La educación y la guerra política
La afirmación fue tan contundente que no necesitó de segundas lecturas. Si algo le faltaba a la pésima relación política que mantienen la Nación y la Ciudad fueron las declaraciones del ministro de Educación nacional, Alberto Sileoni, sobre las tomas de colegios secundarios en la Capital Federal.
Al referirse a las últimas ocupaciones del Nacional Buenos Aires y del Carlos Pellegrini, el funcionario kirchnerista no hizo más que echarle nafta al incendio. Luego de calificar la participación política de los alumnos en centros de estudiantes como ?un triunfo de la educación y la democracia?, disparó una frase que despertó la ira macrista: ?Hay tomas que son necesarias. En casos extremos, cuando se agotan las instancias de diálogo?, aseguró Sileoni, el martes, ante varios medios periodísticos.
El vendaval de críticas que durante todo el día despertaron sus manifestaciones lo llevó a que por la noche tratara de enfriar sus dichos, aunque no llegó a retractarse por completo. ?No siempre las tomas de colegios son un caos. La autoridad de hoy no se puede ejercer como hace 40 años, y aunque no alentamos las tomas, celebro que los alumnos participen en política desde jóvenes, eso es un reaseguro para el futuro. Lo primero que me sale es celebrarlo. La verdad es que es una cocina de participación democrática, donde se aprende. Y más allá de algunas cuestiones que pueden gustar más o menos ?el método y las formas de protesta?, que los chicos quieran tener ingerencia en las decisiones es signo de madurez política?, concluyó.
Según los datos obtenidos por Noticias Urbanas, las declaraciones del ministro de Educación no tienen nada de ingenuas. ?Si observamos la posición del kirchnerismo porteño salta a la luz que existe un ataque directo de los legisladores contra la política educacional del macrismo. En realidad, subirse al caballito de la defensa de la educación pública no es nuevo y, aunque las gestiones de la Nación y la Ciudad son diferentes en el tema, también hay una utilización política de la cuestión. Desde el Pro siempre se especuló con que el kirchnerismo fogoneaba las tomas y las medidas de fuerza de los sindicatos docentes, y algo de razón tienen, aunque eso no los libra de los errores que vienen cometiendo en la gestión educativa?, le señaló a este medio un importante dirigente sindical que participa de las protestas que organiza su gremio.
Pero también existen críticas que involucran a funcionarios macristas del área de Educación bien concretas. Por ejemplo, el presidente del bloque Frente para la Victoria en la Legislatura porteña, Juan Cabandié, se opuso al cierre de grados y a las medidas adoptadas por el director de Educación de Gestión Estatal del gobierno de Mauricio Macri. ?No queda duda, Macri busca eliminar la educación pública. Maximiliano Gulmanelli, subordinado directo del ministro Esteban Bullrich, es un antiguo miembro del negocio en la educación privada. Él es quien le pone nombre y apellido a la presunción de los docentes porteños que venían advirtiendo que el cierre de grados favorecería a la escuela privada. Sus antecedentes hablan por sí solos: fue el coordinador general de la fundación de Julio Grassi, hoy juzgado por abusos sexuales?, sostuvo.
El legislador también aseguró que ?Gulmanelli fue quien instrumentó el cierre de 221 grados y negó dos micros escolares a chicos de la Villa 31. El modus operandi siempre es el mismo: se meten en la función pública para corromperla, vaciarla, quebrarla y entregarla después a sus socios privados. Hay que pararlos antes de que destruyan todo lo público?, sentenció el diputado kirchnerista.
Junto a legisladores de su bloque, comuneros, docentes y estudiantes porteños, Cabandié realizó una conferencia de prensa la semana pasada. Allí aseguraron que mientras a nivel nacional el presupuesto destinado a educación es del 6,4 por ciento, en la Ciudad es de solo el 2 por ciento. La denuncia pública fue realizada en la Escuela Nº 10 General José de San Martín, ubicada en el barrio de Almagro. Ahí dijeron presente, además de Cabandié, los diputados porteños Gabriela Alegre, Francisco ?Tito? Nenna y María Elena Naddeo, el dirigente kirchnerista Jorge ?Quito? Aragón, los comuneros Carlos Benítez y Laura Corvalán, y Eduardo Epszteyn, uno de los auditores de la Ciudad de Buenos Aires.
?El presupuesto en la Ciudad se subejecuta en un 40 por ciento, además se planificaron 47 obras en 2011 para las escuelas y más de la mitad aún no se ejecutó o está a menos del 50 por ciento de ejecución?, denunció el titular del bloque kirchnerista.
Por su parte, Nenna, quien fue dirigente docente, aseguró: ?Tenemos un informe sobre el estado de 13 escuelas infantiles donde acuden chicos de 45 días a cinco años y acá están las compañeras del barrio Ramón Carillo donde acuden 700 chicos; las obras están paradas hace cinco años. En los jardines infantiles hoy faltan 6.500 vacantes y hay una responsabilidad indelegable del Estado, no solo del Ministerio de Educación sino del jefe de Gobierno, Mauricio Macri, que en lugar de reunirse con los grandes dueños del campo, tendría que estar al frente de este gobierno resolviendo las problemáticas?.
Con todo este trasfondo, a los dichos de Sileoni se sumaron los del titular de la Academia Nacional de Educación y exrector del Colegio Nacional Buenos Aires, Horacio Sanguinetti, quien también remarcó que ?hay tomas que son necesarias?, aunque cuestionó los motivos de las últimas. ?Si van a parar la actividad del colegio y degradarlo con una toma porque quieren una fotocopiadora o un bar es una desmesura descomunal?, dijo.
Por su parte, el jefe de Gabinete del Gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, salió con los tapones de punta a contradecir los dichos de Sileoni: ?Me parece demasiado?, indicó. Rodríguez Larreta señaló que siempre está a favor de la participación de los jóvenes en la política, así como también de la libertad de expresión. Pero rechazó que un grupo de chicos tome una escuela y deje a otros cientos sin clases por la concesión de un bar, que fue uno de los motivos expuestos por los estudiantes para justificar la medida de fuerza.
A pesar de las declaraciones cruzadas y las motivaciones políticas de ambas administraciones, las tomas parecen no detenerse y la situación de la educación en la Capital Federal deja mucho que desear. Y para confirmar ese análisis no hay que comulgar con una determinada ideología ni estar encolumnado con ninguna gestión, ya sea oficialista u opositora. Solamente basta con asomarse y mirar un poco.