Publicado: 22/01/2010 UTC General Por: Redacción NU

“Nosotros podemos poner al Papa con un plumero en el orto, pero va tener un por qué”

Así como la revista Humor patentó un modo de comprender la política y el periodismo durante la transición democrática, o sea, desde el Proceso hasta la aurora alfonsinista, o así como el diario Página/12 brilló en la época del menemismo, la revista Barcelona surge como uno de los hijos culturales del kirchnerismo, una marca de la década que supo poner en escena la densidad de una agenda, insoportable para muchos.
“Nosotros podemos poner al Papa con un plumero en el orto, pero va tener un por qué”
Redacción NU
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¿Cómo empezó la Barcelona? Llama la atención que haya coincidido con el principio del kirchnerismo.

?El número uno nace con Duhalde. Nace con las elecciones, antes de la primera vuelta. El gran dilema del número uno fue cómo hablar de Menem sin nombrarlo. Nosotros, obviamente, odiábamos a Menem, pero también odiábamos todo ese antimenemismo en el que todo el mundo puteaba a Menem para entonces sacar chapa de progresismo. Y aparte estaba esa cosa de burlarse de él utilizando la agenda que él mismo proponía, como esa cosa de Sócrates, de Anillaco? todo lo que se jodía con Menem, era lo que Menem quería. Estábamos hartos de Menem pero había que hablar de él porque era el candidato con más intención de voto, pero, ¿cómo hacer para hablar de él sin nombrarlo ni poner una imagen? Para nosotros lo mejor que se podía hacer era obviarlo. Entonces hicimos una contratapa en la que estaba la cara de Cecilia Bolocco, estando ella justo embarazada, y decía algo así como: ?Aborto ya. Barcelona defiende la libertad de las mujeres?.

?¿Qué elementos se conjugaron para que exista la Barcelona?

?Yo creo que la crisis de 2001. Aunque me cuesta teorizar sobre algo en lo que estoy tan involucrado. Pero el punto de inflexión y lo que a nosotros nos une es la crisis y el estallido. Si bien el primer número sale en abril de 2003, nosotros empezamos a laburar en el proyecto a mediados de 2001. Y el nombre mismo es producto de eso, de la diáspora, de irse a la mierda porque este país no daba para más y Barcelona era la tierra prometida. Surge de habernos quedado sin laburo en 2001 y decir ?hagamos lo que se nos cante?, un poco por esta situación de desolación que había. Si vamos a fracasar igual, hagámoslo.

?¿Te imaginaste en ese momento que Barcelona llegaría a ser lo que es ahora?

?¡Ni en pedo! Empezamos a juntarnos y armar el ?mono? a mediados de 2001, y nuestra idea era sacarla en 2002. El dólar se disparó, era inviable, no teníamos precio del papel, nos resultaba imposible y aparte no teníamos un mango para hacerlo. Después, el tío de Ingrid (Beck) nos prestó una guita, sabiendo que nunca se la íbamos a devolver, y se la devolvimos. Pero expectativa cero, por esa cosa que a uno le pasa en la cabeza de disociar lo que a uno le gusta del laburo. Si vos hacés una revista que es un delirio, una quemazón total y te encanta, no va a ser rentable ni en pedo. No lo es tampoco, ¿eh? Ni siquiera ahora vivimos de la Barcelona, nos deja muy poco.

?Vos tenés una historia militante desde chico, ¿perdiste la esperanza? Porque Barcelona es una revista muy cínica.

