El desafío de Alberto
Cualquiera de los destinos que el juicio político le depare al jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra, en los círculos políticos de la Ciudad ya se especula que uno de los grandes perdedores en este proceso de escarnio político post Cromañón, será su aliado en el Gobierno nacional, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, quien atravesó el 2005 con otras prioridades y se notó.
A diferencia del viejo PRODE, el juicio político sólo tiene dos resultados: sobreseimiento del enjuiciado o destitución. Veamos cómo se visualiza el futuro del jefe porteño de los K en ambas variables.
CONTINÚA IBARRA
El ex fiscal sortea con éxito la Sala Juzgadora y se lo repone en el ejercicio de su cargo. Aquí las dudas se generan a partir de la cuantificación del poder de maniobra con el que Ibarra retornaría a Bolívar 1. Es de público conocimiento -y hasta se ensayó una autocrítica hace poco tiempo desde el Gobierno porteño- que "la construcción política se replegó hacia el Gobierno y no hacia la sociedad", lo que explicaba de alguna manera la soledad en la que había quedado el ibarrismo.
Esa "soledad" siempre tuvo el apoyo en los momentos claves de Alberto Fernández (de aquí en más, Alberto), pero el Gobierno porteño, de esta manera, quedó preso de una estrategia zigzagueante como la implementada por Alberto en el distrito. Si bien hay que reconocer que tampoco hizo mucho para torcer el rumbo de una persecución política implacable, pocas veces vista en la democracia argentina. No había lugar para errores y los hubo.
ALGUNOS ERRORES
La candidatura de Rafael Bielsa -ayer "mi gran amigo" y hoy expulsado del poder central-, el triunfo amplísimo de Mauricio Macri, tan ganador que se convirtió en un referente nacional de la oposición, el pase a destiempo de Borocotó con todo lo que ello generó, el papelón del bloque que se fue del recinto aquella noche en que se debía votar la acusación en el juicio político y la continuación de la misma sesión votando desunidos, y dejándole al "Tío" Alberto como le dicen sus acólitos, el sabor amargo de que su propio bloque puso el voto 30 para enjuiciar a su protegido.
Desprolijidad, ingenuidad, falta de rumbo y el más suave (pero posible) falta de tiempo para ocuparse, son algunos de los adjetivos que se le pueden adosar a un comportamiento político de a ratos esquizofrénico.
Ese Ibarra que no se ayudó a sí mismo ni tampoco obtuvo apoyo irrestricto de sus aliados, terminó cediendo espacios en su gabinete que no pararon la caída, sólo entorpecieron una gestión que quedó sin reflejo político. Es difícil imaginar un nuevo acuerdo perdurable y con un alto impacto de relanzamiento tras tanta frustración de "la sociedad que no fue". Pero parece más imposible que Ibarra despegue solo, deshaciéndose de sus aliados del 2003 y empezando otra aventura de centroizquierda que no podrá consolidar en el corto plazo (o quizás nunca) y dejará expedito el camino a otro cómodo triunfo de Macri. Esta vez y apoyado en la debilidad de sus oponentes, el ingeniero buscará el nocaut en la primera vuelta.
Este escenario en buena parte sería responsabilidad de un Alberto que por ahora piensa en Daniel Filmus justo para el año en que su jefe Néstor Kirchner debe buscar la reelección. El jefe porteño de los K deberá entender de una vez que no se puede arriesgar en 2007 a sacar el 20 por ciento de nuevo. Hay que construir políticas que impacten en la sociedad y potencien un candidato de 35 puntos por lo menos, para fortalecer y garantizar los planes nacionales del espacio. Nombres hay, pero no gustan.
LOS NOMBRES QUE NO GUSTAN
Aquí llegamos a la segunda instancia, la destitución de Ibarra. La línea sucesoria la encabeza el actual jefe de Gobierno a cargo, Jorge Telerman, un hombre con una agenda política donde figuran muchos hombres del poder nacional, algunos ligados al Gobierno pero muchos de ellos no. Ni hablar de Jorge Bergoglio, Satanás en ambas orillas de la Plaza y hombre de consulta del vicejefe.
Los pingüinos encargados de la continuidad del santacruceño en el poder, léase Carlos Zannini y sus compañeros de armado en Compromiso K, son sabedores de la necesidad de sumar en la Ciudad. "No puede ser que haya que ganar la Provincia (por Buenos Aires) por muerte para cubrir las macanas en Capital", despotrican en privado.
Telerman y Alberto no son precisamente "buenos amigos". El "Pelado" -quien está cumpliendo su rol con dignidad y lealtad- espera la definición de la situación con mucha menos ansiedad "pública" de la que se esperaba. La posibilidad del recambio dejaría a Alberto en una posición incómoda de construcción hacia el 2007 en "su" distrito y él lo sabe. Además de Vilma, ésa es la otra razón por la cual no le suelta la mano definitivamente a Aníbal. Si esto fuera así, estará en él la habilidad de compartir un nuevo armado con otros acompañantes antes que perder el control de la Ciudad. Si se puede liderar el proceso, bingo. Pero es difícil. Los que no le gustan a él le gustan a la gente y miden mejor que los suyos.
Uno de ellos es Daniel Scioli, el hombre que está solo y espera. Con ambiciones grandes, curtido en su ansiedad y librado de odios, resiste sin inmutarse cuanto misil le disparan desde la señora para abajo. Sabe que no tiene nada más para esperar de los K que la necesidad de éstos en la Ciudad. Y lo más probable es que aunque la tengan no se la manifiesten sólo hasta segundos antes de que los tape el agua. La Capital es el lugar donde puede armar un esquema lo suficientemente amplio que no entre en colisión con la Rosada y sea mucho más digerible que Macri para Néstor y Cía. Allí está la clave de la espera. Lo único seguro es que Scioli es uno de los jugadores "premier league" que tiene la Capital. Por algo el maltrato siempre termina, aprieta pero no ahorca, saben en el entorno del Presidente que no se inventa un "winner" en dos días en la sociedad más complicada del país.
CONCLUSIÓN
Hipótesis: El principal objetivo K es la reelección.
Tesis: la Capital es fundamental para lograr la misma.
Desarrollo:
Si sigue Ibarra, Alberto no podrá remontar la caída sufrida y languidecerán juntos hasta el final del mandato donde seguramente los esperará Macri para fusilarlos. Salvo que recurra a Scioli.
Si Ibarra fuera destituido, Telerman empezará de menor a mayor, buscando el pico de adhesión cerca de la elección, en un camino en el que estarían dispuestos a ayudar algunos peces gordos de la pingüinera más el arco que aporta el propio Telerman.
¿Y Alberto? En problemas.