Excelente decisión judicial
El Juez Nacional Correccional Luis Schelgel no sólo ha tomado una decisión excelente al replantear "la dudosa constitucionalidad de la facultad policial para detener personas" cuando no hay "circunstancias debidamente fundadas" sino que además puso límite concreto en un caso de arbitrariedad policial. Arbitrariedad que suponíamos superada cuando se puso fin a los edictos con la Constitución en la Ciudad de Buenos Aires.
El caso al que nos referimos consistió en una detención indebida de jóvenes en la vía pública. El Juez inicia su trabajo señalando que la regla es la libertad ambulatoria y la excepción su privación, por lo que, en los supuestos que habilitan a la aprehensión de una persona, es la autoridad judicial la que debe controlar luego la correcta aplicación de la normativa por parte del personal de las fuerzas de seguridad.
Por tanto, controló y veamos como sigue:
El motivo aducido por la policía en el caso de marras fue que los jóvenes "se encontraban sentados en el umbral de una puerta no justificando su permanencia en el lugar y junto a otros masculinos". Alega el acta policial que ?estaban consumiendo estupefacientes y alcohol? sin que se haya secuestrado droga ni alcohol alguno. Para colmo, el subinspector firmante añade que lo anterior le ?permitió concluir que los causantes podían haber cometido el delito de hurto? . Desopilante conclusión que obviamente ni fue tomada en cuenta por el magistrado.
Esto nos hace reflexionar acerca de cuántos otros jóvenes habrán caído con anterioridad bajo las mismas presunciones de ilícitos según algún uniformado, algo que sorprende porque la ciudad está plagada de ilícitos en plena calle, entre ellos la venta de droga, que no parece motivar al ?olfato policial? tanto como los motiva el consumo ajeno.
Por suerte ?en este caso- un juez responsable ejerció dignamente su función, revisó el procedimiento y finalmente mandó a juicio penal por incumplimiento de deberes de funcionario público al policía que no respetó las garantías de la Constitución.
Moraleja: no nos durmamos en los laureles de los derechos adquiridos suponiendo que porque están escritos ya está sino que hay que controlar día a día su cumplimiento y denunciar a quienes los vulneran.