“Combatimos a Stroessner como a un monstruo”
El tema de la inmigración estuvo en el centro de la escena a raíz de los conflictos de Villa Soldati en diciembre pasado. Todos opinaron por lo del parque Indoamericano. Y Macri conectó su discurso con el sentido común bastante extendido que centra en la inmigración la raíz de los conflictos sociales.
Aquí, elegimos una mirada más profunda: no la de un especialista objetivo, sino la de un agudo observador que mira desde adentro el mundo de la comunidad paraguaya, que junto a la boliviana conforman la amplia mayoría de ese enorme colectivo social inmigratorio.
En principio, dice Gerardo Denis Vera, se trata de comprender no sólo la realidad material del migrante, sino los sentimientos de esa doble nacionalidad y de esa doble lengua. Una parte esencial de la cultura resistente paraguaya, señala, ?es el guaraní?. Una lengua que estuvo legalmente prohibida y que ninguna dictadura pudo quebrar.
?Este es el año del Bicentenario paraguayo?, cuenta con ilusión. La salud mejorada del presidente Lugo renovó las expectativas de cambio. A la vez, Gerardo piensa cosas que podríamos llamar ?melancólicas? y que están más allá de la corrección política, porque es capaz de decir con sutileza e ironía algo que se perdió después de Stroessner, siendo él un activo opositor de aquella dictadura nefasta.
Y lo llama así: ?La vieja cultura tradicional campesina?. ?Sobre la que incluso Stroessner montaba su orden y que hacía que el paraguayo que llegaba a un barrio del Gran Buenos Aires se pusiera al hombro la construcción de la capilla del barrio o de la plaza?. Eso, parece, se viene perdiendo por goleada desde la transición en 1989. Ese comunitarismo que hizo a los paraguayos respetables en los barrios humildes.
?Coménteme un poco cuál es la composición de la inmigración paraguaya, de dónde viene.
?La primera migración, la del 47, es política. En la guerra civil se genera un masivo exilio político, donde los que perdieron vinieron aquí, y se trataba de gente preparada: algunos liberales de cierta burguesía ilustrada, también ciertos sectores de izquierda muy preparados: una migración realmente calificada intelectualmente. Ahí viene José Asunción Flores, el escritor Augusto Roa Bastos, el poeta Elvio Romero.
?Incluyendo al padre de Aníbal Ibarra.
?Claro. Y luego, tiempo después, una vez que se estabiliza el régimen de Stroessner, cuando los que se quedaron se adaptaron, arranca el proceso del exilio económico. La falta de una economía ajustada al crecimiento demográfico provoca la expulsión. ¿A dónde va ir tanta gente? A una enorme cantidad de jóvenes no les queda otra que ir emigrando de a poco, hasta que afloja un poco en la época en que se construyó la represa de Itaipú, que generó una bonanza económica en Paraguay. Esto fue en el 73. De ahí hasta los 80 es como un respiro de la dictadura, pero cuando se termina Itaipú se agravan las condiciones económicas y ahí se hace insostenible para Stroessner. Esa inmigración ya es de campesinos jóvenes, muchos sin pasar por Asunción y con fuertes valores arraigados a la tierra. Un paraguayo campesino de rasgo sumiso, tranquilo, el típico hombre de campo, mirada perdida, parsimonia al hablar, al pensar, muy noble, muy dado, muy generoso, muy abierto y siempre dispuesto a trabajar, eso es hasta esa época. Se mantuvieron en tiempos de Stroessner esos valores de sumisión por sobre todas las cosas, confundidos con valores culturales: el sometimiento era parte de un valor cultural. Hasta que cae Stroessner y la mal llamada transición (porque no cambió nada, solamente cambió Stroessner), donde se genera una descomposición económica y con ella una descomposición del tejido social. Arranca la revolución verde de la soja, la mecanización, y ya no les dan posibilidades a los campesinos. El campesino, antes de Buenos Aires, pasa por Asunción. Se crea lo que se llamó Gran Asunción, unificando todas las ciudades aledañas, y ahí ya se genera una descomposición social pronunciada. Ya habíamos salido de la dictadura, supuestamente había libertad, pero una serie de cuestiones mal entendidas con la pobreza, con la falta de oportunidades, hicieron que se fueran generando los ?caballos locos?, arrebatadores, carteristas, que antes no existían en Paraguay: atracos, violencia, barras de fútbol. Y ésa es la migración que está viniendo: ya no el campesino parsimonioso e introvertido, sino muchos que vienen sin parámetros culturales sólidos, entonces son fáciles de arriar. Un paraguayo siempre hubiera dicho: ?Si no lo gano yo con mi sudor, no?, y ahora eso cambió.
?Usted no tiene que demostrar ningún tipo de animadversión hacia la dictadura de Stroessner porque la enfrentó, es hijo del exilio político, pero haciendo esa salvedad, podríamos decir que durante el stronismo existía un cierto orden, cohesión social?
?Sí, había una paz? la paz de los cementerios. Mano rígida y todavía un orden que no entró en descomposición, una cohesión y aparte un liderazgo muy sólido con una represión brutal que no daba margen de dudas: el que se quedaba, se quedaba tranquilo, o si no, lo pasan a degüello. Eso no significa que sea bueno ese orden. Cuando él cae entra una descomposición cultural y social y mucha gente dice cosas como ?en tiempos de Stroessner se vivía mejor?. Son 35 años contra siete, más siete del anterior y después los otros del Partido Colorado: son 60 años de represión que domestican a más de un pueblo. Nosotros combatimos a Stroessner como a un monstruo, porque incluso él es el que incluyó la corrupción estructural, tenía el sistema de las tres P: plata para los amigos, palo para los indecisos y plomo para los enemigos. Y entonces distribuía plata, prebendas, en muchos de los campos hizo supuestas ?reformas agrarias? para quedar bien. Y las llamó así como también llamaba ?democracia? a su régimen. Allá se votaba cada cinco años y sacaba el 90 por ciento siempre. Farsas electorales, de reformas agrarias, porque en vez de darles a los campesinos que necesitaban esas tierras, las repartía entre los generalotes, los comerciantes, los amigos que le hacían algún favor. Once millones de hectáreas, y ahí tenés nuevos latifundistas en cantidades, que es lo que hoy se reclama como tierras mal habidas, tantos millones de hectáreas?
?El inmigrante contemporáneo tiene este rasgo.
?Ya carece de ciertos valores, está absolutamente despolitizado. La primera migración fue realmente política, con vuelo intelectual sólido. Después, la económica ya más o menos pero con valores sociales y un tejido social muy familiar, y ahora no, entre esa ausencia de valores, la falta de oportunidades de Paraguay, cierto resentimiento contra su país, que los expulsa y no les da una oportunidad.