Publicado: 05/06/2026 UTC Nación Por: Horacio Ríos

Argentina: Un mundo de abrumadora felicidad, accesible sólo para privilegiados

Los delirios de Nick Land y de Curtis Yarvin han delineado la política argentina desde el fin de 2023.
Argentina: Un mundo de abrumadora felicidad, accesible sólo para privilegiados
Horacio Ríos
javier milei

El mundo ya cambió. Una era está muriendo y otra se aproxima con marcha insegura, aún afectada por más dudas que certezas. Ya no está en la posesión de los medios de producción el origen del poder. La Sociedad de la Vigilancia, como la llamó Byung-Chul Han, dejó paso a la Sociedad de la Información, que es lo que llega.

En la Sociedad de la Vigilancia, que definía a la era industrial -que es lo que termina-, el objetivo eran los cuerpos y la energía de los trabajadores. En la Sociedad de la Información, la codicia del poder está en permitir a todo el mundo el acceso a la información, cuya utilización permite el dominio de las mentes de las personas, a las que moldearán en sus maneras de pensar, sobre las que influirán en sus filosofías de vida y a quienes les elegirán sus preferencias personales, al ritmo de un algoritmo que opera sobre sus decisiones con precisión quirúrgica. Mientras las mentes son manipuladas, sus cuerpos -ya no tan importantes- han sido entregados al reino de la estética y el fitness, solamente.

Así como Montesquieu, Hume y Rousseau fueron los intelectuales de la Ilustración y la Revolución Industrial en el Siglo 18, la nueva revolución tecnológica -que ya está en marcha- tiene sus propios íconos. Se los denomina neorreacionarios (NRx) y se cuentan entre sus filas Nick Land, Curtis Yarvin (que utiliza el seudónimo Mencius Moldburg) y el reciente huésped de la Argentina, Peter Thiel, que más que un pensador es un mecenas y difusor de las ideas de los anteriores.

Los oscuros forman parte de un colectivo ideológico antidemocrático de ultraderecha, que abominan de aquel apotegma de la Revolución Francesa: libertad-igualdad-fraternidad. Buscan reemplazar a la democracia liberal, a la que llaman “demosclerosis”, por un feudalismo corporativo, en el que manden Chiefs Executive Officers, provistos de atribuciones similares a las de un monarca.

Al corpus ideológico que conforman la cultura, la universidad, los artistas y los políticos de tendencia popular lo denominan “la Catedral” y con esta definición también transparentan su desprecio por las religiones. En este punto se parecen mucho a sus tartarabuelos de la Revolución Francesa, tan proclives a la utilización de la democrática y humanista guillotina como mentores de una nueva religión: todo el poder a la burguesía, que profesaba una religión que se practicaba en cenáculos ocultos a la vista del mundo.

Los NRx plantean que las instituciones que conforman La Catedral no colaboran con el bien público, sino que adoctrinan y controlan las mentes de los ciudadanos, que, aleccionados de esta manera, perpetúan los principios hipócritas de la Revolución Francesa, que en realidad -según Yarvis- socavan la verdadera libertad. Su modelo de gobernanza está centrado en el control autoritario sobre los ciudadanos, en el que se prioriza la obediencia, la sumisión y una pretendida eficiencia que sólo serviría para aumentar los beneficios empresariales. De esta manera, los estados funcionarían como las empresas, con un rígido sistema jerárquico y rendición de cuentas sólo ante el directorio, nunca ante los organismos de control de la democracia.

Hubo una Revolución Industrial, que se recicla

En las postrimerías del Siglo 17 y el nacimiento del Siglo 18 se produjo en Europa la explosión de la Ilustración (o Iluminismo), un movimiento filosófico que precipitó el fin de la Edad Media, cuando el objetivo era la salvación del alma antes que la obtención de posesiones materiales. Algunos denominaron por esta razón al Siglo 18 como el Siglo de las Luces. Allí brillaron los filósofos John Locke, Emmanuel Kant, David Hume y Denis Diderot, el polímata Jean Jacques Rousseau y los historiadores Francois Marie Arouet (Voltaire) y Charles Louis de Secondat (Montesquieu).

El Iluminismo representó una ruptura con los dogmas religiosos y en su lugar impuso el dogma que rezaba que la luz de la razón y el conocimiento servirían para disipar las tinieblas de la ignorancia en la que la religión habría sumido a los pueblos. Guardaban la esperanza de que la ciencia y el conocimiento permitirían a las personas un futuro mejor y una superior dosis de felicidad, temas en los que jamás triunfaron, más allá de errores y aciertos.

