Publicado: 30/12/2005 UTC General Por: Redacción NU

Bergoglio: "A los que se hacen los distraídos: conversión y llanto"

Si el 30 de diciembre de 2004 fue el peor día de la vida política de Aníbal Ibarra, este 30 de diciembre fue el segundo. La Iglesia Católica, en la voz del Cardenal Jorge Bergoglio, una de sus principales figuras a nivel mundial, condenó a "los que se hacen los distraídos" y dijo que "Buenos Aires no ha llorado lo suficiente"
Bergoglio: "A los que se hacen los distraídos: conversión y llanto"
Redacción NU
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Don Jorge Bergoglio, Cardenal primado de la Argentina, dijo este viernes por la tarde que la ciudad de Buenos Aires "no ha llorado lo suficiente" por las 194 vidas que se cobró el fuego, la negligencia y la estupidez en el local República de Cromañón hace un año.

"Esta ciudad distraída, dispersa y superficial, hace falta que se purifique con el llanto", subrayó Bergoglio en la homilía que dictó en la Catedral, ante centenares de familiares, amigos de las víctimas y fieles de todas las intensidades.

Fue una misa extraordinaria. No fue un casamiento donde se asiente durante media hora con cinismo desde las butacas, ni un bautismo donde pocos saben por qué están ahí y los afectados lo ignoran por completo. Fue una escena más, pero perfecta y honesta del vía crucis de los familiares de las víctimas y de todos aquellos que se sienten víctimas y victimarios por vivir en una sociedad que, de la nada, se lleva puestos a doscientos jóvenes, a pocas cuadras del centro de Buenos Aires, en una ciudad superavitaria y donde el rock es la música oficial del régimen.

Con la ceremonia, la Iglesia dio un ejemplo a la dirigencia de cómo se acompaña a los que sufren. Simple: estando cerca, abrazando, consolando. Claro, la Iglesia Católica mantiene el puesto fronterizo que une y desune a la tierra con el cielo y, por eso, puede ocuparse de los trámites del dolor y de la muerte, de palmear las espaldas de los dolientes sin los inconvenientes del reproche y las culpas.

En ese sentido, la salida de la misa de la Catedral en que se homenajeó a las víctimas de Cromañón, en particular la puerta principal, donde Jorge Bergoglio y Jorge Lozano se pararon a saludar a los familiares de las víctimas fue un gran ejemplo de esa peculiaridad de la Iglesia y demostrativo del papel orientador que puede tener y, de hecho tiene, cuando la política se retira, porque los miembros más frívolos de su dirigencia han llegado a ocupar las primeras posiciones.

Una hora y media antes de peregrinar frente al primado papabile que obtuvo la segunda colocación en el último cónclave vaticano detrás de Joseph Ratzinger, los padres en hilera ya habían roto el corazón de la multitud presente en la Catedral, al caminar, llorando, portando pequeñas velas, a las cinco de la tarde en punto, por la nave central en dirección al púlpito. Al llegar, las dejaron en una mesa donde rodearon de llamitas naranjas a un precioso niño Jesús en su pesebre, todo de cerámica.

En los asientos de madera, en los pequeños descansos laterales de la Iglesia, apoyados contra los confesionarios o escondidos para llorar en el mausoleo que guarda los huesos, o lo que haya del General José de San Martín ahí dentro, cientos de chicos con remeras estampadas con las fotos de sus amigos o hermanos muertos, o con inscripciones de la banda Callejeros o de Ricky Espinosa, un muchacho que eligió la vía intravenosa, para terminar con una vida que no le gustaba ni medio y que lideraba una banda llamada Flema, todos esos pibes, para quienes las iglesias son lugares donde no se puede prender la radio, escuchaban y seguían las alternativas de las canciones religiosas, como si les estuviera pasando el hecho más importante de sus vidas.

Y habló Bergoglio y, pese a todos los esfuerzos de última hora de los ibarristas por ablandarlo y lisonjearlo, jurando abandonar el anticlericalismo frívolo cultivado en los sábados de super acción tenística en el Club de Amigos, (esa concesión de Grosso que es cool, macanuda porque van frepasistas y periodistas que saltaron a la fama desinformando sobre el caso Cabezas o escudados en el cadáver de María Soledad Morales), Bergoglio fue más contundente que Chopin para las marchas fúnebres.

Con el lenguaje parabólico que es marca registrada de la Iglesia (y de Cristina Kirchner), el Cardenal dijo:

"Esta Ciudad vio segar la vida de 194 personas. Le pido a esta Ciudad que mire con corazón de Madre y que llore por los hijos que ya no están. Buenos Aires necesita llorar". Agregó: "pido a Dios que purifique con el llanto a esta Ciudad y que no se haga tanto la distraída".

Luego fue mucho menos parabólico. Fue directo al corazón de Villa Ortuzar donde un jefe de gobierno suspendido espera la resurrección de la carne pero no el perdón de los pecados, porque no cree haber cometido ninguno. Por ello, Bergoglio dijo: "Buenos Aires trabaja, busca rosca, hace negocios, se preocupa por el turismo, pero no ha llorado lo suficiente esta bofetada. Buenos Aires necesita ser purificada por el llanto de esta tragedia". Y más claramente por si no se entendió: "A los que se hacen los distraídos: conversión y llanto del corazón".

Varios miembros de la dirigencia política porteña estuvieron dando vueltas por la Catedral. NOTICIAS URBANAS detectó a Sergio Beros, secretario de Desarrollo Social del gobierno porteño, único miembro del gobierno de Ibarra/Telerman, la defensora del pueblo Alicia Pìerini, el peronista/troskista Mario Cafiero, los diputados porteños Gabriela Michetti, Martín Borreli y Jorge Enriquez; el ex ministro de la Corte Suprema, Antonio Boggiano, entre otros.

Otros que andaban detectando gente por allí, eran los miembros del equipo de salud mental del SAME, unas mujeres y hombres de mamelucos verdes que rastrillaban los pasillos de la Catedral identificando cuántas lágrimas podían ser consideradas anormales y dignas de un "charlemos". Por cierto que no hicieron nada, paseaban como buscando bultos sospechosos, pero había personas muy tristes, nomás, entre todos los que estaban tristes. Eran los que habían perdido un hijo o un hermano hacía un año. Y lo que había para hacer por ellos, ya no se había hecho.

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