Publicado: 26/04/2026 UTC Política Por: Horacio Ríos

Kicillof sería uno de los candidatos, pero Dante Gebel piensa competir: ¿habrá más?

En el peronismo hay debate interno. Extrañamente, los dos posibles candidatos quieren prescindir de su estructura, lo que puede abrir paso a más postulantes. Los gobernadores podrían poner a uno de los suyos en carrera.
Kicillof sería uno de los candidatos, pero Dante Gebel piensa competir: ¿habrá más?
Horacio Ríos
axel kicillof

En medio del vendaval de desastres que es la Argentina del presente, en la que se desfinancia al Estado (es decir, al Pueblo) para financiar a la especulación financiera (es decir, al extranjero) y en el que los fabricantes encargan en China lo que no con capaces de manufacturar en la Patria, el peronismo busca en la dispersión argentina y en la propia, un esquivo proyecto político sanador.

La primera premisa será bucear en la historia y el folklore propios, encontrar el relato y rastrear los recursos y los métodos de adoctrinamiento en las mentes del Pueblo, todo esto en medio del caos producido por las constantes interpretaciones de los medios de comunicación acerca de la realidad cotidiana. En este terreno, las mentiras y las operaciones se entrecruzan y generan serias interferencias en la información.

En este tráfico intenso de desviaciones de la realidad, pocos reparan en que el diez por ciento de los argentinos está endeudado con algún banco y el 25% lo está con alguna billetera virtual. Asimismo, el acceso al trabajo de los jóvenes de los conurbanos argentinos se produce a edades cada vez menores. El 36% comienza antes de los 16 años y casi el 80% lo hace antes de los 18 años. A causa de esto, el 52% de ellos sufre de ansiedad y el 37%, de depresión. Las drogas no podían estar ausentes en este panorama: el 51% sabe que sus amigos consumen algún tipo de estupefaciente, mientras que el 15% reconoce su adicción a las sustancias toxicológicas, en el pasado o en el presente. A su vez, según un relevamiento del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) y la Asociación Fundar, el 42% de los jóvenes del conurbano abandonó la escuela.

Este panorama permite augurar que tras el paso del ciclón libertario quedará tierra arrasada y aquí aparece otro dilema. El nuevo camino del peronismo no pasará por ser el reivindicador de los derechos. Éstos ya existen y hay que respetarlos, pero hubo en el pasado cierta demagogia en algunas políticas de reparación social, ya que a menudo éstas no construían futuro. Eran un remiendo a un problema lacerante, pero no transformaban la realidad de los receptores. No había propuestas de formación laboral, no había propuestas de inserción en el mundo del trabajo, no había más que inmediatez reivindicativa.

Perón dijo que “gobernar es crear trabajo”. La propuesta de estos días debe ser la de crear una industria de transformación. No hay un país serio que exporte trigo, maíz, soja y otras oleaginosas. Menos aún, que exporte mena de oro, mena de uranio o espodumena de litio sin procesar. Sin un masivo proceso de manufacturación y de trabajo argentino no hay un país viable.

¿Hay vida más allá del algoritmo?

El problema para el peronismo será, entonces, no repetir el lenguaje ya conocido. El acento debe estar puesto en la transformación de los productos que se extraen de la naturaleza y que se crean a través de la tecnología y de la ciencia.

El relato que tanto éxito cosechó entre 2003 y 2015 sería contraproducente en los días que corren. ¿Existe un discurso que supere al algoritmo? ¿Existe un lenguaje que exprese el alma argentina, que exprese a la Argentina de hoy? ¿Cuál es el sujeto político argentino de hoy?

Pareciera que Milei encontró el discurso justo en 2023 y después comenzó a repetirse, mientras la realidad que él mismo había modificado exigía un paso más hacia adelante. Debajo de la grieta está el abismo o sea que sería necesario dejar de profundizarla, so pena de perderse en el vacío. Nietzche planteaba en su libro “Más allá del bien y el mal”, que “cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti".

El peronismo ya vivió demasiado desde 1945 como para pensar que “hay que volver a la doctrina”, así como estaba planteada entonces. Mucha agua transcurrió bajo los puentes desde entonces. Hay un veterano mutualista que exige que se produzca un gran congreso de filosofía, al que deberían concurrir sólo a discutir de política y filosofía todos los que tengan algo que decir. Ergo, no sería sólo para filósofos y científicos.

No es sólo de lenguaje de lo que se habla, sino de expresión política. Las nuevas canciones de las que habló alguna Vez Axel Kicillof exigen una alianza fuerte con los productores del agro y de la industria, a la vez que debe redefinir con autoridad el rol del sistema financiero, exigir nuevas normas comerciales -no puede ser que un producto que sale de fábrica a $5.000 llegue al público a más de $10.000- y promover un mercado interno que obligue a producir y a exportar solamente los excedentes de la producción nacional.

Esto último exige, a su vez, reorientar el “desarrollo hacia afuera”, que consiste en la producción para el mercado externo, sin contrapartida en el mercado interno. Hoy, la carne se produce para exportar, lo que “commoditiza” muchos productos y los encarece. Esto ocurre porque los precios se fijan en connivencia con la “pizarra Chicago” (cereales) o la “pizarra Shangai” (caucho) o la “pizarra Londres” (petróleo Brent). Esto debe ser corregido. Lo contrario sumergiría al país a un estado de crisis permanente o, como mínimo, de crisis quinquenales.

