Publicado: 16/02/2006 UTC General Por: Redacción NU

Casi sin testigos, terminó la semana cinco

Solo a uno de los cinco testigos que el Tribunal había reprogramado, en el marco del juicio político contra el suspendido jefe de Gobierno porteño, Aníbal Ibarra, pudo ser interrogado. Pero fue rápido. Tan solo una pregunta por parte de la defensa a la escribana Valeria Seibane y todos a disfrutar del calor. Por otra parte, Julio Strasera, denunció nuevamente a los familiares de las víctimas de presionar a los testigos
Casi sin testigos, terminó la semana cinco
Redacción NU
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Fue rápido. Solo una testigo, solo una pregunta por parte de la defensa y todos a disfrutar del verano y del fin de semana hasta el próximo martes. Desde que arrancó la audiencia, el Tribunal solo leyó las actas elevadas por la escribana Seibane, con relación a las constataciones efectuadas en el local Amerika. Lo único importante del día fue la denuncia, otra más, de uno de los abogados de la defensa, Julio Strassera, quien volvió a repetir la existencia de presión hacia los testigos por parte de los familiares de las víctimas de Cromañón.

Estaban convocados para este jueves cincon testigos: La escribana Valeria Seibane, el único testigo al que le tomaron declaración; Ignacio Rodríguez Varela, secretario de la Fiscalía de Instrucción Nº 3; Hugo Fernández, coordinador de la Auditoria Interna de la dirección de Control y Fiscalización del Gobierno porteño; Silvina Talamona, médica del SAME; y Alejandra Miramón, vecina amparista contra el local Amérika y contra el Gobierno de la Ciudad.

En declaraciones DyN,el ex fiscal del juicio a las Juntas Militares, Julio César Strassera, señaló: "Así no hay el mínimo derecho de defensa, no tendría que haber público en el recinto. (El abogado y padre de uno de los chicos fallecidos en la disco de Once José) Iglesias capitanea esto. Los testigos están recibiendo una agresión injusta de parte de quienes están en la bandeja". A su vez, afirmó: "El señor Iglesias golpea su mano como si le hubieran pagado a los testigos, o se pasa el dedo por el cuello, como que los va a degollar. El testigo se siente incómodo y no puede declarar libremente, no hay garantías".

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