Milei desplazó a Nimo tras escándalo en Madrid
La remoción de Marcelo Alejandro Nimo de la Embajada argentina en España cerró una de las internas más visibles dentro de la representación diplomática en Madrid y marcó un nuevo capítulo de tensión entre funcionarios del cuerpo diplomático y el oficialismo libertario. El Gobierno nacional formalizó su cese como agregado especializado en el Área de Promoción de Inversiones y Comercio Internacional mediante el Decreto 588/2026, firmado por el presidente Javier Milei, el ministro de Economía Luis Caputo y el canciller Pablo Quirno. En el texto oficial la medida se justifica en la necesidad de “lograr una mejor eficiencia del funcionamiento” de la representación y remarca que los cargos diplomáticos deben ajustarse a los lineamientos de política exterior del Estado, sin aludir directamente al conflicto entre Nimo y el embajador Wenceslao Bunge Saravia.
Detrás del episodio hay una trayectoria política y profesional que explica en parte la exposición pública del exfuncionario. Abogado de formación, Nimo transitó por múltiples espacios —desde el menemismo hasta el Pro, pasando por el massismo y el Frente de Todos— antes de convertirse en una de las caras más visibles del proyecto libertario en España. Su llegada a Madrid en abril de 2023 como agregado comercial se dio durante administraciones previas; tras la asunción de Milei fue inicialmente separado y luego reincorporado y promovido por decreto en 2024 a consejero de Embajada con funciones protocolares y de promoción de inversiones.
La convivencia en la sede diplomática se tensó por el perfil autónomo que Nimo imprimió a su gestión. Conocido por promover una "diplomacia ambulante" y defender una reforma de la estructura estatal —que él mismo llamó "motosierra"—, el exagregado consolidó una red de contactos entre empresarios, inversores y referentes del liberalismo económico para atraer capitales hacia Argentina. Ese accionar, valorado por parte del oficialismo por su orientación pro-mercado, generó reservas en otros funcionarios que cuestionaron la falta de coordinación con la conducción de la embajada.
El conflicto llegó al plano público cuando el embajador Bunge Saravia ordenó el retiro del despacho que Nimo ocupaba en la sede del barrio de Salamanca, un gesto que la representación justificó como una redistribución de espacios tras el cierre de un inmueble consular. Para Nimo, en cambio, la medida tuvo una carga política: calificó el traslado de su oficina como “una agresión” y sostuvo que se buscaba “deshacerse de un símbolo” de las ideas libertarias en Madrid. La disputa mostró además diferencias sobre el rumbo de la política exterior económica, en particular sobre el ritmo y alcance de la reducción del gasto público y la relación directa con el sector privado.
El cruce dejó en evidencia la influencia de redes intelectuales y académicas en torno a la Escuela Austríaca. Nimo se presenta públicamente como discípulo del economista español Jesús Huerta de Soto, figura de referencia para sectores anarcocapitalistas y cercana al presidente Milei, y cursó estudios de posgrado en la Universidad Rey Juan Carlos. Esa cercanía alimentó también controversias por nombramientos conexos, como el de Eva Carrasco Bañuelos al frente del Colegio Mayor Argentino en Madrid; Nimo negó cualquier gestión en ese expediente y rechazó imputaciones de conflicto de intereses.
Con su cese formalizado por decreto, la embajada enfrenta ahora el desafío de recomponer la coordinación interna y afinar la implementación de sus objetivos comerciales y diplomáticos en España. La salida de Nimo cierra una etapa de fuerte visibilidad política pero abre interrogantes sobre cómo el Ministerio de Relaciones Exteriores y la misión en Madrid articularán la promoción de inversiones sin tensiones públicas entre sus representantes.