La política del incendio
Los contendientes están dispuestos a extender la guerra hasta la aniquilación total del enemigo. El filósofo francés Michel Foucault afirmó que la política es la continuación de la guerra en otros términos. Y la exactitud de su definición cuaja a la perfección con el conflicto que vienen manteniendo la Nación y la Ciudad por el traspaso de las seis líneas de subterráneos y el Premetro. Lo peor del caso es que los damnificados directos de esa disputa son los usuarios. O sea que mientras los gobiernos de la Presidenta de la nación, Cristina Fernández de Kirchner y el del jefe de gobierno de la Ciudad, Mauricio Macri, se pelean por los medios sobre quien debe hacerse cargo del servicio, los únicos que sufrieron en carne propio los trastornos provocados por los seis días de paro del subte, desde el viernes a las 21 hasta el anunciado para este jueves, son los más de un millón de usuarios.
Pero existe una explicación sobre los motivos que hicieron posible que la huelga se extendiera tanto. Una trama secreta de reuniones entre macristas, kirchneristas, gremialistas y directivos de la empresa Metrovias, a los que se sumó en última instancia la justicia que describen los fallos en la negociación previa que terminó desencadenando uno de los paros más largos de la historia del subterráneo.
Desde comienzos de la semana pasada y ante los reclamos salariales de los metrodelegados de exigir una suba de sus sueldos del 28 por ciento, con la posibilidad de una negativa de la concesionaria, se produjeron una serie de reuniones secretas entre el titular de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT), Eduardo Sícaro, el subsecretario de Transporte porteño, Guillermo Dietrich y el hombre a cargo de Subterráneos de Buenos Aires Sociedad del Estado (SBASE), Juan Pablo Piccardo, para destrabar el inminente conflicto gremial que se aproximaba. El nombre propio de los funcionarios implicados en los encuentros evidenciaba que tanto el kirchnerismo como el macrismo querían lograr una solución en conjunto que facilitara una suba salarial del 23 por ciento, a la cual los metrodelegados le habrían dado el okey y de esa manera evitar el paro. Es más según pudo saber Noticias Urbanas también se produjo un encuentro reservado entre el ministro del Interior de la Nación, Florencio Randazzo y el jefe de gabinete del gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, para destrabar la disputa. Lo que estaba bien en claro era que el acuerdo era sólo por el reclamo salarial y dejaba afuera la cuestión del traspaso, por el momento.
Uno de los puntos principales debatidos en las reuniones incluía el aval del gobierno nacional para que la Ciudad pudiera pedir un préstamo a un organismo financiero internacional (como el BID) que le diera fondos frescos para poder hacerse cargo del dinero que se necesitaba invertir en los subterráneos. El 80 por ciento des este préstamo sería abonado por la Ciudad y el 20 restante por la Nación. Otro de las posibilidades que se discutieron para sustentar el aumento fue un incremento en el boleto de subte. ?Macri estaba de acuerdo en aumentar la tarifa pero exigía que el kirchnerismo hiciera lo propio con el colectivo y el tren para de esta forma no terminara siendo otra vez el malo de la película y no volviera a caer la cantidad de usuarios de subterráneos como sucedió en enero luego de que el Pro subió el boleto a 2,50, mientras que los colectivos y trenes siguieron iguales, lo que trajo aparejado una perdida del 20 por ciento de pasajeros a Metrovias?, le señaló a NU un político que participó de las negociaciones. El único problema que presentaba esta cuestión era quien se hacía cargo de homologar el acuerdo. También había otro tema nada menor que trababa la posible solución. Mauricio Macri no quería acordar de ninguna manera con la Nación. Sus motivos eran específicos. Por un lado, el endeudamiento del préstamo internacional podría terminar asfixiando económicamente a la administración macrista y por el otro cualquier tipo de convenio entre las partes termina jugándole en contra al macrismo porque lo acercaba cada vez más a hacerse cargo del servicio de subterráneos. Algo que pese al aval que existía en el entorno del jefe comunal, el líder máximo de Propuesta Republicana (Pro) no estaba dispuesto a aceptar. Otro de los puntos que se discutió en las reuniones que mantuvieron Sícaro, Dietrich y Piccardo se concentraba en destrabar el dinero depositado por la Nación en concepto de subsidios en una cuenta fiduciaria bancaria del Banco Nación, para que la Ciudad pudiera acceder a ese dinero y destrabar el conflicto sindical.