La otra alianza es con el vasto mundo de “los que se quedaron afuera”. En los alrededores de las grandes ciudades habita el corazón de la Argentina. Recuperar el Estado para ellos sería una obra gigantesca.

Después del 24 de marzo de 1976 -el de Videla- se completó un círculo que se venía dibujando desde el golpe anterior -el de Onganía-, ocurrido el 28 de junio de 1966. A partir de estos golpes militares, el Estado se ausentó de los barrios humildes de todo el país. Sólo quedaron en esos asentamientos las fuerzas represivas. Toda injusticia exige represión. Así se manejaron las cosas en Argentina.

Frente a ese panorama, este viernes a las 14:00 Kicillof va a asumir la presidencia del Partido Justicialista bonaerense. El desafío será grande, porque Kicillof, al igual que Cristina Fernández de Kirchner, no conduce al peronismo. Conduce el partido, que no es lo mismo. Si convoca a todo el peronismo, muchos no van a contestar el llamado. En realidad, cualquiera que convoque va a sufrir el “mal de ausencias”.

Paralelamente, los gobernadores se están planteando promover a un candidato propio para competir en 2027, un tema que surgió en un encuentro entre los mandatarios del Norte Grande realizada en Salta en los comienzos de este año. Prescindir de la estructura peronista conlleva el riesgo de atomización y eso es lo que está pasando.

Para peor, desde los ’90, cuando Carlos Saúl Menem se convirtió en el caudillo del peronismo, el Movimiento Nacional Justicialista se atomizó en miles de pequeñas agrupaciones. En realidad, esto venía de antes, pero este proceso se consolidó a partir de 1989. El propio Kicillof lanzó su agrupación -el Movimiento Derecho al Futuro-, lo que lo convierte en líder de una facción, sin ánimo abarcativo o totalizador. Este defecto es un síntoma, más que una culpa. Surgió a partir de 1976, cuando había que sobrevivir, porque sin supervivencia no había militancia, ni futuro. Ahí comienzan a formarse esos pequeños cenáculos, a los que sólo entraba la gente de confianza. Un error en este campo le costaba la vida a todos los demás. La llegada de la democracia no cicatrizó esta herida, que sigue desangrando al peronismo de estos días.

La danza de la fortuna

Precandidatos no hay muchos, pero existen. Kicillof es el primero, pero no va a encolumnar a todo el peronismo detrás de él. Los gobernadores, mientras negocian cualquier cosa bajo cuerda con Milei, se desinteresaron por la política nacional y se encerraron en sus propios territorios y su propia medianía. No tienen candidato propio, más que Kicillof. Además, no existe ya la Liga de los Gobernadores cuyo último líder fue José Luis Gioja y antes que éste lo fueron el “Tati” Vernet y Eduardo Duhalde.

La mosca blanca es ahora Dante Gebel. En un programa de televisión en el que fue entrevistado, le hicieron una serie de preguntas, que merecieron de parte del pastor de la River Church de Annaheim, California, una serie de “no sé”, que asombró a más de uno. Se le preguntó si “Milei respeta la investidura” (“no sé”); si “Milei debió pedirle (a Adorni) que diera un paso al costado” (“no sé”); si “sentís que el gobierno tiene claro el metro cuadrado de la gente” (“no sé”); si “¿estás más cerca de Milei o más cerca de Cristina?” (“de ninguno”); ¿estás en contra del aborto?”, (“ni a favor ni en contra”); “ordename de mejor a peor los presidentes de la democracia, desde Alfonsín hasta Milei”, (“es muuuuy subjetivo”); “¿qué dirigente argentino admirás?”, (“yyyy, cuesta mucho, no te puedo dar una respuesta”); “¿qué es el peronismo para vos?” (“no lo podría definir en una palabra”); finalmente, el pobre Novaresio le espetó: “Javier Milei es…” (“el presidente de la República”). Un pastor inexplicado vendría a ser como un náufrago sin bote.

El inefable residente en EEUU viajó en un avión privado por todo el país, se reunió con el gobernador cordobés Martín Llaryora, con empresarios de distinta extracción. Posteriormente, se reunió en la sede de la Unión Obrera de la Construcción con Jorge Sola (Sindicato del Seguro), Cristian Jerónimo (SEIVARA, Vidrio), Gerardo Martínez (UOCRA), José Luis Lingeri (SGBATOS, Obras Sanitarias), Pablo Flores (AEFIP, Empleados de AFIP) y Nahuel Chancel (SUPeH, Petroleros) y la exdiputada Graciela Camaño.

La mano derecha del pastor es Juan Pablo Brey, secretario general del Sindicato de Aeronavegantes y expresidente del club All Boys, posición de la cual fue eyectado por los socios en una asamblea en la que debía decidirse si el club entraba en concurso de acreedores. El encuentro terminó en escándalo y Brey terminó destituido.

Gebel es un emergente de una crisis política. Quiere ser el candidato del peronismo, pero sin la estructura peronista. Es un pastor, pero ahora lo niega y dice que es un “comunicador”. Quiere dedicarse a la política, pero anda haciendo papelones con un espectáculo titular “PresiDante”, aludiendo a la similitud entre su nombre y la candidatura a la que aspira. Una colección de intangibles que sólo pueden terminar en un desastre. Por último, una postal de su postulación: Gebel apoyado en un auto, una lujosa Ferrari amarilla. No negra, como la que don Enzo le vendió a Maradona, que se quejó amargamente porque no tenía stéreo. ¿El de Gebel lo tendrá? Si es que es suyo.

El peronismo es demasiado generoso con algunos personajes.

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