Santiagueños que son locales en Buenos Aires
Hay una renovación en el folclore así como muchos intentos de repetir o emular a los exponentes exitosos del ?folclore joven?, pero todo está muy mezclado. La orfandad en cuanto a productores y discográficas permite un laburo más libre y espontáneo de la muchachada que tiene pasión por esto. En el interior, cada pueblito tiene su cantor y su poeta. Eso es el folclore y no está direccionado al éxito ni a la especulación. El ?negocio del folclore? es otra cosa. Es la metodología que procura el éxito, la fama, la venta sin importar si lo que se hace tiene que ver con la calidad, con la identidad o con el arte en sí. Tiene que ver con la moda y sus estímulos. De ello surge algo livianito, sin forma ni dirección.
Nunca escuché el término ?popclore? con el que se denomina a muchos artistas. Es la manía eterna de los periodistas de definir las cosas aunque no estén definidas. Son expresiones típicas de la época en que los ?iluminados? generaban productos que vendían mucho. Igual, me es imposible una fusión del pop con el folclore. La fusión tiene que generar una expresión singular y representativa como resultado, lejos de la especulación que se hace desde lo comercial. Las expresiones artísticas populares son más profundas y más abarcadoras. Pasa igual con la renovación, que no se va a dar porque un pendejo cante una chacarera vestido de heavy metal. Peteco, el Cuchi, Carnota y Chango Farías Gómez son renovadores y lograron una mirada nueva de lo mismo. Entre la gente joven no hay todavía quien se les acerque un poquito.
Impasse 1: El Dúo Coplanacu está integrado por Roberto Cantos (guitarras) y Julio Paz (bombo). Coplanacu es una palabra compuesta. Toma del castellano el término ?copla? como célula de nuestro cancionero, y del quichua, el sufijo ?nacu? que da idea de reciprocidad, encuentro, comunicación.
El público porteño es particular en muchos aspectos. Siempre contamos nuestras primeras experiencias en Buenos Aires. Cuando vinimos por primera vez ya estábamos laburando un montón en el interior. Vinimos con nuestra propuesta ya redondeada y no a ?empezar desde aquí?. Teníamos el prejuicio típico del interior: que lo nuestro no se iba a entender, que se iba a subestimar, y ¡nos encontramos con todo lo contrario! Gente muy afectuosa, muy respetuosa y conocedora. Buenos Aires es tan pero tan grande que hay gente para todo. Así iniciamos una relación muy intensa y afectuosa con los porteños. Nos encanta tocar acá. Además está la gente del interior que vive en Buenos Aires, con la que tenemos una cuestión de identidad y de pertenencia muy fuerte. Por suerte nos quieren mucho y nosotros lo disfrutamos.
Soy de escuchar el folclore de otros países. El flamenco me gusta, así como la música latinoamericana. Soy fanático de Saluzzi. Escuché mucho rock y Serrat. La diferencia de lo que se escucha en Capital y en el interior es una idealización ya que lo más escuchado es la cumbia en sus diferentes formas: villera, cuarteto, guaracha. Los Beatles son un ícono como pueden ser Goyeneche, Gardel o Yupanqui. Hoy mucha gente no se sienta a escuchar música. Este es un problema con mayúsculas. El acceso a ?toda? la música te quita la música. La oferta es tan grande que si no sabés lo que querés, estás perdido. El que quiere tener el disco va y lo compra. Y el que no tiene guita va y lo baja de internet. Pero la gran mayoría lo baja sin saber para qué y es probable que no lo escuche. Hay una cultura del tener y acumular. Son formas de ?ser? o de creer que se es.
Impasse 2: La charla es interesante y no quedan temas sin tocar. Dicen que son Coplanacu porque ?la copla es verdadera cuando es popular y es popular cuando nace de la gente hacia los cantores y los cantores la devuelven cantando a su pueblo?.
Lo fundamental de cada encuentro (no me gusta la palabra ?show?) es lo que se arma entre los cantores, las canciones y la gente. Siempre apuntamos a la intensidad y a la comunicación a través de las canciones. En síntesis, vamos a cantar el último disco y las canciones que la gente quiere escuchar y cantar. Tenemos una comunión muy fuerte con el público. ¡Ésa es la palabra! Una cosa común donde a nosotros nos toca la parte de cantar. La verdad es que se produce una energía muy intensa. A veces la gente baila, canta con nosotros y hasta hace pogo, y otras veces una zambita revolotea por la sala, protagonizando ella ese momento. Dos vertientes de lo generosa que es la música.
(NOTA PUBLICADA ORIGINALMENTE EN EL SEMANARIO NOTICIAS URBANAS Nº 202, DEL 20/08/09).