Publicado: 09/01/2011 UTC General Por: Redacción NU

La solución no es sólo habitacional

"La toma del parque Indoamericano fue apenas un botón de muestra de las asimetrías sociales que existen en Buenos Aires y en el Gran Buenos Aires. El hecho fue político y su solución parcial también fue política"
La solución no es sólo habitacional
Redacción NU
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La irrupción de miles de excluidos de la democracia en los terrenos del parque Indoamericano y el Club Albariño interpeló a los que planifican el país ?y la Ciudad? para que se sacudan la modorra y comiencen a replantearse algunos temas que hace demasiado tiempo que barrieron bajo la alfombra.

Lo primero que salió a la luz a raíz de estos sucesos es que la solución de fondo es federal. El gobierno porteño no logrará terminar con los problemas de la pobreza y del déficit de la vivienda en soledad, aunque está claro que también sus funcionarios deberán primero pedir ayuda al Gobierno nacional y luego pensar en soluciones un poco más profundas que las que enumeró el Jefe de Gobierno el 29 de enero, en la que prometió una inversión de 830 millones de pesos para construir ?ocho mil soluciones habitacionales? sin aclarar cuáles serán éstas.

También la ocupación de los terrenos desnudó muchas falencias en la operatividad de ambos gobiernos, el distrital y el nacional. La Policía Metropolitana mostró una vez más su impericia, en tanto que el jefe del Gabinete de Ministros recién aportó sus fuerzas para el operativo de seguridad varios días después de que se hubiera producido la ocupación.

Si de alambrar se trata, es imposible hacerlo en la ciudad de Buenos Aires para convertirla en un exclusivo ?country? en el que sólo podrán vivir los que posean un alto nivel de vida. Esta práctica xenófoba de expulsar a los excluidos acabaría con la democracia y agravaría los problemas hasta niveles insoportables.

Es cierto que los territorios en los que existe mayor abundancia son los lugares que convocan a los que menos tienen. Ocurre en casi todo el mundo. En algunas partes hasta se construyeron ?o se están por construir? muros para intentar contener a los desesperados que buscan una vida mejor en donde no los quieren. Ocurre u ocurrirá en Estados Unidos, Grecia e Israel, por de pronto.

Si en Buenos Aires viven alrededor de 150 mil personas en villas y asentamientos precarios, en busca de un mundo mejor, pero la solución para ellos no llega, entonces es el momento de plantear alternativas.

De todos modos, éstas no llegarán desde el Instituto de la Vivienda, porque su elaboración lo excede ampliamente. Tampoco será posible resolver los innumerables conflictos sociales que cruzan a la sociedad argentina reprimiendo a los que quieren entrar a un sistema que primero los dejó afuera.
Por otro lado, es cierto que Buenos Aires es la meca para cientos de inmigrantes que llegan desde el norte de nuestro país: Bolivia, Paraguay, Perú y de Uruguay, a los que hay que agregar a los que están arribando desde África y Europa.
Esta masiva inmigración provoca que los servicios educativos y de salud reciban una demanda mayor a la que planificaron los expertos de la Ciudad.

Estas desordenadas migraciones las sufren casi todas las áreas urbanas de las ciudades más grandes y se traducen en asentamientos precarios y en el crecimiento de la conflictividad social.

¿Habrá llegado el momento de pensar en crear pueblos y ciudades en todo el país que alivien los inconvenientes, no sólo de Buenos Aires, sino de otras ciudades y provincias que sufren graves problemas sociales?

¿Será posible equilibrar las asimetrías poblacionales que se producen en distintos lugares del país, en el que hay algunas regiones en las que se reclama una mano de obra que escasea y otras en las que existe una hacinación excesiva, que condena a muchos a la marginalidad?

No existe solución posible a este problema si no se encara, al menos, tomando en cuenta a toda el Área Metropolitana de Buenos Aires.

La toma del parque Indoamericano fue apenas un botón de muestra de las asimetrías sociales que existen en Buenos Aires y en el Gran Buenos Aires. El hecho fue político y su solución parcial también fue política.

Es el momento de encarar respuestas que vayan más allá del clientelismo, porque éste perpetúa una situación que se agrava constantemente, provocando estallidos como los que terminamos de sufrir.

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