Los oscuros pronostican un mundo oscuro

A pesar de que los NRx también se autodenominan “iluministas”, su reino se parecería más al de las tinieblas que al de la esperanza que encarnaron sus antecesores, que habrán cortado algunas cabezas -muchas-, pero profetizaban un mundo luminoso.

Nick Land, planteó que “renacer implica primero morir y, cuanto más duro sea el reinicio, mejor será el resultado. Una crisis total y una desintegración sistémica es lo más propicio”. Hijo de la catástrofe como es, si se miran los desastres que provocó el capitalismo depredador del último medio siglo -guerras, catástrofes climáticas, hambrunas generalizadas y genocidios masivos-, el inglés describe al capitalismo como una fuerza de destrucción liberadora, capaz de asimilar la entropía, mientras que la democracia demora este proceso. Por eso, la califican como “demosclerosis.

La entropía mide el desorden de un sistema. Así, plantea que una masa con sus moléculas regularmente ordenadas formando un cristal tiene una entropía menor que la misma sustancia en forma gasesosa, cuando sus moléculas flotan libres y desordenadas. Mayor entropía significa mayor dosis de caos.

El mundo ideal que imaginan hoy los NRx tiene que ver con una inversión de Thiel, que está financiando el Proyecto Seasteading, que dirige Patri Friedman, el nieto de Milton Friedman -entre bueyes no hay cornadas-, que se plantea diseñar y construir comunidades que vivan en el mar, lejos de las leyes de los estados, para ejercer una libertad sin límites.

El grito de guerra de Milei: ¡¡Viva la libertad, carajo!! tiene esa inspiración, relacionada con el concepto de “salida” de Yarvin, que incluye la creación de pequeñas sociedades, dirigidas por CEO’s, en las que sus habitantes pueden migrar si no reciben la atención que merecen, por la que pagan una contribución. Éstas podrían existir tanto en el mar como en tierra.

Pero no sólo en este ítem está relacionado Milei con Yarvis. El plan del norteamericano, que lo escribió en 2012, es simple. Lo primero es la remoción de todos los empleados públicos, a los que habría que poner de patitas en la calle sin contemplaciones. Eso sí, no se echaría ni a los policías ni a los militares, no vaya a ser que a los humildes, a los jubilados, a los desocupados, a los planeros, a los indigentes y a los de piel oscura se les ocurra expresar su desagrado por la forma en la que están siendo maltratados y opten por provocar el desorden en las calles, que se convertirían así en autopistas de la disconformidad. En el iluminismo oscuro no hay espacio para los rebeldes, al menos en el mundo de los vivos.

Otra de las propuestas de Yarvin es la confiscación de los fondos públicos, que serían destinados a fines “más provechosos”. La versión argentina de esta propuesta fue aquel rezo público de Milei: ¡¡No hay plata!! Al mismo tiempo, las resoluciones judiciales que se opusieran a estas decisiones deberían ser ignoradas (¿como el financiamiento educativo?), más allá de su validez constitucional.

La tercera manifestación del alto coeficiente intelectual de Yarvis tiene que ver con la actuación de la prensa. Propuso directamente que debería ser manipulada o censurada, según las circunstancias. Para terminar, todas las universidades -en una de las cuales Yarvin obtuvo su formación (¿envidia, quizás?)- deberían ser desfinanciadas y clausuradas. Tanto Donald Trump como Javier Milei, que no alcanzaron todavía el poder suficiente como para ejecutar fielmente este plan, lo mismo avanzaron en esa misma dirección.

Ambos atacaron a las universidades, cuestionaron a maestros, profesores, alumnos y a los padres que conforman las comunidades educativas; vulneraron los derechos de los empleados estatales; despidieron a miles de ellos; le quitaron atribuciones al Estado para depositarlas en manos de empresas privadas y favorecieron obscenamente a los más ricos de sus respectivos países rebajándoles impuestos, abriendo las economías para que redoblen sus beneficios y, en especial, ejecutaron con sus medidas económicas draconianas, una monumental transferencia de ingresos desde los más pobres hacia los más ricos.

Cipayismo extremo, en el caso argentino. Cuasifascismo en el caso norteamericano. En ambos, darwinismo social. Los únicos caminos que restan para los argentinos oscilan entre la resignación y la organización de la rebeldía. Un insigne argentino planteó hace muchos años que “la organización vence al tiempo”. ¿Pasará por allí el futuro argentino?

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