Vivir al límite
Según el Censo Nacional que se realizó el 27 de octubre último, viven en la Ciudad de Buenos Aires 2.891.082 hombres y mujeres, que habitan en 1.479.015 viviendas. Son números positivos, que reflejan una realidad cercana al Primer Mundo: casi una vivienda por cada dos habitantes.
Pero la estadística, según los escépticos, es una ciencia que afirma que si una noche una familia comió dos pollos en tanto que sus vecinos pasaban hambre, para el inventario promedio cada una consumió un pollo.
Según un trabajo paralelo encarado por la Dirección de Estadística y Censos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, si bien el 61,7 por ciento de los porteños son propietarios de sus viviendas, existen más de 300 mil personas ?un 10,9 por ciento? que viven en casas precarias, es decir, que no les pertenecen o que son locales no destinados a vivienda, por los que en ocasiones pagan alquileres abusivos y, peor aún, tienen en el futuro mínimas posibilidades de acceder algún día a su propio techo.
Propietarios y carecientes
La emergencia habitacional existe desde hace demasiados años en la Ciudad de Buenos Aires, pero hoy la precariedad es más precariedad en la zona sur de la metrópoli porteña. Allí, según el mismo estudio, sólo el 54 por ciento de los porteños son propietarios, en tanto que el 17,3 por ciento ejerce una ciudadanía incompleta, porque a su falta de vivienda se le deben agregar muchas otras carencias.
Por su parte, la situación empeora en la zona sureste, en la que sólo el 49,8 por ciento de sus habitantes es dueño de su vivienda, en tanto que los ciudadanos precarizados llegan al 12,8 por ciento.
Los barrios más afectados por la carencia habitacional y la hacinación son los de San Cristóbal, Balvanera, Constitución, San Telmo, la Boca, Nueva Pompeya, Barracas y Parque Patricios, en los que la pobreza golpea más fuerte que en los barrios del norte, siempre privilegiados por los gobiernos que se han sucedido a lo largo de la historia.
Cifras en cuestión
El referente del comedor Los Pibes, de la Boca, Lito Borello, no está de acuerdo con las cifras oficiales. ?La cifra real de gente sin vivienda es de casi el doble: son unas 500 mil a 600 mil personas las que viven en esa condición. Son personas que viven en villas, asentamientos, hoteles, pensiones y dormitorios en los que muchos se tienen que levantar a la mañana e irse, para volver recién a la noche, a la hora de dormir.?
?Hoy vemos gente que vive situaciones realmente dramáticas ?continúa Borello?, porque transita con mucho dolor esta situación, en una ciudad altamente desigual, que nuevamente marca diferencias indignas entre los que tienen y los que no tienen prácticamente nada.?
Sin vivienda, sin Estado
La legisladora de la Coalición Cívica Rocío Sánchez Andía, por su parte, reclama que ?cada una de las carencias que existen en el área de vivienda debe tener una solución por parte del Estado, en lo inmediato y en el largo plazo. Además, la solución habitacional debe ser definitiva, porque si no es definitiva, el problema se va acumulando?.
?El tema de los alquileres es otro nuevo flagelo que tiene que soportar el habitante de las villas cuando está en emergencia habitacional ?advierte la legisladora?. Es una de las causas por las que esta gente se lanzó a una toma en el caso del parque Indoamericano. Fueron familias que se metieron en una situación con cierto nivel de riesgo.?
?Fue un quiebre cultural, porque esa gente salió de la formalidad de una vivienda y saltó a la precariedad de una toma, ése es un quiebre. Ese quiebre fue el inicio de los grandes asentamientos. Fue la cuestión de una necesidad básica?, expresó Sánchez Andía.
Montadas en esas situaciones de precarización, a menudo motivadas por la retirada del Estado de su rol de regulador de las relaciones sociales y de equilibrador de la distribución del ingreso, nacieron muchas de las luchas que parieron a la militancia de estos tiempos.
Lito Borello recuerda los comienzos del comedor Los Pibes, de la Boca, que ?nació al calor del desalojo de las Bodegas Giol, una ex fábrica, que por la política neoliberal de aquel tiempo quedó como una cáscara vacía y se empezó a ocupar lentamente. No fue una toma organizada, sino que se fue dando paulatinamente. En 1991, cuando vimos la posibilidad del desalojo, comenzamos a organizarnos realmente?.