?Primero me gustaría aclarar el significado altamente positivo que a mi entender tienen dos palabras con las que me identifico mucho, que son: anarquía, por lo que era el ideario libertario, que tiene que ver con la solidaridad, con apelar a lo mejor del ser humano; y el cinismo, por lo que tiene que ver con los filósofos cínicos de la antigua Grecia, que eran tipos que satirizaban y se burlaban de las peores cosas que sucedían en la sociedad, llevando una vida muy austera. Aclaro esto porque cuando Duhalde o la revista Noticias hablan de anarquía, hablan de caos social y de desintegración; de lo contrario a lo que es el ideario libertario del anarquismo. Y cuando se habla del cinismo, se lo relaciona a personajes como Carlos Menem o Kohan, gente siniestra. Y el cinismo no se hace desde el poder sino contra el poder. Y me parece que la militancia está asociada a una cuestión orgánica que tiene que ver con acceder al gobierno y a tener el control del aparato estatal. Pero nosotros somos una revista al mismo tiempo cínica y militante. Si no fuéramos militantes no seguiríamos haciendo una revista con la cual yo gano 1.200 mangos por mes, siendo una revista que tiene la tirada que tiene (28 mil ejemplares). Cuando digo que es la revista que quiero hacer, no sólo me refiero a que publico lo que quiero decir, sino a que las condiciones de producción de la revista son acordes a eso que quiero decir y la gente con la que laburo es amiga y podemos hablar las cosas de manera absolutamente horizontal. Yo sé que llevar este tipo de estructura u organización para acceder al manejo del aparato estatal es complicado. Pero bueno, construyo desde ahí y me parece que eso es militante, si no me dedicaría a otra cosa.

?¿Y qué es eso que querés decir? ¿Cuáles son las ideas que defiende Barcelona?

?Básicamente defiende la idea de ponerse del lado de la gente que es víctima de algún abuso del poder. Creo que es una revista que ridiculiza al poder. Vos me dirás: eso es destrucción y no construcción. Yo creo que toda construcción necesita de esa destrucción. Nosotros desnaturalizamos con el lenguaje las cosas que se naturalizan en determinadas relaciones de poder.

?Por un lado existe la idea de que la Barcelona es una revista apolítica porque no se juega por nada, y por el otro, algunos han llegado a decir ?como Aliverti? que es la única revista política.

?Sí, a veces cosechamos elogios de gente que no puedo creer. Por un lado de gente que admiro, como Verbitsky o Aliverti, y por el otro, salimos en ?Charlas de quincho?, de Ámbito Financiero. A mí me parece absurdo que la política sea estar del lado de determinado partido o de determinado gobierno. Yo tengo dos ejes que atraviesan las cosas que hago y la Barcelona, que son la cuestión que tiene que ver con el contenido y la forma: poética y política. Trato de que las dos cosas vayan a un mismo lado y sean una misma cosa. Me hinchan las pelotas determinados proyectos muy bien intencionados desde el discurso político, pero que están presentados de una manera que son un plomo, hechos sólo para gente que ya se sabe que piensa de determinada manera. Entonces trato de que las cosas sean un poco más abiertas y, sobre todo, que sean más divertidas. Lo divertido para mí es tan esencial como lo político. Pasarla bien es político también. Aburrirme con algo, por más bien intencionado que sea, por más que estemos del mismo bando, es un embole.

?¿Cuál es el lector de la revista Barcelona?

?No tengo idea y me chupa un huevo. Lo bueno de que Barcelona siga siendo un proyecto del que no vivimos es que nos saca la presión de pensar en el lector y pensar si esto le va a gustar o no. Pienso en el lector en el sentido de que, por ejemplo, creemos que Barcelona es una revista que tiene que estar bien escrita. En eso no hay ningún tipo de negociación.
?Nos pasa que muchas veces frente a una nueva tapa de Barcelona pensamos: ?Se fueron a la mierda?. ¿Hay límites?
?No. Hay mucho laburo de discutir y de darle muchas vueltas al asunto. Y hay una cosa básica que siempre nos planteamos, que es qué estamos diciendo con esto. Ésa es la pregunta que siempre surge. Porque nosotros nunca nos planteamos ser una revista de humor, somos una revista periodística. Nunca sentimos que nos vamos al carajo. Tal vez en las discusiones que tenemos podemos llegar a decir ?esto no pero porque es sólo humor negro y no está diciendo nada?. Todo tiene que tener un sentido y estar diciendo algo. Sabemos que hay cosas que chocan. Adriana Meyer, que es columnista del programa de Aliverti, justamente nos decía el otro día que al principio lo que hacíamos con (Julio) López la irritaba mucho, pero dice que ahora le tapamos la boca porque somos el único medio que se acuerda de López. Recuerdo hace unos años cuando murió una trabajadora de la planta de Clarín, fuimos el único medio que publicó eso. También a veces pasa eso. Pero volviendo al ?con eso no se jode?, una cosa que nos pasa con eso es que no hay límites, pero hay límites con el tratamiento, y eso se llama ?línea editorial?. Cualquier medio sabe que aborda las cosas de una determinada manera. Nosotros podemos poner al Papa con un plumero en el orto, pero va tener un por qué. No hay límites en el sentido de los temas porque justamente somos un medio periodístico, laburamos con la agenda periodística de los diarios. Entonces si es noticia el Holocausto o los desaparecidos, nosotros trabajamos con eso.

