite y reitera que el ex Presidente es un claro ejemplo, casi insuperable, de manía y psicopatía, el rostro de Kirchner ocupa toda la pantalla.
Complejo La Plaza. El 28 de noviembre pasado se celebraron las jornadas Intramed (un conocido portal de acceso gratuito para médicos) en el Paseo La Plaza. La médica psiquiatra Andrea López Mato habla sobre "Las enfermedades psiquiátricas del futuro". Dice y repite que la Presidente es "bipolar".
Biblioteca Nacional. El sábado pasado, en el tercer piso, se celebró una de las habituales asambleas quincenales de Carta Abierta, el foro de intelectuales conformado para defender al Gobierno nacional de los embates destituyentes de la Mesa de Enlace agropecuaria, los grandes multimedios y sus aliados en las sombras. Langer es el jefe de su comisión de Salud Pública y con voz clara y vibrante denuncia lo que a su juicio es un claro complot en marcha.
Respecto de la primera escena, de la que fue testigo presencial, Langer dijo que el auditorio, "compuesto sobre todo por jóvenes residentes y concurrentes psiquiatras y psicólogos, quedó paralizado", y que Strejilevich, sin dar explicación ni fundamentos de su diagnóstico, dio por terminada su exposición y se marchó. Respecto de la segunda, leyó el e-mail que le envió una colega, Susana R., que narró cómo las invectivas de López Mato fueron aplaudidas y festejadas ruidosamente por parte del público (en su mayoría, médicos), mientras otra permanecía en un helado silencio. La médica aseguró haber reprochado públicamente a López Mato "su falta total de ética y abuso de micrófono", al "andar haciendo diagnósticos sin que se los hayan solicitado", pero que López Mato le respondió "muy prepotentemente" que se hacía "cargo de sus palabras".
Uno de los asistentes a la reunión de Carta Abierta fue este periodista. Que conocía de antemano pormenores acerca de cómo se gestó la tapa del semanario Noticias del 20 de noviembre de 2006 que echó a rodar la bola de una supuesta bipolaridad de Cristina Fernández. En aquella nota, supuestamente producto de "dos meses de investigación", aseguró que "según su entorno, (Cristina) estaría en tratamiento psiquiátrico" a causa de sus "repentinas ausencias y cambios de ánimo", propios del "trastorno bipolar o psicosis maníaco depresiva, como se lo definía antes", síndrome que, aseguraba, "afecta a cuatro de cada cien argentinos", entre ellas a la senadora y candidata a Presidente, "información" que se le atribuía a "fuentes médicas cercanas a la senadora".
"No se trata de una intromisión en la vida privada de la Primera Dama, sino de un dato que debería ser público por su condición de legisladora y candidata presidencial", agregaba la nota.
Después, hubo otra nota. Antes y después de que la candidata del oficialismo ganara holgadamente las elecciones y se convirtiera en Presidente.
La doctora López Mato se jacta de encabezar en la Argentina una nueva rama de la medicina, la psicoinmunoneuroendocrinología, acaso aprovechando su matrimonio con un médico oftalmólogo y endocrinólogo, Omar López Mato, autor también de libros inclasificables como "Ciudad de los ángeles", "Males de artistas", "Trayectos póstumos", que tratan sobre monstruos, vampiros, cadáveres revinientes, cementerios y mitos urbanos.
Respecto a las campañas de rumores lanzadas desde el poder, Langer comentó que los miembros de la comunidad "psi" suelen detectarlas gracias a esa humana necesidad de contarle al terapeuta, como antes al confesor, las cosas en las que uno se ve envuelto sin estar de acuerdo, o que hace aún sabiendo de que no están bien, o que están decididamente mal. La última, lanzada "desde la cúspide misma del Gobierno de la Ciudad" tendría como objetivo, según Langer, al "doctor Donato Spaccavento" (director del Hospital Argerich al que Macri echó sin explicitar motivos y al que la Justicia repuso en su cargo, poniéndole custodia policial para que nadie pueda removerlo por la fuerza). "La derecha está dispuesta a todo y no reconoce ningún límite", apostilla. Hablamos pues de campañas de rumores. De lo que los especialistas llaman "propaganda negra".
