Publicado: 25/03/2007 UTC General Por: Redacción NU

Enrique Olivera, ¿será el vice de Telerman?

El diputado Enrique Olivera volvió a sonar estos días como candidato a vicejefe de Gobierno porteño en la fórmula de Jorge Telerman. Gabriela Cerruti y Florencia Polimeni, siempre expectantes. ¿Hay diferencias al interior de la mesa chica del alcalde? Si las hay, ¿cuáles serían?
Enrique Olivera, ¿será el vice de Telerman?
Redacción NU
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Enrique Olivera es un hombre serio, que peina canas y un bigote cortés y formal, saco azul, corbata al tono, pantalón de color gris o negro, alumno aplicado, amigo de Fernando de la Rúa, es un radical clásico, un balbinista de los 50, orgánico, aliado pero no incondicional de Elisa Carrió. Es el abuelo que todo porteño de clase media quisiera para sus nietos.

Ese hombre ha vuelto a sonar desde hace unos días para acompañar a Telerman en la fórmula que tiene que competir con Mauricio Macri y Daniel Filmus para retener la jefatura de Gobierno, pere ese hombre que todavía no ha dicho nada, se sabe no comulga con la intransigencia fundamentalista de la creadora del ARI respecto al gobierno de Néstor Kirchner.

Serán razones tácticas antes que ideológicas pero la cuestión es que el sector principal del ARI porteño, el que comanda su presidente, Fernando Cantero, ya hizo público su apoyo al actual jefe de Gobierno, con Carrió o sin Carrió, hartos de las idas y vueltas e indefiniciones de la pitonisa chaqueña.

Sería conveniente aclarar que Olivera no es tan liberal como conservador, pero esa apreciación -a la hora de las votos- es menos importante de lo que se cree, sobre todo cuando están en juego pocos votos, pero decisivos.

Olivera es capaz de arrastrar esos votos, votos radicales "clásicos", el viejo voto radical que sería clave para sacar la luz de ventaja que Telerman necesita según las mediciones que lo están dando cabeza a cabeza con Filmus, con Macri siempre primero (en primera vuelta).

Es cierto: las encuestas se compran, y hay dos (de las cuatro que circulan) que según fuentes consultadas por este medio estarían retocadas para favorecer al ministro de Educación.

Pero importante resultó el desembarco de Ginés González García: el ministro de Salud es un hombre de peso propio y el que movió el amperímetro que el buen alumno de Flacso no movía ni con un experto en telepatía.

El anuncio de que un ministro de peso bajaba a la arena porteña se conocía desde el jueves a la noche: el primero de los nombres no excitaba a nadie, Carlos Tomada, titular de Trabajo, al punto que según pudo reconstruir este medio, dirigentes sindicales de peso en la ciudad le hicieron saber a Alberto Fernández que ellos no criticarían pero tampoco se moverían de las poltronas.

Entonces, ocurrió el "milagro" Ginés. El escenario se alteró. El jefe de los encargados de edificios, Víctor Santa María dijo por fin y puso las fichas y la gente en un acto donde colapsó la esquina de San juan y Boedo (y alrededores) y el ministro de Salud mostró toda su seguridad y confianza: su imagen también es óptima entre los porteños.

Telerman habrá digerido el golpe, pero entre los suyos quedó al desnudo que hay diferencias de criterios que ahora es imprescindible aplastar.

¿De qué se trata? Si la candidata natural al puesto vacante era desde siempre la ministra de Derechos Humanos y Sociales, Gabriela Cerruti, el sector encabezado por Juan Pablo Schiavi y Oscar Feito (promotores de La Porta y Terragno), frente a esa defección, habrían decidido apostar por un radical, pero no por interferencias personales con la ministra sino por los votos.

Esto es: Cerruti ya está en el gobierno, no suma más votos, pero los interlocutores de la UCR, Jesús Rodríguez, Enrique Nosiglia y Rafael Pascual, tenían para ofrecer, a cambio de todo, muy poco: Silvana Giudici, una ex ibarrista que no es conocida más que en su parroquia.

Se habría analizado entonces la posibilidad de Florencia Polimeni, también de origen radical, pero con ciertos criterios de "independencia" política de la estructura centenaria. Está ahí, hasta que retornó Olivera, de la mano de Cantero, ya abierto de la influencia de Carrió.

Podría suponerse que esta semana que empieza será decisiva: es corta, los tiempos se imponen, la promesa del Pelado de despejar el nombre del vice vence a fin del festejo pascual, etcétera.

Finalmente, Polimeni y Olivera, que a la hora del voto no pueden compararse (el segundo, además del voto radical "de toda la vida", tendría la estructura del ARI).

Ergo, la cuestión es el grado de chantaje al que sería expuesto Olivera por Carrió si es que éste entiende que lo mejor para su carrera es menos pelearse con el presidente de la Nación que defender unos principios republicanos que nadie sabe cuáles son ni a quién representan.

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