Publicado: 14/09/2006 UTC General Por: Redacción NU

Lo que aprendí: Carlos Lo Guzzo

Es el primero de los tres hijos de una familia de clase media de Floresta pero que hizo su vida entre Soldati y Lugano. Directo, frontal y pichón de otra familia, la de punteros radicales que encabeza Roberto "Beto" Larrosa y continúa su hija, la ex legisladora Marcela. Sin el vicio que caracteriza a los diputados veteranos de apretar play y contestar siempre lo mismo, Carlos Lo Guzzo (UCR), soltero de 34 años, aceptó la propuesta de "Lo que Aprendí"
Lo que aprendí: Carlos Lo Guzzo
Redacción NU
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"Con la militancia que tengo jamás podría pensar que habría un solo diputado radical y menos que ese sea yo. Históricamente, la UCR cuenta con gente muy capacitada,
pero la política es una cuestión de oficio y el barro se ve en los zapatos. El contacto con la gente lo tengo a diario, cuando ando por Lugano".

"El radicalismo es muy torpe cuando gobierna. No sabe entablar un marco de alianzas, no sabe relacionarse con los gremios ni manejar el poder. No me equivoqué de partido. Sólo tengo otra forma de ver la realidad con relación a quienes manejaron el partido. Que ellos (el justicialismo), en algunos aspectos, sean más inteligentes que nosotros, no quiere decir que yo sea peronista".

"Mi primer gran frustración en la política fue lo que pasó con (Raúl) Alfonsín, que lo echaron seis meses antes. Fue una sensación de desesperación, de no entender como se podía perder un gobierno de esa manera. No sé dónde estaban las marchas, los dirigentes".

"La segunda fue la caída de (Fernando) De La Rúa. El día del helicóptero había asueto en la Legislatura. Sólo estaban algunos diputados y algunos asesores. De repente comenzaron a entrar los gases. No sabíamos que pasaba, que sucedía en el Gobierno. Estaba con mis compañeros
de Operativa y Seguridad porque había que defender la Casa. Nos quedamos hasta las ocho de la noche. Caí cuando llegue a mi casa, sentado en la cama, y me di cuenta que todo había terminado para un militante. Todo era un caos. Muchos viernes, cuando se hacía la marcha, la miraba desde el cuarto piso. Me pasaban miles de cosas. Otra decepción".

"La tercera fue el mal resultado que sacamos en el 2003. Ya sabíamos que no iba a ser buena, pero tampoco pensé que iba a ser tan mala. Ahí viví la soledad del poder sin tenerlo, porque cuando sos candidato el teléfono te suena todo el
tiempo, pero cuando te vas a tu casa estás solo y la decepción es muy grande porque yo me jugaba algo muy personal".

"El ‘Gallego’ Vázquez no era mi amigo pero tampoco estaba enemistado con él. Cuando falleció me sentí muy raro, todavía me siento así, porque es muy difícil de digerir. Se trataba de un dirigente del partido y cuando asumí se juntaron
muchas cosas encontradas. Yo me rompí el culo para llegar en el 2003, de otra manera, pero bueno, hay que ponerse la pilcha, salir a la cancha y disfrutar cada segundo como si fuese el último".

"En la Legislatura me siento como en mi casa. De todos los años que trabajé acá me quedó mucha gente, amigos, que levantan el teléfono y me dicen: “Carlos, si necesitás algo, contá conmigo". Además, aprendí todo el sistema interno, las sesiones, los proyectos, las comisiones".

"Antes de llegar a la Legislatura trabajé como cadete de una casa de cuero, como empleado en una panadería y en un maxiquiosco. También pasé música y animé alguna que
otra fiesta. Eso es un hobby que tengo y me gusta todo, el jazz, el rock, la cumbia, las baladas. Tiene que ver con los estados de ánimo. La música te puede hacer muy bien o destrozar, porque si estás mal y escuchás a Arjona (Ricardo) o a Chayanne, vas directo al balcón".

"Mi viejo no era militante. El ser militante político no se hereda. Los que dicen que alguien ocupa un cargo por portación de apellido, se equivocan. Ser hijo de es una consecuencia y cuando uno es hijo de un militante no pide permiso para meterse en política, simplemente lo hace de manera natural".

"Con la política también aprendí a ser compañero y compartir viajes con amigos. Recuerdo un viaje que hicimos a Malmoe (Suecia), en el 2000, para asistir al Encuentro Ordinario de
la Internacional Socialista. En una carpa estábamos el “Ruso” (Alejandro) Rabinovich, yo y otros 9 tipos. La pasamos muy bien".

"Soy un tipo muy informado, es algo casi enfermizo. Cuando llegué al despacho pedí que me traigan todos los diarios que estaban en el bloque. Todas las noches me duermo con Crónica TV. A veces miro TN, pero repiten mucho y Crónica
te da eso de información constante".

"Nunca me voy a olvidar el día que me afilié a la UCR. Cumplía 18 años y fui a la casa de “Beto” (el famoso puntero de Villa Lugano Roberto Larrosa), llené mi ficha y su hijo,
Robertito, me dijo: “Feliz cumpleaños” y me dio una palmada en la cara. Era como un premio. Mis viejos tenían un negocio en la feria, en Lugano, en el Centro de Abastecimiento Municipal Nº 5, al lado del cine El Progreso. Si hacía las cosas bien en la escuela, mi mamá me llevaba los sábados y yo me cruzaba al comité. Era algo que me gustaba y que me llamaba
la atención".

"En Lugano hay una realidad muy diferente al resto de la ciudad. Lo sé como vecino. Ahora quieren construir viviendas y llenar el barrio de más gente, pero eso se debe hacer acompañado mejores servicios y garantizar, como mínimo,
educación y salud. Se necesitan vacantes en las escuelas y un
hospital en el sur de la Ciudad. No puede ser que en el norte hagan obras en tres meses y tarden más de veinte años para construir el hospital. Todos nos conmovemos cuando vemos a los desnutridos de las provincias del norte, pero nadie habla de la desnutrición que hay en Lugano, de los chicos que van a la escuela desnutridos".

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