Publicado: 08/05/2003 UTC General Por: Redacción NU

La variedad étnica de Buenos Aires

En su columna de Radio Continental, el periodista Mario Mactas hizo un pintoresco comentario sobre las etnias en la Ciudad, el racismo de los argentinos hacia aquéllos que "trabajan como bestias" y otras visiones locales del controvertido intelectual. Más allá de que se pueda estar de acuerdo o no, vale la pena compartir la transcripción completa del comentario de Mactas
La variedad étnica de Buenos Aires
Redacción NU
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Tranquilo ponga el carro en movimiento que los melones se acomodan solos. La ciudad es pintoresca y agradable en determinados aspectos, por lo menos desde nuestro punto de vista. La cantidad de africanos que se ven en San Telmo, asiáticos, personas que llegan desde México incluso para comprar, pasan y siguen la colorida variedad étnica produce seguramente y producirá más adelante con intensidad mayor nuevos elementos, nuevas gastronomías, nuevas maneras de vestirse, nuevas maneras de relacionarse. Hay quienes ven esto como un inconveniente. En el racismo argentino, que no es demasiado diferente al de otros lugares del mundo, de tanto en tanto aflora y todo el mundo tiene a quien odiar un poco. Los señores instalados con su almacén hace muchos años odian a los chinos que pusieron el supermercado y trabajan las 24 horas del día sábado y domingo.

Venden más barato, fechas patrias y trabajan como bestias. Y los chinos un poco odian a los coreanos. Y los coreanos odian a los chinos y al almacenero de enfrente. Y los coreanos también dirigen un poco su odio hacia los peruanos que los molestan porque ocupan la casa de al lado, dicen, pero a la vez ponen unos restaurantitos que están empezando a aparecer los típicos chifas, comida china en versión peruana, modestitos pero hay algunos donde se come muy rico. En Perú hay comida china-peruana, se llama chifa, exquisita, es lo mejor que hay sobre la tierra. Acá aparece en una versión obrera digamos, obrera y ocupa, un poco picante, un poco chinesco. Y los peruanos odian a los bolivianos. Y los bolivianos no odian a nadie porque no hay nadie más abajo, no tienen a quien odiar pobres.

Qué ocurrió en esta materia donde se mezclan los odios, el racismo, el resentimiento y el fecundo ingreso de otras etnias, de otros pueblos en la Argentina como el caso del mercado en el barrio chino en Buenos Aires. El barrio chino en Buenos Aires es precioso y además siempre estuvo en un lugar precioso, porque allí estuvo durante largo tiempo el mundo de los stud, de los caballos de carrera, y era divino. Cuando uno era un niño pasar por ahí con el perfume de la bosta del caballo, el olor a caballo que es muy rico y ver a los peones por la calle. Y dentro de los stud que tenían abiertas sus puertas por lo general se escuchaba alguna música y había chicas llamadas studeras, las mujeres de los peones o las hijas que bordaban los mandiles y las mantas de modo precioso, eran casi una artesanía poniéndole el nombre del stud y algunas flores y cositas.

Pero, luego también fue ocupado por una gran villa en la que nació por ejemplo René Houseman y donde se hizo diestro con la pelota y donde se levantaban los portentosos Laboratorios Alex, lo cual hacía perfectamente posible cruzar la villa que no era siniestra. Tenía cierto encanto, sombrío incluso. Era colorida, no era agresiva, no era la villa de drogas de ahora, de escondites. Eran simplemente pobres y por allí dentro, a menudo para ir a Alex, uno iba a ver a Leonardo Favio, a Torres Nilsson, a Beatriz Guido, a Fernando Ayala. Iba a trabajar, era notable todo aquello. Y eso,se transformó hoy en el barrio chino, nuestro pequeño china town, que desde luego es delicioso, con sus encantadores y misteriosos objetos para la buena suerte, comidas, restaurantes donde se come muy bien por poca plata y supermercados. Son estos supermercados, que han sido señalados ahora por los inspectores que desconocemos, como horribles traficantes de tortugas y anguilas. Uno no sabe si esto es en homenaje a la ley, es para infringirla, es presionando a unos comerciantes o si es la locura y la ignorancia que, por supuesto, vela el conocimiento de lo que comen algunos asiáticos, por ejemplo, anguilas.

Esta curiosa contradicción entre la belleza de mezcla de pueblos y el racismo desde luego va a persistir durante mucho tiempo en Buenos Aires. Pero tengo la impresión de que, como ocurrió siempre en la historia y ocurre en cualquier lugar del mundo, finalmente prevalecerán, por un lado la mezcla, y por otro lado, la sectorización en barrios diversos a los que uno podrá ir a comer como programa, a comer peruano - chifa, a comer chino, a comer coreano, a comer chino, mientras no lleguen los inspectores a buscar anguilas.

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