Bullrich, Kicillof y Bregman: los más “honestos” según los votantes
El politólogo y analista de opinión pública, Federico Zapata, sostuvo que “no hay una izquierdización de la sociedad argentina, pero sí hay una vuelta en escena sobre el rol del Estado”. A la vez, remarcó que la reconfiguración del electorado convive con una prioridad social que aparece con fuerza: “la honestidad” como atributo buscado en la política.
Zapata ubicó el cambio en el marco de sus estudios culturales y electorales: “nos encontramos es algo, como siempre suele ocurrir en los estudios, algo más complejo”. En esa línea, explicó que lo que detectan no es un corrimiento ideológico cerrado, sino una nueva valoración del rol estatal ligada a un valor estructurante del país: “la igualdad”. Incluso sintetizó la combinación que aparece en los resultados: “Igualdad versus libertad: 60% igualdad, 30% libertad”.
Para el entrevistado, el escenario electoral no puede leerse solo como una pelea entre polos fijos, sino como un reacomodamiento de categorías: “hoy es difícil pensar peronismo o no peronismo después del 2023”. Lo que se impone, según dijo, son “dinámicas oficialismo-oposición” y un “ensamblaje” social que combina expectativas de más Estado con una valoración del mérito, el individuo y la protección a las empresas.
En el análisis de atributos, Zapata aseguró que la variable decisiva es la percepción de honestidad. Dijo que, cuando preguntan por candidatos “lo primero que nos aparece es: “Es honesto”” y explicó que esa lectura implica una intención de “prestar una especie de servicio” y no “hacer un negocio”. Para el politólogo, en un contexto donde lo digital vuelve visible todo, “la honestidad tiene que ver con, digamos, en una era donde todo es visible… es la ruptura de la posibilidad de que me escondas algo”.
El informe también distingue perfiles concretos asociados a ese atributo. Zapata afirmó que el candidato competitivo dentro del peronismo que mide su consultora es Kicillof, y que ese mismo atributo aparece con fuerza en otros espacios: “Patricia Bullrich” y sumó a “Myriam Bregman”. En su lectura, el crecimiento de Bregman no se explica por una fórmula doctrinaria sino por un mensaje de transparencia y sintonía con la demanda social: “Bueno, la veo honesta, me dice la verdad” y “no se va a corromper, no se va a dejar seducir por las corporaciones”.
Finalmente, Zapata vinculó esa “honestidad” con una crisis más profunda, la “crisis de la autoridad”, y con el deseo de un Estado “sin intermediarios” y sin captura por intereses corporativos: “son tres personalidades que, digamos, la sociedad percibe como cuestionando las relaciones corporativas”. Y cerró con dos problemas que, según sus mediciones, siguen marcando la agenda social: “Primer y principal problema, ingresos. Segundo problema, corrupción”.