Visita papal: la Iglesia admite diferencias con el Gobierno
La postura eclesiástica contrastó de forma directa con el discurso oficialista que días atrás intentó suavizar el vínculo. Mientras que el canciller Pablo Quirno había afirmado que el Ejecutivo comparte "el 95% de la agenda" de la Santa Sede, García Cuerva matizó fuertemente estas declaraciones al señalar que, aunque existen coincidencias puntuales como la defensa de la vida desde la concepción, los desacuerdos son profundos y evidentes. “Hay diferencias y no está mal reconocerlas”, sentenció el prelado ante la prensa, instalando una agenda propia y autónoma frente a la Casa Rosada.
El principal foco de divergencia radica en la mirada social y económica de la actual administración. El presidente de la CEA, Marcelo Colombo, y el cardenal Ángel Rossi enfatizaron que el lema de la visita, “Bienvenidos todos, vayan y anuncien”, representa una crítica implícita a los discursos de exclusión. La Iglesia contrapuso el modelo gubernamental con los postulados de la encíclica Magnifica Humanitas, exigiendo que los sectores más postergados de la sociedad dejen de ser tratados como “piedras desechables” y pasen a ser la “piedra angular” del desarrollo nacional.
Asimismo, las autoridades eclesiásticas expresaron su preocupación por el clima de polarización política y el impacto de la crisis socioeconómica en los sectores más vulnerables. Desde la CEA se insistió en que el Papa no viene a convalidar las políticas oficiales ni a tomar partido en la denominada "grieta" argentina. Por el contrario, recalcaron que su agenda pastoral priorizará los márgenes de la sociedad, incluyendo visitas a personas con discapacidad en el Pequeño Cottolengo Don Orione de Claypole y encuentros con reclusos, lo que supone un fuerte mensaje de sensibilidad social ante las medidas de ajuste.
La Iglesia también dejó en claro que la organización de la visita papal no debe interpretarse como un aval a la gestión de turno, sino como un esfuerzo de coordinación logística e institucional estrictamente necesario entre el Estado y el Episcopado. Los obispos remarcaron que el éxito del viaje no se medirá por las fotos oficiales con los funcionarios públicos, sino por la capacidad de sembrar un mensaje de fraternidad que desafíe las lógicas individuales y de confrontación promovidas desde ciertos sectores del poder.
Hacia el cierre de la presentación, los líderes católicos advirtieron que el verdadero desafío comenzará una vez que León XIV abandone el territorio argentino, momento en el cual el país deberá afrontar las tareas pendientes en materia de equidad y justicia social. Con este posicionamiento, la Iglesia ratifica su rol de contrapeso crítico frente al Gobierno, asegurando que mantendrá una postura firme en la defensa de los más necesitados y rechazando cualquier intento oficial de asimilar la presencia del Papa como un respaldo político a su gestión.