Crónica de una muerte anunciada
El pasado viernes 25 Diego Aruquipa Fernández, costurero, de 19 años moría en una cama del Hospital Muñiz a causa de neumonía y tuberculosis. Su viaje desde Bolivia a la Ciudad de Buenos Aires lo había realizado con el entusiasmo de querer trabajar. Su objetivo lo consiguió pero le costó la vida.
La crónica estremecedora sobre las condiciones de vida de Aruquipa fueron relatadas, este miércoles 30 de agosto, ante la Defensoría del Pueblo de la Ciudad por un testigo, con la condición de no dar a conocer su identidad.
NOTICIAS URBANAS tuvo acceso de manera exclusiva al texto que explica las condiciones en las cuáles se vivía en la casa-taller textil clandestina, ubicada en calle Chivilcoy 630, a dos cuadras de la comisaría 43°. La misma fue clausurada el 1 de agosto por la Dirección de Fiscalización y Control que depende del Ministerio de Gobierno, a cargo de Diego Gordal, pero que igualmente continúa siendo habitada por una decena de personas.
El denunciante manifestó que cuando conoció a Aruquipa Fernández, éste estaba normal de salud pero sufría un poco de tos; que dormía en un entrepiso, al que este cronista pudo visitar el sábado 26, en un lugar oscuro lleno de cucarachas "que andaban por las paredes como si fueran hormigas". En esa casa-taller textil clandestino vivían 28 personas.
"En el mes de julio, Aruquipa comenzó a estar muy mal. En esa época estaba sin poder hablar, doblado, no podía caminar, tenía fiebre y transpiraba mucho", relató el testigo. Diego le pidió al ahora declarante en la Defensoría del Pueblo que solicitara al tallerista, Omar Serrano, el pago de lo que le debía a fin de poder volver a Bolivia. "El tallerista se negó diciendo que no había terminado su trabajo", denunció el testigo.
El 13 de julio el testigo le aconsejó a Aruquipa ir al médico. Sabe que fue a la Clínica Bolivia Andina, donde le tomaron una radiografía. Una semana después le pidió al denunciante que lo llevara a la clínica porque se sentía muy mal. El declarante sostiene que Diego "no se podía higenizar ni lavar sus ropas, por lo que despedía muy mal olor".
El 2 de agosto Diego fue llevado a la clínica "Fundación Salud para la Comunidad", ubica en Olivera 129. Allí le dijeron que se iba a morir en dos días. NOTICIAS URBANAS se comunicó con la clínica pero respondieron que en los registros de guardia, ni en las historias clínicas figura que Diego haya pasado por allí.
No satisfechos con el fatal diagnóstico fueron al Hospital de Agudos Dr. Teodoro Álvarez, ubicado en el barrio de Flores. Según el denunciante, allí lo atendió la doctora Norma Ambrosio, quien le mandó a hacer estudios. Del Álvarez lo derivaron al Hospital General de agudos Francisco Santojanni. En el hospital de Mataderos le dijeron que lo llevara al Hospital de infecciones Muñiz, en el barrio Parque Patricios.
El 4 de agosto Aruquipa fue internado en la Guardia del Hospital Muñiz. Allí permaneció hasta que falleció el viernes 25, hace exactamente una semana. La única autoridad que se comunicó con él fue del Consulado Boliviano.
Según se denuncia, la jornada de trabajo de Aruquipa comenzaba a las seis de la mañana y duraba hasta la 1 de la madrugada del día siguiente. Las comidas, si es que puede denominarlas así, eran: un té como desayuno, al mediodía paraban media hora para comer una carcaza de pollo tostado con arroz y la cena comían lo mismo que en el almuerzo. La bebida era el agua de la canilla. Esta rutina se repetía de lunes a sábados sin alteraciones, en la casa de Chivilcoy 630, donde el testigo alquilaba un cuarto.
En total, trabajaban seis personas que confeccionaban camperas rompevientos -algo que confirmó Omar Serrano Guzmán, el responsable del taller, a este medio- y pantalones para la empresa "Toda", aparentemente ubicada en Cuenca y Bogotá, una zona con cientos de locales de ropa. La retribución a su trabajo consistía en unos vales de 5 ó 10 pesos por semana.