Los socialistas abandonan a Carrió
El socialismo argentino, aquel fundado por Juan B. Justo (uno de los mejores traductores de Marx al castellano), que tuvo gran arraigo entre los trabajadores a principios del siglo XX, y que supo fundar bibliotecas, asociaciones y cooperativas, parece recuperar algo de aquel impulso innovador que por su falta de visión, resultó cooptado por el peronismo clásico.
Dirigentes, diputados, funcionarios que conversaron con este medio, manifestaron un respeto unánime por la figura de Norberto La Porta, a pesar de que el legislador pasó -como buena parte de la vertiente llamada "democrática"- por una época oscura, de apoyo a la última dictadura. No menos cierto es que la propia sociedad argentina acompañó ese proceso, pero lo que no hizo del todo la sociedad argentina empezó a hacerlo el socialismo: recambio de cuadros, nuevos dirigentes, repudio de rémoras golpistas (materializadas, fundamentalmente, en la figura de Américo Ghioldi).
El socialismo como instituto partidario orgánico es uno de los pesos (y ventajas) que soporta esa formación, peso que se aligeró con la potencia dialéctica de Guillermo Estévez Boero -de la lìnea "popular"- cuando promovió, hasta su muerte, junto a Alfredo Bravo, también hasta su muerte, la unión de los "contrarios".
Esa herencia fue a la que tuvieron que adaptarse los viejos próceres (La Porta, Polino), pero que aceptaron de buena gana quienes finalmente se quedaron con la conducción política e ideológica del partido (Jorge Rivas, Ariel Basteiro, Roy Cortina, Rubén Giustiniani, actual presidente a nivel nacional) y sobre todo, el actual intendente de Rosario: Hermes Binner.
El desprecio por el peronismo (ejercido por los Bronzini, Dickmann, Repetto, Palacios), mutó, después de la crisis del 2001 y después de Duhalde, primero en simpatía por la UCR no alfonsinista (Margarita Stolbizer, Elisa Carrió) pero también por la CTA de Víctor De Gennaro y el peronismo de Kirchner.
Los dirigentes socialistas que conversaron con NOTICIAS URBANAS no sólo aseguraron que no hay alianzas con el ARI (si es que sigue existiendo) más que a nivel de fórmula presidencial (y está por verse), pero lo más importante, que en los distritos electorales con peso, con las excepciones de Santa Fe y Capital la alianza del socialismo es con el Frente para la Victoria, haya o no haya radicales K.
Es la crónica de un final anunciado, para el ARI o para Carrió, como se prefiera, y es una jugada riesgosa para el PS, que toma el riesgo precisamente por ser una formación de doctrina, con cantidad de afiliados y de fuerte organicidad. Es legendaria la capacidad del peronismo para diluir identidades partidarias, pero es màs difícil que eso suceda cuando ha una identidad partidaria a la que subyace una doctrina, una ideología.
Ése es el caso del socialismo.