"Me parece abominable que la doctora Andrea López Mato categorice y 'diagnostique' impunemente a la Presidente de la Nación con la jerga laboratoril que usan los profesionales que trabajan solapadamente para estos pulpos que mercantilizan la medicina. laboran y comercializan", dice Langer. "Es una jerga de moda. Como 'trastorno bipolar', una denominación que los organismos médicos de Estados Unidos han puesto de moda e incorporado como síndrome al DSM IV, el manual que la Organización Mundial de la Salud (OMS) utiliza para distinguir síntomas y síndromes y así diagnosticar diagnosticar y psiquiatrizar a quienes consultan o sufren afecciones de la personalidad severas o leves".
Lo que implica que se ha vuelto obligatoria. Esta moda encuentra en el trastorno bipolar y en el TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo) dos de los máximos exponentes en que se incluyen pacientes a ser diagnosticados, del mismo modo en que se ha vuelto una moda diagnosticar y medicar niños por un supuesto déficit de atención.
Dice Langer que la negativa del doctor Strejilevich a fundamentar su descalificación disfrazada de diagnóstico de Kirchner chocó de frente con "el trabajo que por lo general nos tomamos quienes abordamos la tarea con pacientes 'graves' y el cuidado, las consultas, los ateneos que se organizan alrededor de un caso en los hospitales públicos, y los estudios y el cuidado que tenemos al momento de diagnosticar. Lo encaramos desde una concepción ética porque de lo contrario nos retrotraeríamos a épocas lombrosianas y medievalistas. No es posible imaginar a Freud, a Winnicott, a Lacan, a Melanie Klein desde el psicoanálisis o desde la psiquiatría a Kraepelin, a Magnan, a Henry Ey por nombrar sólo a algunos y desde campos del conocimiento absolutamente diferentes, tirando a tontas y a locas un diagnóstico sin que nadie lo pida y sin hacerse ninguna pregunta".
Para Langer, "diagnosticar debe estar siempre unido al pronóstico, y los diagnósticos deben ser siempre presuntivos, diagnóstico y pronóstico -y tomando caso por caso, el uno por uno, la individualidad del sujeto con su historia vital, su ámbito socioeconómico, su familia y sus antecedentes orgánicos?En suma: cómo fue constituyendo su subjetividad, las famosas 'series complementarias' de la que desde sus comienzos nos habla Freud. Nunca la arbitrariedad de usar los títulos y el conocimiento de la química cerebral y laboratoril para hacer uso y abuso de una medicación que para lo único que sirve en estas situaciones, es para arrojar al paciente y a los profesionales en manos de la locura que plantea el paradigma médico-laboratiril-lobotomizador de sujetos".
"Lo que le molesta a estos profesionales laboratorizados es la postura contestataria que en determinados momentos adquieren algunos personajes de nuestra política que no se adaptan fácilmente a las propuestas domesticadoras del capital laboratoril de turno. Dirigentes que se niegan a ser lobotomizados como les ha sucedido a otros políticos que los antecedieron. Que no se dejan domesticar como un Menem o un De la Rúa", agregó Langer. "En síntesis: si Cristina Fernández de Kirchner y Néstor Kirchner no se amoldan, no se adaptan, no son factibles de domesticar por los poderes económicos, hay otras maneras de someterlos, entre ellas, la psiquiatrización, empezando por el diagnóstico".
En la historia de la psiquiatría en Argentina está José María Ramos Mejía que, en algunos de sus libros, "Las neurosis de los hombres célebres" y "Las multitudes argentinas", por ejemplo, analizó individuos y masas que no fueron disciplinables al poder de turno. "Siempre el poder se propuso disciplinar y adaptar a los sujetos como una forma de control social y de asegurarse la dominación del otro, dominación que la pareja Kirchner no garantiza? razón por la cual son las primeras personas a disciplinar. Y una de las maneras de lograrlo es con el supuesto diagnóstico psiquiátrico de la Presidente", sintetizó Langer.
En un texto titulado, "El diagnóstico como arma de la política", Langer, tras recordar los repetidos "diagnósticos de la Presidenta y de su esposo en lugares como jornadas de reflexión, trabajos médicos-psiquiátricos y/o ateneos hospitalarios", puntualiza que esos supuestos diagnósticos "son presentados desde el lugar de poder que otorga el discurso médico", pero que en realidad carecen de criterio alguno (?) Esta práctica de diagnosticar ?a tontos y a locas? implica poner a rodar un rumor entre la población que carece de formación profesional a fin de atacar a una personalidad?. Con el agravante, señaló, de que lo hace gente de la suficiente edad que jamás criticó a los dictadores militares ni se atrevió a calificarlos de lo que eran: asesinos. "Un diagnóstico ?señaló? no es algo que se pueda tirarle por la cabeza a cualquiera y en cualquier circunstancia. Ha de ser siempre riguroso para quien esté autorizado a hacerlo, y es siempre riesgoso para quien padece este poder, que de ningún modo puede ser considerado menor, ya que puede llevar a una persona a ser declarada inimputable, y por lo tanto a perder sus derechos cívicos y civiles. Al extremo de declarárselo inválido? Ésta es apenas una de las razones por la cual se deben tener en cuenta múltiples estudios, consultas, averiguaciones, etcétera, antes de diagnosticar. Y éste es el motivo que los códigos de ética de psiquiatras y psicólogos prohíben explícitamente hacer público el diagnóstico".
