El turibus, con muchos problemas
Buenos Aires. Diez cincuenta y cinco de la mañana de un sábado otoñal. El sol se durmió entre las nubes y parece no querer despertar. La Ciudad tampoco. Una veintena de personas abrigadas hasta las orejas esperan en Diagonal Norte y Florida. El bus turístico de Buenos Aires está por llegar. Cámaras de foto, filmadoras, pasamontañas, guantes y camperas son el equipo elegido.
Once de la mañana. Un micro de dos pisos, sin techo, amarillo y negro, ploteado con imágenes de un libro, estaciona ?a veinte metros de la parada 0 indicada con un cartel amarillo? frente a la pequeña caseta de información al turista donde los pasajeros habían adquirido sus boletos. Esperando un guía, una seña, algo, se miran unos a otros, confundidos, y finalmente marchan en tropel y se ubican, codazo de por medio, frente a la puerta que se abre justo a la mitad del bus.
Parada 0: ?¿Boletos...??, pregunta y anuncia un joven desde el interior del vehículo. Los turistas comienzan a subir, pasaje en mano la mayoría, sin mayores indicaciones que un ?buenos días? y se ubican intuitivamente en el piso superior. ?¿Me podrías dar un mapa del recorrido?
Donde compré el boleto me dieron unos folletos pero me dijeron que la información propia del bus me la darían aquí?, inquiere una señora al empleado, mientras el micro comienza a circular. ?No tengo, se me acabaron?, responde el joven.
Parada 1: El turibus inicia su recorrido con el pasaje completo. Pero los asientos ocupados, sólo por unos segundos, comienzan a liberarse; algunos pasajeros se paran a tomar fotografías, pero la gran mayoría abandona su posición en búsqueda de auriculares que funcionen o que al menos protejan del frío a las ya coloradas orejas. ?A su derecha, el edificio del Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires, integrado por 30 concejales electos por voluntad popular?, informa, erróneamente, en español y a través de parlantes, la pista guía grabada al pasar frente al Cabildo.
La solidaridad porteña comienza a hacerse ver, cediendo los auriculares que funcionaban a aquellos visitantes de países no hispanohablantes, los cuales, por suerte, eran pocos. Los semáforos de la Plaza de Mayo únicamente eran respetados por el vehículo; el audio, como montado en una onda verde, continua avanzando en su relato, mientras los curiosos de a pie aprovechan las paradas para sacarse fotos con el llamativo
y rubio bus.
El recorrido avanza y con él, las dificultades. Una pareja alemana, desilusionada al no encontrar un audio que pudieran comprender (a pesar de que el idioma germano integra la oferta de 10 lenguas), se dedica a tomar fotos de pie y fumar, ambas cosas prohibidas expresamente en el boleto pero no indicadas de ninguna forma en el micro.
De hecho, hay cinturones de seguridad en cada asiento que nadie utiliza, y nadie de la empresa se encarga de controlar que sean usados. Interesados por el barrio, los alemanes junto a otros paseantes deciden bajarse en San Telmo, dejando espacio para que otros turistas suban con rumbo a La Boca (parada donde se produce en la mañana el mayor éxodo y en la tarde la demanda más fuerte de ascenso).
Barracas, Parque Lezama y la Costanera Sur pasan a un ritmo mucho más lento que el relato. Las fallas persisten sin corregirse. La hora del almuerzo llega junto con Puerto Madero, donde varios deciden aprovechar la oferta gastronómica de la zona y, de paso, la exposición de la Prefectura Naval.
En Avenida del Libertador el paseo se acelera, aunque no debería. Para poder disfrutar de museos, monumentos y parques habría que tener reflejos más rápidos que los de Schumacher. El Zoo, el Botánico, Barrio Parque y Recoleta traen el verde y con él, el ataque de la flora nativa a los pasajeros desprevenidos.
La velocidad vuelve a aumentar al dejar atrás la paqueta Alvear y tomar la 9 de Julio hacia el sur para poder disfrutar al detalle únicamente las obras que rodean el Teatro Colón, ya que lo que se supone debía observarse según el mapa (el Teatro Cervantes, el museo del Holocausto y la sinagoga más importante de la Ciudad) es obviado, razón que motiva a varios pasajeros a bajar y hacer a pie el recorrido sugerido.