Ese era el acuerdo alcanzado el martes por la tarde, porque tanto Sícaro como Dietrich y Piccardo, tenían el aval político de sus respectivos jefes en este caso, Randazzo por el lado de los K y de Macri por el lado de los Pro. En el caso específico de la interna kirchnerista, Randazzo se iba a anotar una victoria de grandes proporciones si se destrababa el conflicto, ya que le iba a sumar puntos en la interna que mantiene con el ministro de Planificación Federal, Julio de Vido y lo iba a posicionar dentro del gabinete nacional como una figura preponderante. No hay que olvidar que el Ministro del Interior iba a terminar cerrando algo que De Vido no pudo, ya que el que comenzó las reuniones fallidas por el tema del traspaso por el lado K, fue el Ministro de Planificación Federal.
Pero se sucedieron dos hechos que dinamitaron toda posibilidad de acuerdo. El primero y el más fuerte, fue de neto corte político y se produjo el martes por la tarde, cuando Randazzo salió a desmentir públicamente al Jefe de Gobierno capitalino y lo trato de mentiroso. El ministro de Interior negó que Macri, le haya enviado una propuesta a la Presidenta Cristina Kirchner para destrabar el proceso de traspaso del subte y por el contrario le exigió que "se haga cargo" de la responsabilidad de administrar ese servicio en la Ciudad. Horas antes de esta declaración el propio Jefe de Gobierno capitalino había asegurado que Randazzo tenía en sus manos una propuesta que el mismo le había enviado y que la estaba analizando con la primera mandataria. ?El día que la Presidente quiera, vamos a poder hacer un acuerdo", agregó Mauricio en sus dichos públicos. La supuesta oferta había trascendido cerca de las 18, y a los pocos minutos el funcionario nacional salió a desmentir la discusión de un borrador que reflotara la negociación. "Macri miente. A mí no me mandaron ninguna contrapropuesta. El jefe de gobierno tiene una actitud absolutamente irresponsable y egoísta. Estoy indignado. No puedo creer que hayan llegado hasta esta situación. Hace 8 meses que aumentó la tarifa y no se hace cargo", remató Randazzo. Llamativamente luego del cruce entre los integrantes de nación y Ciudad se produjo la movida del secretario general de la Unión Tranviaria Automotor, Roberto Fernández, que terminó por hacer estallar lo poco que quedaba en piel del arreglo al anunciar que la UTA no participaba del mismo, había sido ignorada y por consiguiente no lo iba a apoyar. Lo que dejaba en una situación crítica a los metrodelegados, ya que si arreglaban iban a terminar quedando como acuerdistas y por eso también volvieron sobre sus pasos y anunciaron en la noche del martes, un nuevo paro de 24 horas para el miércoles.
Cristina -quien viene investigando cualquier aumento de gastos desde el presupuesto porteño- puso el grito en el cielo cuando se enteró de lo que dijo Macri porque a ella no le había llegado ninguna propuesta y le ordenó de inmediato a Randazzo que saliera a cruzarlo. Después y como es habitual, los K utilizan sus contactos con los sindicatos, ya que por un lado La Cámpora estrecho lazos con los metrodelegados y por otro la buena onda entre el ministro de Trabajo, Carlos Tomada y la UTA es histórica y se movieron algunos hilos y la Unión Tranviaria Automotor salió a patear el tablero?, le contó a este medio un influyente operador político porteño.
Esa misma tarde antes de que todo volara por el aire, Piccardo, y representantes de Metrovías y los metrodelegados se reunieron y avanazaron en el Juzgado la sede del Juzgado Contencioso Administrativo Número 6, con la titular del mismo, Laura Barreiro, (también participó la jueza Patricia López Vergara) y la legisladora porteña María José Lubertino, por un recurso de amparo para poner fin al conflicto gremial. Sin embargo, el encuentro no prosperó debido al cruce público entre el kirchnerismo y el macrismo.
El resto es historia conocida. La misma jueza Patricia López Vergara, esta vez por un pedido del fiscal porteño Federico Villalba Díaz, se encontraba abocada a encontrar una salida a esto que ya se transformó en un escándalo político con fuertes consecuencias sociales. Pero los metrodelegados y la UTA (alfiles políticos que juegan en este caso en el rol de víctimas) volvieron a paralizar un día más los subtes de la Ciudad, convirtiendo la semana entera en un infierno. La incógnita es cuando esto termine que actitud tomará la gente con los gremialistas cuando se crucen, y un poco más a largo plazo con los dirigentes nacionales y locales, los que provocaron este despropósito con fines electorales.