La impericia de Kirchner, el pecho frío de Filmus y el acierto de Heller
Carlos Heller es el nuevo candidato del kirchnerismo en la Ciudad de Buenos Aires. Es un dato interesante para la historia del movimiento Justicialista que un banquero de militancia comunista encabece la lista de su herramienta electoral. En su soledad del poder a la que llega todo gobernante, Kirchner es consciente de que la historia le pasará la factura de Heller, pero encima tuvo una idea todavía peor. Para equilibrar tanto "izquierdismo" acercó a su espacio en este turno electoral a Hugo Moyano y su delfín Julio Piumato. La clase media nunca festeja a la CGT volcada a la política. Y a las clases bajas, aquí en la Capital sólo un 10% de la población, Kirchner las deposita por dos meses cerca de las chapas, las frazadas, los ladrillos y los choripanes en el micro de los actos. Un armado de tercer cordón del conurbano a metros del obelisco.
Un avezado político como el ex presidente Néstor Kirchner no suele dejar cabos sueltos ni cuestiones libradas al azar en cuanto al mantenimiento de la cuota de poder que pone en juego el próximo 28 de junio. Si bien es cierto que, salvo honrosas excepciones -como Juan Carlos Mazzón-, el think tank con el que debe armar Kirchner el rompecabezas nacional no posee grandes luminarias y es por allí que florece una interminable cadena de errores. Es la única manera de entender el error de estrategia del santacruceño en la Capital Federal, el que se puede explicar por la desatención que le prestó durante su mandato presidencial y el enorme desgaste que le produce en este momento de supervivencia su proyecto bonaerense.
El peronismo, en su variante kicrchnerista -o sea el PJ a nivel nacional-, conserva aún ciertas costumbres que no son analizadas cada vez que suceden. Se hacen y listo. Pero algo diferente ocurrió en esta instancia. Cuando se acerca una elección, y el jefe -en este caso Néstor- decide quién encabeza al batalla, hacia allí van todos los coroneles, los sargentos, los cabos y los soldados. También para ese lado van las municiones, las armas y las valijas. Esto se resume con la ya patentada frase del peronismo de "así se ponen todos los patitos en fila". Y lo demás es desierto.
Pero resulta que a un letrado pero intermitente dirigente porteño tal como es el senador Daniel Filmus se le ocurrió una idea demoledora para el proyecto oficialista nacional, que como consecuencia directa lo único que garantiza es su deseo de continuar cuatro años más en las alfombras rojas del Senado. El ex ministro de Educación de Ibarra y de Kirchner sueña con heredar el trono dejado vacante por el Tío Alberto al comando del los K porteños, algo que resulta afiebrado a la luz de las realidades que aquí conviven. Y no es porque no mida bien, ya que no existen dudas en Olivos ni en ningún lado de que es Filmus el que más mueve la aguja en el planeta K.
Y aquí surge la pregunta: ¿cuál es la razón por la que el ex presidente Néstor Kirchner apretó a todos los gobernadores, intendentes, legisladores y a Dios y María santísima, y no a Filmus en un distrito clave y vidriera del país? ¿Qué tiene Filmus que no tiene un gobernador como Daniel Scioli o el súper barón del conurbano, Alberto Balestrini, por nombrar dos personajes importantes de la política vernácula que conocieron el polvo de las "candidaturas testimoniales"?
El antecesor de Tedesco en un Ministerio (si no lo conoce vaya al Google) supo cómo zafar de la encerrona que se le venía. "El distrito fue complicado siempre para nosotros y esta vez seguramente será peor", dijo a su socio de aventuras Carlos Heller. Allí nació la idea de diluir la propuesta K en cuantas propuestas florecieran para minimizar la derrota. Heller entendió que era su momento y no le sacó el culo a la jeringa como el ex de Flacso. Se instaló primero para ser algo en el armado, y luego de quince días de estar sólo en las paredes de la Ciudad ya cuando los demás quisieron hablar de unidad todos estaban ya sin agua y en el desierto. No hay política de unidad en los K porteños porque no había construcción previa (Alberto) y mucho menos expectativas futuras. En esta elección de la Ciudad, no hay política a plazo para estos espacios, es una clara elección de negocio corto, hay que colar y basta. El 29 con la chapa puesta se volverá a mirar qué política es posible, con quién y hacia dónde.
El socio de Alberto de tantas batallas, Aníbal Ibarra, cada vez era menos confiable en la estrategia gubernamental con sus continuos desplantes y en caso que con el mayor pragamatismo llegara alguien a esa orilla sería el bote de Alberto antes que el suyo, pensó Filmus. Allí se lanzó el nombre de Rafael Bielsa para eclipsar la ausencia del senador en la boleta, ya que ex canciller tiene una aceptación razonablemente buena en el distrito. Pero Rafael llegó tarde y seahogó en un mar de dudas. Y sobre los pejotistas que están con Telerman. "Ellos tienen el Frente para la Victoria, por lo que tampoco serán ajenos a esto", pensó Filmus, que fue aún más lejos: "Hasta Ibarra va a tener que explicar que no es funcional al kirchnerismo si va con Alberto, el tipo con más poder que tuvieron los K durante cinco años".
En una palabra, hasta ahora Néstor está convencido de que lo mejor para él es una estrategia un tanto gelatinosa que sería algo así como "que va con todos y con nadie, que no pierde nunca mal y capaz que gana algo con todos un poquito". Lo de Heller, de todos modos, salió más fuerte de lo pensado en Olivos.
Jorge Telerman, un enemigo de cualquier relacionamiento con los Kirchner, encontró con esta jugada un peronismo más proclive a su candidatura. Dos cosas confluyen para eso: el nombre de Heller del otro lado y el poderoso aparato del SUTERH que comandan Víctor Santa María y Juan Manuel Olmos del otro, con PJ incluido a lo que se agrega el grupo histórico T con Alejandro Rabinovich de un lado y Sergio Beros y Federico Saraviapor el otro. Por allí podrían aparecer y otros referentes que, aún en el Gobierno, entienden que la coherencia pasa por este espacio. La confusión de la gente común entre Telerman e Ibarra puede brindarle al Pelado un extra bonus luego del blooper televisivo de Aníbal.
Kirchner pudo ordenar a los patitos como se hace en el peronismo. Hasta ayer no lo había hecho. Tuvo tiempo y quizás alguna razón. Pero ninguna valedera y se quedó sólo con Heller y Moyano. Para la Ciudad, bastante poco y contradictorio.