Nuevamente sobre 9 de Julio, el Obelisco, los carteles proselitistas y las grandes marquesinas anuncian el final del recorrido. Una vez más, dos horas y 45 minutos más tarde, Diagonal Norte y la peatonal Florida nos dan la bienvenida con sus ofertas de café caliente.
Audio desfasado, con un volumen extremadamente alto y en sólo cuatro de las 10 ofertas de idioma. Auriculares rotos y escasos. Guías sin identificación ni uniforme, mal predispuestos a la atención, cero control de los pasajeros a excepción del boleto. Choferes despreocupados por el bienestar de los turistas del primer piso y, en algunos casos puntuales, hablando por celular mientras manejan y generando un equívoco en el recorrido.
Estos son algunos de los problemas que pueden detectarse al realizar el recorrido turístico ofrecido por Buenos Aires Bus desde hace poco más de un mes, fecha en la que también comenzaron las quejas de los usuarios en la web del Gobierno de la Ciudad.
LA VOZ DE LA EMPRESA
Gustavo Sergio Garófalo, gerente comercial de Buenos Aires Bus, habló con Noticias Urbanas y respondió a todos los cuestionamientos. "Hay cosas para corregir, pero las estamos viendo y trabajando para mejorarlas. Apenas cumplimos el primer mes. Es un poco "ensayo y error". Vamos a imprimir un folleto con información adicional sobre seguridad a bordo, porque hemos notado que el turista no lee las indicaciones que figuran detrás de cada boleto. En la Ciudad no se puede viajar parado y sin cinturón, pero la gente de acá se te amotina y quiere viajar parada abajo cuando llueve o hace frío", relata.
"Todos los empleados reciben la misma directiva, pero no todos la implementan correctamente. El guía a bordo está para evacuar alguna inquietud, pero su función es organizar y vender boletos. El guía, al operar el audio manualmente, está limitado para tener otras ocupaciones, deberían tener gafetes a la vista, controlaremos que cumplan con esto, que es una obligación", agrega.
Luego de reconocer que "el 70 por ciento de los reclamos es por inconvenientes en el sistema de audio", Garófalo informa que "se comenzó a diseñar un sistema nuevo con GPS que próximamente estará en funcionamiento y permitirá que la descripción del paseo esté en simultáneo con los puntos que se recorren".
"Queríamos utilizar el sistema de Madrid, donde los auriculares son descartables, pero se probaron los receptores en las unidades y, cuando estás a cielo abierto, no escuchás bien, porque Buenos Aires es una ciudad muy ruidosa. El auricular fijo nos presentó el problema del uso que le da la gente, desaparecen o se rompen. En un mes se rompieron o desaparecieron 600 auriculares, unos 100 por micro", subraya.
La Ciudad no ayuda, recauda y reclama
Árboles que golpean al pasaje o dificultan la visión de los puntos señalados, obras que atrapan las paradas establecidas, calles cortadas que obligan a cambiar el recorrido, edificios históricos en obra o mal mantenidos y ausencia de personal de seguridad en las paradas, donde el turista, con un cartel de ?robame? en la frente, espera la llegada del bus.
"El Gobierno de la Ciudad audita todo. Este es un producto del Gobierno de la Ciudad. Una unión transitoria de empresas prestamos el servicio y abonamos un canon en función a la cantidad de boletos vendidos ?el 25 por ciento?", asegura Garófalo. También reconoce el problema con algunas paradas. Sin embargo, atribuye al diseño del recorrido establecido en la licitación la imposibilidad de mover su ubicación. ?Ya realizamos varios pedidos solicitando que se recorten algunos árboles, pero aún no se ha hecho.
En la zona de Tribunales tuvimos que modificar y reducir el recorrido porque las ramas de un gomero histórico golpean el ómnibus y a los pasajeros del piso de arriba poniéndolos en riesgo, por esta razón el paseo sólo rodea el Teatro Colón?, explica. Voceros del Ente de Turismo de la Ciudad explicaron a Noticias Urbanas que el órgano ejecutor controla mediante dos métodos: azaroso y previo aviso.