?¿Qué le aporta la Barcelona a la sociedad?

?Lo divertido incluye lo militante, el compromiso político con lo que estamos haciendo. No nos podemos hacer los boludos en cuanto a la pretensión que tenemos. Estaría buenísimo que todo el que hiciera periodismo blanqueara que si vos hacés cualquier tipo de expresión artística o periodística o algo que vaya a llegar a un determinado público, de algún modo, en algún lugar, vos pretendés cambiarle la cabeza, la forma de pensar, querés incidir en la vida cultural del ámbito de la sociedad al que va destinado aquello que vos hacés. En nuestro caso es intervenir en el lenguaje y en el cómo se construye el poder desde el lenguaje, y poner en evidencia lo ridículas que resultan las cosas naturalizadas. Es muy jodido no hacerse cargo de que uno en algún punto quiere cambiar determinadas cosas de la sociedad con lo que hace. Y creo que es muy pelotudo también creer que en algún punto uno puede cambiarlas. Hay que buscar el equilibrio entre esas dos cosas.

?¿Existe un gobierno posible en el que Barcelona no fuera posible?

?No sé. No me lo imagino. Tiendo a creer que no, por el resultado de las experiencias más cercanas de lo que en teoría podría ser una sociedad ideal. Barcelona, durante la Guerra Civil Española, o la Revolución Española, como la llamaban los anarquistas, fue la ciudad donde se vivió la experiencia anarquista más concreta. Entonces, se encontraron ante la paradoja de tomar el poder. Los hicieron mierda al final. Esto me hace pensar que es complicado, que es difícil. Pero podría haber menos razones para que exista la Barcelona, deberían mejorar muchísimas cosas.

?¿Le ves algo de interesante al kirchnerismo?

?Sí, claro. Por supuesto. Tiene que ver con la cantidad de gente muy respetable, y con la que me siento muy cercana en muchas cosas, que forma parte del Gobierno o está muy cerca del Gobierno. Y, obviamente, sus enemigos, como decía Jorge Rivas. Me parece muy buena la frase y muy ingeniosa y está bien en el caso del Gobierno, pero también es cierto que si me guío por ese tipo de razonamientos puedo llegar a sentir simpatías por Stalin o Al Qaeda. Pero en este caso vos ves del otro lado a la Sociedad Rural y a todo lo que es la oposición política y me parece nefasto. Y creo que hay medidas, como la Ley de Medios o la asignación por hijo, que están bien. Lejos de ser oficialista, con este tipo de simpatías de las que te hablaba, me sentí más oficialista con Cristina que con Néstor. Verbitsky decía que este gobierno es más progresista que el de Kirchner. Dice dos cosas básicas: que Kirchner estaba en contra de la 125 y que pactó con Clarín. Supongo que él tendrá un poco de información. Todas estas cosas siempre hay que ponerlas en la perspectiva de cuáles son las opciones. Entiendo ese tipo de razonamientos de gente que es muy afín y que quiero, en algunos casos, y en otros respeto mucho, pero a mí no me alcanza como para ser oficialista y tengo un montón de argumentos que me hacen pensar que no.

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