Algo tan elemental como que un terapeuta, un psiquiatra o un cura confesor no pueden contar a terceros lo que les confían sus pacientes y feligreses.
Cuando se califica a alguien de "loco", se lo despersonaliza, se predispone al auditorio para que llegado el momento, sea receptivo a la revelación que supone un "diagnóstico" de demencia. Etiquetamiento que persigue, no sólo el descrédito de los criterios del etiquetado, sino también su anulación física. Según Langer, esto se efectiviza "a través de dos operaciones para la cual la psiquiatría, la neurología y el poder de los laboratorios tienen siglos de entrenamiento, como es dominar y aniquilar la voluntad del otro y aislarlo".
Respecto al enorme poder de los laboratorios, Langer recordó que el presidente Humberto Arturo Illía fue derrocado en 1966, luego de que su ministro de Salud Pública, Arturo Oñativia, anunciara que el Estado fabricaría los medicamentos de más uso y los pondría a la venta a precios reducidos, y cuando en 1974 la Facultad de Farmacia y Bioquímica anunció que fabricaría los medicamentos básicos, un feroz atentado ultraderechista de la paraestatal Triple A contra el domicilio de su decano Raúl Laguzzi (fallecido en París la semana pasada), mató a su hijito de tres meses.
"Diagnosticar sin ningún tipo de recaudos, mostrando una foto de un ex Presidente al lado de un personaje nefasto como Hitler implica compararlos, unirlos por contigüidad asociativa, toda una operación de manipulación política destinada a desestabilizar el sistema político", destacó.
EL CASO ZYPREXA
El laboratorio Eli Lilly accedió en octubre pasado a pagarle 62 millones de dólares a treinta y tres estados de los Estados Unidos que lo habían demandado por promocionar el uso de un antidepresivo que únicamente se puede vender con receta para fines indebidos. Los procuradores generales de Florida y otros treinta y dos estados lo habían demandado por promocionar el antidepresivo Zyprexa como un ansiolítico atípico, apto par usos para los que no había sido aprobados por la FDA (la agencia federal que regula los alimentos y medicamentos), al tiempo que minimizaba o directamente omitía informar ni al pùblico ni a los médicos sobre los efectos secundarios que apareja el consumo de Zyprexa, tales como aumento de peso, hiperglucemia y diabetes. Los médicos son esas "almas bellas" que todos los profanos quisiéramos ser.
El desembolso efectuado por Eli Lilly ha sido récord, superando los 58 millones que había oblado en mayo Merck & Co. por causas similares respecto al medicamento Vioxx.
El Procurador General de Florida, Bill McCollum, recordó que en el año 2001, Eli Lilly lanzó una campaña muy agresiva llamada "Viva Zyprexa", en la que instó a recetar dicho antidepresivo a los niños con trastornos de atención.
"El acuerdo es un paso en la dirección correcta para que los niños no sean el blanco de estos medicamentos y libren de sus efectos secundarios", dijo Jerry Isaac, presidente de la Academia de Pediatría de Florida, después de catorce suicidios en cadena.
Además, el laboratorio aceptó otras muchas imposiciones legales por el plazo de seis años.
Por ejemplo, no hacer afirmaciones falsas, engañosas o que induzcan a error en relación con Zyprexa, que las eqiquetas del producto digan toda la verdad sobre los riesgos que entraña su consumo; que los médicos se responsablicen por el contenido de todas las notas y referencias médicas que se publiquen sobre el producto y respondan todas las preguntas que les hagan los proveedores de salud. También deben revelar toda la información que tenga sobre el pago de subvenciones, y a presentar la lista de todos los médicos y periodistas a los que les pagó más de 100 dólares para que hablen bien de sus productos. Es decir, los llamados médicos "speakers".
(PUBLICADO ORIGINALMENTE EN EL SEMANARIO NOTICIAS URBANAS Nº 166, DEL 11/12/08).