Ciudad de pobres con balizas
Los cartoneros o -en su versión blanqueada- recuperadores urbanos de residuos, como se los denomina en la Ciudad de Buenos Aires, ya se cuentan por casi una decena de
mil, incluyendo tanto a los que residen en la Capital Federal como a quienes llegan desde el conurbano. De ellos, casi el 50% son menores de edad.
A través de ley 992, la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires creó, en diciembre de 2002, el Registro Único Obligatorio Permanente de Recuperadores de Materiales. ¿Qué significó esto?, que miles de cartoneros pasaron a llamarse Recuperadores Urbanos, tuvieron una credencial para poder levantar la basura, el Gobierno les dio una
ropita y unos guantes. La propaganda decía "trabajo digno", ni marginal ni peligroso, ni insalubre.¡Ja!
Ahora, a más de tres años de estar instrumentada, y luego de varias peticiones de informes y vueltas atrás en ciertas medidas como el registro de menores-, una propuesta legislativa a cargo del diputado Pablo Failde (ARI) pide al Poder Ejecutivo porteño que "adopte las medidas necesarias para garantizar de forma inmediata la continuidad del registro de recuperadores urbanos" y que "al momento de la inscripción haga efectiva la entrega de ropa de trabajo, guantes, pecheras y elementos reflectantes para su colocación en los carros destinados a la recolección".
Según el diputado, "al momento de ser absorbido por el programa Buenos Aires Recicla el grado de ejecución de dicho registro muestra un muy bajo porcentaje tanto de credenciales definitivas entregadas como de elementos de seguridad provistos. El BAR establece la formalización de la recuperación de materiales reciclables y el primer paso es la completa realización del registro de los trabajadores dedicados a esta actividad, por esta razón solicitamos que sin más demora el Poder Ejecutivo disponga los medios necesarios para la concreción de esta etapa".
"Por otra parte, es también urgente que mientras la recuperación se lleve adelante en forma manual y cargando el material en carros se haga inmediata entrega de elementos de seguridad para los trabajadores. En el caso de sus vehículos la colocación de material reflectante es imprescindible para garantizar su seguridad tanto como la de los conductores de automóviles ya que la actividad alcanza su pico en horas de la noche y el desplazamiento por la calzada", aseguró Failde.
Si bien la propuesta de "iluminar los vehículos" puede ser bienintencionada -nadie discute eso- genera cierto rechazo por parte de los cartoneros: "Sólo se piensa en cómo hacernos pasar desapercibidos, en como incorporarnos a la buena vista urbana, es como esos árboles que se plantan alrededor de las autopistas para no ver las villas que las rodean. Ninguna acción de los diputados o de los gobernantes tiende disminuir la cantidad de gente que trabajamos en las calles, nadie logró disminuir al ejército de pobres que recorremos la Ciudad", aseguró Pedro, "recuperador urbano".
A costa de ese trabajo, realizado en condiciones sumamente peligrosas, se generan numerosos beneficios ambientales y económicos para las áreas urbanas donde ellos desempeñan su actividad: reducen la cantidad de residuos enterrados, y ahorran energía y recursos naturales. En la Ciudad, los cartoneros recuperan más de 15% de los residuos generados por los vecinos, lo que significa un ahorro para la administración local superior a los 40.000 pesos por día.
Programa de Recuperadores Urbanos (PRU)
El PRU se crea a partir de la Ley 992/03. Esta ley habilita la recuperación de materiales reciclables en el ámbito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires e incorpora a los Recuperadores Urbanos al Sistema de Higiene Urbana. Desde mayo del 2003 el PRU desarrolla, planifica y promociona una política socio-económica y ambiental dirigida especialmente a la actividad de los Recuperadores Urbanos, que transitan cada día los barrios porteños realizando una tarea fundamental: la recolección y separación de materiales reciclables que se desechan en los hogares y los comercios.
Esta no es, sin embargo, la única tarea del PRU. En el marco de la ley previamente mencionada se concibe una Gestión Integral de los Residuos Sólidos de la Ciudad, es decir, promover la separación en origen de los residuos, dejar sin efecto, como disposición final, el entierro indiscriminado de los mismos en los rellenos sanitarios y llevar adelante una campaña de educación comunitaria y de capacitación, con los vecinos y los recuperadores.
La labor cotidiana de los más de 9000 recuperadores urbanos inscriptos en el PRU contribuye a que esta situación se revierta. Entre cartón y papel, metales, nylon y plásticos, ellos recuperan un total de 900 toneladas semanales y esto resulta clave para el ahorro de recursos de la Ciudad, ya que se paga por el entierro de la basura que generan los vecinos. Por lo que cuanto más material recuperemos menos se gasta en el entierro, más ahorra el Estado y más empleos se generan en la cadena de la recolección y la recuperación.
Cuando los chicos andan en la calle
En abril de 2004, la Legislatura porteña prohibió al Gobierno de la Ciudad permitir que los menos de 18 años tuvieran credencial como Recolectores Urbanos, ya que entendían, "se legitima el Trabajo Infantil". Sin embargo, la medida no evitó que los casi 5.000 menores que recorren diariamente las calles de Ciudad por la noche, lo dejen de hacer. Los menores recolectores informales de basura en la Ciudad de Buenos Aires cumplen tareas absolutamente insalubres, que consisten en revolver bolsas de basura a su riesgo
y costo. Las tareas se realizan en horario nocturno, a partir de las 20 horas, pues a esa hora (entre las 20 y las 21 hs.) los vecinos cumplen con su obligación de sacar las bolsas de residuos.
Se violan de esta manera las dos condiciones que prohiben absolutamente el trabajo de menores en nuestro sistema legal: trabajo insalubre y en horario nocturno. La violación a los derechos humanos de estos adolescentes se estaría consumando por la violencia a la que están expuestos de noche en las calles -cuando sin protección alguna buscan en la basura algo para vender- y se perfecciona con la explotación a la que los someten las personas que -lucrando con el riesgo en su salud que afrontaron- les compran lo que consiguieron.