Publicado: 07/07/2006 UTC General Por: Redacción NU

“Los afrancesados de Buenos Aires son, han sido y seremos legión”

Así lo afirmó un orgulloso jefe de Gobierno porteño, Jorge Telerman, al ser condecorado por la Embajada Francesa como Oficial de la Orden de las Artes y las Letras. Al nombramiento – en el que el embajador Francis Lott resultó ser el cómico de la fiesta- asistieron figuras de la política municipal y de la cultura nacional, además de todo el gobierno porteño. NOTICIAS URBANAS participó del ágape que también reunió a dos potencias que se hermanaron en el champagne: el juez Julio Maier -quien condujo el juicio político que terminó destituyendo a Aníbal Ibarra- y Charly García
“Los afrancesados de Buenos Aires son, han sido y seremos legión”
Redacción NU
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Três puntual, a las 18 horas las puertas de la mansión situada en la calle Cerrito casi al 1400 se abrieron para dar paso a un veintena de personas invitadas la “graduación” del jefe de Gobierno, Jorge Telerman, como el “afrancesado” del año. Si algo le faltaba era una condecoración y tanto va el cántaro a la fuente....

El homenajeado también fue puntual, igual que los invitados. ¡Bah!, todos menos aquel que siempre llega último a la fiesta para hacerse notar. Y ése fue nada más y nada menos que Charly García. De impecable traje negro gamuzado, acompañado por una espléndida joven morocha, ingresó al Salón diez minutos después de la entrega de la medalla. Pero bueno, a él se le perdona todo. La cuestión es que llegó.

Control de seguridad previo, unas escalinatas enfundadas en unas alfombras de terciopelo conducían al Salón. Previamente, en un hall también alfombrado y adornado todo en dorado, esperaba para saludar a todo el caminante que por allí pasaba, el Embajador de Francia en Argentina, Francis Lott. Dentro del salón, cinco o seis mozos maniobraban sus bandejas entre el cardumen de invitados VIP. Champagne, vino, agua y jugo recién exprimido de tres sabores acompañaban a unos canapés que parecían dejar insatisfechos a más de uno. La espera del momento cúlmine -raramente- no se hacía eterna. El lugar estaba lleno de “conocidos”.

Por el lado de la política podemos nombrar a: todos los Ministros del Gabinete porteño (incluído Guillermo Nielsen y restando a Enrique Rodríguez que está de viaje), Carlos Campolongo, titular del Ente Único Regulador de Servicios Públicos; Alberto Iribarne, ministro de Justicia de la Nación y segundo del PJ capitalino; los legisladores Norberto La Porta y Diego Santilli; el devenido político Juan Carlos Blumberg; y, para sorpresa de muchos el juez Julio Maier (encargado de llevar adelante el juicio político que destituyó a Aníbal Ibarra).

Por el lado de la cultura-farándula había muchísimos más, entre los que se destacaban: el modisto Gino Boganni, la actriz Leonor Benedetto, la crítica de espectáculos Nora Lafont, el ex director del Complejo San Martin Kive Staiff; el director de cine Manuel Antín; y el filósofo Alejandro Rozitchner.

Rarezas al margen, más de uno se permitió lucir esas boinitas cuadrillé que hace tiempo no se podían poner en ningún lado.

Como colegial que es llamado por primera vez a izar la bandera o como excelente alumno que es llamado a ser el abanderado del colegio, el jefe comunal estuvo esa hora y pico que duró el agasajo a punto de quebrarse y ponerse a llorar. Bamboleándose de un lado a otro y mirando a su familia -madre, hermanas, sobrinas- que estaban ubicadas a su derecha, Telerman escuchó y sonrió ante cada palabra del Embajador que, en un dificultoso pero correcto castellano, se dirigió a la distraída audiencia.

Audiencia que debió ser disciplinada en dos oportunidades por el orador. Provocó la primer carcajada al introducir dentro de su discurso un reto para un espectador al cual le sonó su celular, y luego para otros que ubicados en el fondo chismorreaban entre sí.

En un tono muy distendido, Francis Lott contó varias anécdotas relacionadas al idioma, citó una frase de Borges de ¿Qué será Buenos Aires?, felicitó a Telerman por su “intensa actividad por la difusión de la cultura” y se animó a hacer un juego de palabras con el historial del Jefe de Gobierno: “Además de ser culto -dijo-, es un hombre de la cultura que cultiva en la trastienda”.

Describió a Telerman como un “actor de ese extraño juego de espejos que es Francia-Argentina, París-Buenos Aires”. Y cerró con la frase: “Con usted Jorge las fronteras caen y pierden su sentido”.

Visiblemente conmovido, ex consejero de la Embajada de Argentina en Francia, Jorge Telerman, pronunció un extenso discurso en el que nombró a cuánto escritor, pensador, actor, lugar o momento francés se le ocurría.

Aseguró: “Los afrancesados de Buenos Aires son, han sido y seremos legión”, sin embargo le quitó el sesgo mediático/chabacano a la expresión para devolvérselo a Juan José Saer quien se refirió hace ya muchos años a Juan L. Ortiz, como un hombre “afrancesado”.

Bastante verborrágico, Telerman agradeció la distinción y al país que lo albergó durante la dictadura militar, “a Francia la tengo muy adentro”, dijo y reconoció ser un “pelado , peronista y afrancesado que tendrá este momento atesorado en el corazón”.

Ya como Oficial de la Orden de las Artes y las Letras, en diálogo con la prensa, el Jefe de Gobierno, advirtió que los últimos hechos de violencia acaecidos en la Ciudad “sólo fortalecen la idea de que la Ciudad debe ser autónoma totalmente”. Y no negó que “alguien esté detrás de esto. En la política -dijo- siempre hay quien quiera especular con los pobres”.

Y concluyó: “Tenemos mucho que mejorar y no debemos permitir que se lucre con la pobreza”.

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