?Ya ahí se notaba ?cuenta el líder social? cómo el tema del techo, de la vivienda digna, se convertía en una necesidad que no tenía solución. Si bien el tema de la falta de vivienda es de larga data, el crecimiento exponencial se dio a partir de la política neoliberal de los 90.?
?El 95 fue un año de profundizar la organización, una etapa que culminó el 25 de mayo de 1996, cuando abrimos el comedor Los Pibes, que nació como un merendero. Ni comedor era en ese tiempo?, rememora.
El vuelo de los caranchos
Sánchez Andía relata que, tras la aparición de los nuevos barrios erigidos por los excluidos del banquete de la democracia, ?comenzó, con la aparición de estos asentamientos y núcleos habitacionales, la especulación y ahora hay un mercado inmobiliario informal, motivado por la ausencia del Estado desde hace mucho tiempo en ese lugar?.
?Antes, la toma de una casa la hacía una familia ?evoca la legisladora?, que a veces se reunía en consorcio con otras personas. Ahora existe gente que toma esas casas y luego inicia el negocio de la toma. Eso da origen a la aparición de organizaciones mafiosas que se apropian de un inmueble y lo subalquilan.?
?Después ?se indigna la integrante del bloque de la Coalición Cívica?, los que tienen el problema del desalojo, son esas familias, que son violentadas dos veces, una por el apropiador que especuló con su pobreza y otra por la expulsión, muchas veces violenta, que deben sufrir.?
Precariedad e injusticia
Borello explica que ?la familia que no tiene resuelto el techo sufre de una gran inseguridad, es una familia que no puede establecerse, sus chicos no tienen una dirección cierta. Además, a la hora de ir a pedir trabajo deben negar donde viven, porque si no, no lo consiguen, o deben saltar de pensión en pensión?.
?La falta de vivienda afecta y atraviesa profundamente a toda la familia. Hay familias divididas porque hay hoteles en los que el marido no puede estar o los chicos se tienen que levantar a la mañana e irse sin que los vean, porque en muchos lados se les prohíbe tenerlos?, enumera el referente del comedor Los Pibes.
Sur, Indoamericano y después
Borello denuncia que en los hechos ocurridos en diciembre en Villa Soldati ?convergen distintos temas. El problema de la vivienda era uno que se estaba empezando a resolver, pero a partir de la llegada de Macri volvió a empeorar rápidamente. Macri creó las condiciones con su política, que retrotrajo a todas las áreas sociales, por lo que la falta de vivienda volvió a generar un caldo de cultivo para lo que finalmente ocurrió?.
?Éste ?el tema de la vivienda? es un problema concreto y real, pero también es cierto que además se monta sobre él una operación. Esta operación tiene que ver con la decisión del bloque dominante de tratar de detener el proceso de transformaciones que se viene dando en la región y también en la Argentina?, retrucó el dirigente.
?Lo que quiero decir ?aclara Borello? es que, en el marco de una necesidad real, hay montada una operación que genera el propio Macri, que apuesta a ser parte de esa decisión del bloque dominante de frenar el proceso que antes encarnó Néstor Kirchner y hoy encarna Cristina.?
El dirigente kirchnerista aclara también que ?en la Boca, hay un porcentaje muy alto de gente que vive este problema. La Boca es, tradicionalmente, un dormitorio de trabajadores, históricamente ha sido así?.
Aún así, Borello dice que su barrio ?hoy vuelve a ser, como toda la zona sur, un lugar de desigualdades notorias, donde el tema de la vivienda golpea muy fuerte porque muchas de las cooperativas que se constituyeron al calor de la Ley Nº 341, de Autogestión de la Vivienda, compraron su terreno en la Boca, porque la tierra allí es barata, y ahora están prácticamente paradas porque no se les gira el dinero para construir. Por lo tanto, esa gente resolvió su problema a medias: tiene su terreno, pero no puede construir su casa. Así es como Macri ha desfinanciado la política de viviendas sociales?, cuestiona el dirigente.