En el primer método, el inspector se convierte en un cliente más y verifica todos los aspectos del servicio para luego labrar un informe. En el segundo, se le informa a la UTE que los inspectores pasarán revisión y se vigila sobre todo aspectos técnicos de las unidades, estado de conservación, material informativo, etcétera.
"Como el sistema apenas lleva un mes, estamos en una especie de período de gracia. Si bien se ha enviado la advertencia, se les está dando el tiempo para que mejoren los aspectos observados. De no haber mejora se aplica una sanción económica y, si se necesitase (por ejemplo si se descubren casos de discriminación a discapacitados), la sanción podría ser el quite de la concesión del servicio", afirman.
Los inspectores del Ente, mediante el mecanismo azaroso, encontraron fallas en la capacitación del personal y trato al cliente; además de fallas en el control de la seguridad de las personas. En tanto, a nivel técnico, se detectaron faltantes en los boletos y "enormes" fallas en el audio, la sincronización del recorrido y en los LCD de los micros.
Por su parte, el presidente del directorio del Ente Único Regulador de Servicios Públicos, Lisandro Ferrali, explica que, "como en el pliego de licitación se establece que es ?un servicio de circuito turístico por transporte automotor? y no un servicio público de pasajeros, no le corresponde al Ente controlarlo".
"Si bien no es nuestra competencia, acordamos con Rodrigo Herrera Bravo (titular del Ente de Turismo) colaborar con nuestros técnicos para realizar los controles de todo lo vinculado al transporte, como la fijación de paradas, respeto de las mismas, cartelería y contaminación provocada por las unidades", comenta.
LA EXPERIENCIA MEXICANA
Si bien existen otras grandes ciudades que ofrecen el servicio de turibus ?como Madrid, Barcelona, Roma, Berlín, Londres, París, Nueva York, Sidney, Munich, San Francisco, Seattle, Chicago, Victoria, Toronto y Ottawa?, en Latinoamérica, Santiago de Chile y Ciudad de México son nuestras referencias más cercanas, y el último es el caso más exitoso.
El turibus mexicano tiene tres rutas de recorridos posibles en el DF, las cuales se recorren con el mismo boleto, auriculares descartables y mapa provistos al subir. Como en Buenos Aires, las unidades pasan cada 30 minutos por las paradas señalizadas, pero a diferencia del sistema vernáculo, la empresa del Grupo ADO tiene 23 unidades en movimiento que circulan desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche; y un servicio especial para recorrer el DF con luz de luna de 21 a 01. Aquí el servicio es suministrado por 6 unidades, comenzando a las 9 y finalizando a las 17.30.
Otro punto de diferencia es el personal por unidad, mientras en México están el conductor, el anfitrión y el guarda de seguridad (quién se ubica en la escalera del micro), en Buenos Aires sólo una persona acompaña al conductor.
En diálogo con Noticias Urbanas, Gastón Ramos Sanmillán, ex director general de Servicios al Turista de la Secretaría de Turismo Federal de México y actual director ejecutivo de la Oficina de Congresos y Convenciones del Consejo de Promoción Turística de México, asegura que "el turibus ha resultado ser un gran atractivo para los turistas en general, así como para los participantes en congresos y convenciones que vienen a México, ya que se ofrece un servicio especial para los grupos, en donde se pueden recorrer rutas alternas a las establecidas, así como servicio de bocadillos y bebidas durante los recorridos".
"Este atractivo turístico ha resultado todo un éxito y es una herramienta de promoción y venta muy importante para las ciudades que lo tienen, ya que, como en otros países, este servicio te permite recorrer la ciudad de una forma diferente, con múltiples opciones para abordar y descender", agrega Ramos.
"El turibus no representa ningún costo para el Estado ya que ha sido concesionado a una empresa, pero cuando el Gobierno requiere algún servicio especial o cortesía, ésto le es brindado con base en lo establecido en el contrato de operación, que contempla estos beneficios", relata el funcionario mexicano.