“Soy actor hasta cuando dirijo”
Voy a hacer en el San Martín, en enero y febrero, Espía a una mujer que se mata, Todos los grandes gobiernos han evitado el teatro íntimo y Mujeres soñaron caballos. Después hay una gira, en marzo y abril, y a la vuelta voy a estar en una versión de La gaviota. Pero me siento actor incluso cuando dirijo. Estoy mucho en el escenario para ver qué pasa, estudiar cómo suena ese cuerpo con el que estamos trabajando. Música y poesía son cosas que están en mí y que de a poco las asumo y las nombro por una cuestión de respeto. Actuar y dirigir al mismo tiempo fue sencillo porque actué solo o con Oscar, el músico de Cartonero masón. Escribís ya diciendo y parándote al mismo tiempo. Ya lo vas organizando.
El teatro es donde puedo expresarme mejor pero no sé si soy un dramaturgo. Soy autor de obras teatrales que están muy relacionadas con lo que voy a hacer espacialmente. No sé escribir ni tengo intención de escribir una obra antes de montarla. En algún momento me inscribí en la Escuela Municipal para dramaturgia pero me di cuenta de que no era lo que quería. A veces me considero más un poeta que un dramaturgo y esto lo digo muy tímidamente. La poesía está puesta en el ámbito del teatro. También trabajo con la música y el material que sale son todos esos placeres y lenguajes que me gustan. Hay un accionar musical para mover esos textos, en el cual trabajamos mucho porque si no el texto no funciona. Cada ingrediente tiene que estar en su lugar porque si no, se corta el misterio de la obra y se vuelve convencional.
Impasse 1: Hacía rato que teníamos ganas de charlar con Marcelo. NU siempre destacó a Amentia así como varias puestas de Puerta Roja. Subiotto, además, nos cuenta sus puntos de vista sobre la actuación y el re-estreno de las obras.
Me sorprendió lo que pasó con Amentia porque es íntima, chica y realizada en un lugar pequeño. No es una obra fácil ya que surge de cosas escritas en relación a la luna y el mar. Estaba también trabajando con actrices, con lo cual la obra dio una idea cercana a la relación entre ellas y a la espera. Tuvimos muy buena recepción con Amentia. Es un espectáculo que tiene sus singularidades ya que no tiene el abecé dramatúrgico de todas las obras. Sin embargo, personas que no son de ir al teatro se quedan pensando con la obra. En marzo, haremos un par de funciones para ir despidiéndola. También la hicimos en el Festival de Teatro del Ecunhi. Allí, todo se resignifica de manera inesperada. Ya había ido con Amores metafísicos al Festival anterior pero la primera vez fue fuerte. Además, en Amentia, hablamos de ?cuerpos que flotan en el río?, y decir eso ahí cuesta. La hicimos en la sala chiquita, la Lorca, y quedamos sorprendidos porque vino mucha gente. Para las actrices fue muy movilizante y la reacción fue muy buena.
Todos los espectáculos son parte de una gran obra que está allá adelante. La otra vez, hice Amadeo para juntar unos manguitos para ir a Tucumán, pero no son espectáculos que tenga ganas de volver a hacer. Pero te subís a ese caballo y lo cabalgás de una manera distinta. Estás más veterano, le agregás más cosas. No soy de mirar mucho para atrás. Cada espectáculo tiene su vida. Con El círculo de Maiakovski lo haría para sacarme esas cosas que quedaron pendientes, pero quedan otras cosas delante por hacer. Amadeo es algo tan personal que el otro día lo hice como entrando en un trance y una locura que está buenísimo. Además, uno cambia y todos los espectáculos se condicen o están relacionados entre sí. No creo que lo reponga porque las obsesiones vuelven a reaparecer pero con otro formato.
Impasse 2: Marcelo toma una Sprite y come un sándwich de queso. El calor agobia. Terminamos la nota y vamos a Puerta Roja a hacer las fotos. El teatro mantiene la magia en todo momento. El fotógrafo se sorprende y tira flashes para captar su esencia.
No tengo un tránsito demasiado mágico para subir y bajar del escenario. Es muy intenso subir y el instante antes de bajar. Para mí, lo mejor es estar libre de todo, hasta del vestuario. Me refiero a la preocupación. Mi consigna es ?no me concentro porque me desconcentro?, una pavada terrible. Parece un chiste tipo ?salta Violeta?, pero me funciona porque cuando llegás a la hora de actuar, tenés que hacer eso y nada más. Construir una forma de veracidad es un laburazo y lo mejor que te puede pasar es estar ahí como un pibe. Después bajo y generalmente me tomo un vasito de alcohol.
Está bueno lo que logró Puerta Roja (NdR: colectivo y espacio teatral del que Subiotto forma parte) en este tiempo. Nunca fue nuestro objetivo ?ni lo es? generar un espacio que ocupe tal lugar. Siempre quisimos tener un espacio para hacer nuestras obras y ensayar. Nada más que eso. Tal vez, una sinceridad tan cruda con ese objetivo hizo que el espacio tuviese un tinte diferente al resto de los teatros. No sé bien por qué tiene el prestigio que tiene, por qué la gente ve lo que ve, o qué refleja. Puerta Roja es un teatro con gente que hace teatro y lo coordina gente que hace teatro. En esa locura, se generó una energía que es diferente a otros lugares. No somos ajenos a la producción. Tiene, generalmente, espectáculos sencillos, mucha ?primera obra?. Además, nosotros hacemos todo: acomodamos, damos sala... No es un sacrificio, también es teatro. Tal vez eso, al no ser tan común, dé el perfil de un ?viejo teatro?. Hay algo de eso pero tampoco levantamos una bandera. Lo hacemos porque es así y nada más.
Mujeres soñaron caballos sube a escena en el Teatro General San Martín, los Miércoles y de viernes a domingos, a las 20.30.
Espía a una mujer que se mata, por su parte, va en la misma sala, los Miércoles y de viernes a domingos, a las 22. Los jueves sale a las 20.30.