Palo Pandolfo, en la senda de Arlt
Soy de Flores, de Rivera Indarte y Laferrere. Jugaba a la pelota en la plazoleta de Bilbao y Membrillar y en la Plaza de la Misericordia. Ahora vivo en Paso del Rey, pero es una gloria volver al barrio. Me fui a los 23 años. Siempre que puedo, paso. Me emociono mucho cuando me siento en el umbral de la que era mi casa con mi hija y le cuento que yo jugaba ahí. Sigo siendo un tipo de Flores. Además amo a Roberto Arlt. Me siento muy identificado con esa línea de la cultura, de la escritura. Recuerdo que una vez en Flores, en Apocalypse, tocaba el bajo en una banda llamada Julio Madurga. Estábamos agitando el show y de pronto veo un policía con una itaka ¡arriba del escenario! El dueño del boliche se había asustado y llamado a la policía. Obviamente, canceló el show. Madurga era una banda paralela a Don Cornelio y fue mi grupo más punk. Ahí tocaba el bajo. El cantante era un íntimo amigo mío de la secundaria. Se llamaba Sergio Bondar. Él era muy amigo de Luca (Prodan). Era loco porque cuando yo llegaba, Luca se iba y cuando se iba Luca, yo llegaba, por lo que nunca lo vi. Sergio era militante de la Federación Juvenil Comunista. Un avanzado, un iluminado. Hacia teatro, diseño gráfico y serigrafía. Era poeta. Murió de sida en el 95.
Hace mucho que intento generar en la canción rioplatense contemporánea. Esa es una de mis metas intelectuales. Y diría que hasta políticas, porque el tango es una forma de resistencia cultural. En la primaria, una profesora de música nos enseñó ?Vida mía? y ?Sur?, que terminé grabando en el 95 con Baffa, un músico que tocó con Troilo. La relación con la calle me enseñó lo que me faltaba sobre el tango. Con Cornelio (NdR: Palo fue líder de Don Cornelio y la Zona y luego de Los Visitantes) compuse algunos tangos como ?Ameba? o ?Animales inferiores?, que sólo lo tocábamos en vivo. El problema del tango es el mismo que el del blues argentino: es machista, conservador y reaccionario. Me indigna que Piazzolla tuviera que salir a defender a golpes su obra. El tango, de alguna manera, se suicida. Se inyecta morfina y queda en estado de coma por años. El blues me gusta si está hecho por afroamericanos. No me gusta el blues argentino, salvo Pescado Rabioso o Pappo?s Blues. Al Carpo lo quería mucho. Y tocaba como nadie.
Don Cornelio fue el ying y el yang. Sus dos discos, Don Cornelio y Patria o muerte, formaron todo lo que un artista sueña: generar un disco FM, lleno de potencia y de amor y después uno más introspectivo, visceral. Uno quiere que los artistas que respeta, después de vender 300 mil discos, hagan algo que les nazca de los huevos. Patria o muerte fue un fracaso comercial, pero el tomar riesgos artísticos nos dio un gran respeto. Me da orgullo que gracias a Patria o muerte, tanto Adrián Dárgelos como Chizzo me rindan pleitesía y que todo el puto arco del rock argentino lo haya escuchado.
Las instituciones argentinas están viciadas de nulidad por los desaparecidos. Aquellos con ideales más altos y nobles fueron eliminados. Así, la sociedad argentina se construyó con gente resignada, cobarde y carente de impulso de cambio. Estamos en una etapa de decadencia. De acá, tenemos que ir para arriba, porque más abajo no se puede caer. Desperdiciamos la chance cuando llegó la democracia. Se le abrió la puerta al menemismo y al neoliberalismo que vino después.
Uno de mis grandes logros fue integrarme con Abuelas. Quería estar cerca de Estela (de Carlotto) y aprender de ella. Por otro lado, tuve un encuentro muy loco con Hebe de Bonafini, le dije que soñaba con que Madres y Abuelas se juntaran a limar asperezas. ¡Para qué! Me dijo de todo. Fue flasheante, porque ahí vi aparecer el mito de la Hebe, la que va a las barricadas en Berlín, en Belgrado, con los movimientos sociales. Entonces, le agarré la mano y se la besé. ¡Se aflojó toda! Me dijo: ?Loco, loco?, y se fue. Lo último que yo quería era que se enojara conmigo.
¿Qué le diría hoy al Palo de la época de Madurga y Don Cornelio? ¡Qué sé yo! En esa época no escuchaba consejos. Le diría de ir tomar un vino a la esquina con un sándwich de mortadela. Y después salir a ver qué pasa.