En la Barraca Peña, sobreviviente del derrumbe y la desidia, se abre una nueva etapa
Tras décadas de deterioro, apuntalamientos precarios y promesas que nunca se concretaban, el histórico Conjunto Barraca Peña, a orillas del Riachuelo, entrará en la fase final de su transformación en museo. Desde el Gobierno porteño se aseguró que en julio quedará habilitado al público el espacio, que buscará reconstruir la intensa actividad portuaria del siglo XIX y recuperar para la Ciudad uno de sus enclaves patrimoniales más postergados.
Ubicada en la avenida Pedro de Mendoza 3003, en el barrio de La Boca, la barraca más antigua del Riachuelo tiene su origen en 1774, cuando el comerciante gallego Francisco de la Peña Fernández instaló allí un establecimiento para el comercio de frutos del país. Aunque la construcción que hoy permanece en pie data de la década de 1860, el predio conserva documentación previa incluso a la era del Virreinato, lo que lo convierte en uno de los inmuebles más antiguos de la Ciudad.
El conjunto edilicio fue ampliándose en el marco del auge agroexportador. En su momento llegó a concentrar dos sectores de producción y acopio —uno que aún se mantiene en pie y otro en ruinas—, el almacén de ramos generales “El Triunfo” (también conocido como “La Pulpería”), el mercado de lana, carbón y frutos “La Lanera”, una estación ferroviaria propia y un muelle desde el cual partían las mercaderías hacia Europa.
La Barraca Peña fue además escenario de un hito logístico: por iniciativa de su propietario Emilio Bunge se desarrolló allí una de las primeras conexiones ferroportuarias del país. El complejo contaba con la estación Barraca Peña del Ferrocarril Buenos Aires–Puerto de la Ensenada, un puente levadizo que unía ambas orillas del Riachuelo y vías que todavía hoy son utilizadas para servicios de carga del Ferrocarril Roca, aunque el transporte de pasajeros cesó en 1910.
Durante décadas, el predio fue testigo del esplendor de la actividad lanera, del modelo agroexportador y del crecimiento de la ciudad desde su etapa de “Gran Aldea” hasta consolidarse como metrópoli. Vio pasar los últimos años del Virreinato del Río de la Plata, la Revolución de Mayo, la expansión de los conventillos y la llegada masiva de inmigrantes que poblaron el sur.
En 2018, el sitio fue declarado Área de Protección Histórica (APH 54), un reconocimiento que llegó después de años de reclamos, por su estado de deterioro. El conjunto tuvo su auge entre 1860 y 1940, pero hacia 1960 comenzó un proceso de abandono que se profundizó con el paso del tiempo. Con el cambio de siglo se iniciaron gestiones para proteger el edificio y en 2006 pasó a la órbita del Ministerio de Cultura porteño. Un año más tarde comenzaron las primeras tareas de puesta en valor, aunque de manera intermitente.
El proyecto actual busca cerrar ese largo ciclo de postergaciones. Las dos primeras etapas de restauración ya concluyeron, con la consolidación estructural del almacén “El Triunfo” como prioridad. En las próximas semanas se avanzará con la incorporación de salas de exposición en ese edificio y la reapertura de la terraza mirador en “La Lanera”, con vista al Riachuelo. También se prevé la recuperación de piezas halladas en excavaciones arqueológicas y la construcción de un estacionamiento para micros turísticos y escolares.
Entre los hallazgos más destacados figura un patio con cisterna del siglo XVII descubierto durante las obras y el denominado “Pecio”, un navío del siglo XVI encontrado en 2008 en Puerto Madero durante la construcción de un edificio. Se trata de una fragata española de casi 30 metros de eslora, que contenía vasijas, herramientas, objetos de uso cotidiano y cuatro cañones. Como medida de conservación, el barco fue nuevamente inhumado en el predio de la Barraca. Las cerca de 15.000 piezas recuperadas permanecen allí, bajo estudio de antropólogos y especialistas.
La futura propuesta museográfica buscará integrar estos elementos para narrar la vida comercial y portuaria que retrató el pintor Benito Quinquela Martín en sus obras sobre el bullicioso barrio de La Boca entre fines del siglo XIX y comienzos del XX. El proyecto oficial es que el museo complemente el circuito cultural de la zona, que incluye puntos como Caminito, Fundación Proa y Colón Fábrica.
“Barraca Peña es uno de los inmuebles más antiguos que tiene Buenos Aires. Comenzamos queriendo recuperar un edificio y vamos descubriendo capas y capas de historia de la ciudad”, señaló el jefe de Gobierno, Jorge Macri, durante una recorrida por el predio junto a la ministra de Cultura, Gabriela Ricardes y al subsecretario de Patrimonio y Desarrollo Cultural, Leonardo Bellante. El mandatario subrayó que el objetivo es “proteger nuestro patrimonio y lo que nos da identidad”.
La reapertura de la Barraca como museo también busca articularse con otros espacios arqueológicos de la Ciudad, como La Cisterna y Virrey Liniers, en Monserrat y La Noria, en Villa Riachuelo, consolidando una red de sitios que permitan comprender las distintas etapas del desarrollo urbano porteño.
No obstante, el camino hacia esta instancia final no estuvo exento de conflictos. En 2020, tras siete años de litigio impulsado por el exlegislador Milcíades Peña, la Justicia ordenó al Gobierno porteño presentar un proyecto integral de conservación y restauración de la barraca. El fallo del Juzgado 3 en lo Contencioso Administrativo y Tributario consideró que el complejo se encontraba en “estado de abandono” pese a su condición de Área de Protección Histórica.
El conflicto también puso en evidencia el fracaso de iniciativas anteriores, como el proyecto para instalar allí oficinas de ACUMAR a cambio de financiar la restauración. Ese convenio, que había sido anunciado con un presupuesto millonario, quedó finalmente sin efecto cuando el organismo se retiró del acuerdo.