Entre la nostalgia y lo freak
Acá no hay lugar para las caras largas. ¡No se consiguen!?, precisa Nicolás Cors sobre la Bizarren Miusik Parti. No exagera. Al ingresar a El Teatro de Flores (Rivadavia 7806), una quisiera tener ojos en la espalda para no perder detalles. Es que de un lado unos treintañeros juegan al flipper. Del otro, Barney estrecha entre sus brazos a Bob Esponja al lado de unas chicas que emulan a Flavia Palmiero interpretando ?El Ratón Pérez?. Más allá, al sonar el himno de Las Primas, ?Dame una alegría?, y el jingle de Tofi, ?Vamos a cambiar el mundo, con una dulzura especial?, un trencito humano deviene en dominó, que cae sin violencia. Y más acá, Pitufina chamuyando con Freddie Mercury. ¡Stop! Sólo falta un hada. Sí, aquella que parece haber tocado a todos con la varita mágica de la buena onda. Y de lo extravagante.
Nicolás Cors cuenta que hace unos años se le ocurrió bajar canciones ?de esos artistas olvidados al punto de no saber si siguen actuando o manejan un remís, como Machito Ponce, Pocho la Pantera o Jazzy Mel?. Pero no le bastó con volver a escucharlos: quiso ir a bailar donde pasaran esa música. ?En pleno posCromañón no había dónde ir, así que con unos amigos decidí armar una fiesta?, rememora los comienzos, cuando aún era metalúrgico. Luego, el boca a boca alimentó la criatura. Así, de casa pasaron a los boliches porteños y más tarde a programar fechas para el interior, siempre con ciertos condimentos que conjugan la cultura popular de los 70, 80 y 90 con los cumples infantiles. Mucha piñata y sánguches de bondiola.
Después de que Willy Polvorón, ?trovador surrealista?, animara la previa al show de Mario Sapag y la actuación de Vilma Palma e Vampiros, su máxima ?La vida es una sucesión de asados?, dejó lugar a Pablito Ruiz, Pancho y la Sonora Colorada, Cebollitas y a Su, versionando a Village People. ?En las Bizarren recordás tu infancia y no tenés miedo al ridículo. No hay prejuicios?, comenta Gimena, vestida como para ir a bailar a Puerto Madero. En tanto Pablo, disfrazado de cubo mágico, asegura que este tipo de fiestas ?son descontracturantes para alguien que está todo el día de traje en la oficina?. Agrega eufórico: ?Además, no me gusta el reggaetón?. Mientras, Claudia y Cecilia, ?Lazy y Town?, afirman que les gusta el clima de las fiestas bizarras porque no hay piñas ni insultos. Por eso, dicen, dejaron de bolichear. Entonces, se abrazan y cantan ?más, me das cada día más?. Y abrazan a la cronista. ?Ya no hay cosas con las que la gente se identifique. Volvemos al pasado porque el argentino ?arriesga Nicolás Cors? quiere revivir lo que le generó alegría. Quiere volver, por ejemplo, a Pumper Nic?, suelta en una especie de nostalgia sin lágrimas, que suena al gesto de un moribundo queriendo que se lo recuerde con una sonrisa.