MTL: Un grito de corazón, autogestión
Un senegalés alto y flaco arrastra una carretilla llena de cemento por ese suelo irregular tan propio de las obras, mezcla de tierra, madera, ladrillos, arena y cemento, y amable, saluda en un curioso buen español: “Hola”. Tal vez es la única palabra que sabe decir.
O la primera que aprendió. Marisa es algo así como la asesora de prensa del Movimiento Territorial de Liberación (MTL) y, con un casco verde en la cabeza, explica que la cooperativa tiene acuerdos con una organización de inmigrantes y refugiados y que así como el senegalés empuja la carretilla, hay un congoleño y dos haitianos que también trabajan en el proyecto.
En realidad, ellos son de alguna manera los más exóticos, porque, según cuenta Marisa, además de los argentinos, claro, también hay varios trabajadores peruanos, paraguayos, chilenos y bolivianos.
La historia es así. Hace 26 meses el MTL, agrupación piquetera con cierta afinidad con el Partido Comunista, comenzó a construir un complejo habitacional para familias humildes en el terreno donde alguna vez se faenó ganado vacuno, ovino y porcino y donde alguna otra vez funcionó como vaciadero municipal, en el que se quemaba la basura que traían los carros que hacían de Cliba.
Por eso a Parque Patricios también se lo conoce como La Quema. Y a este complejo de 334 viviendas que albergará a más de mil personas se lo conocerá como el Barrio Piquetero.
El predio ocupa casi dos manzanas y está ubicado entre las calles Cortejarena, Famatina, Monteagudo e Iguazú.
Entre Cortejarena y Famatina se recuperó el tramo de la calle José C. Paz que unía Monteagudo con Iguazú y que estaba cerrado desde hacía 50 años. Los viejos galpones que pertenecieron a Bunge y Born y a Molinos Río de la Plata desaparecieron y ahora se ve el esqueleto de un edificio en obra que, de todas maneras, mantendrá la fachada de lo que eran las fábricas. La torre de agua sigue y seguirá ahí.
Dentro de la obra, que por tramos está muy avanzada, funcionan las oficinas de la agrupación: pese a estar a ocho cuadras de la cancha de Huracán, no se ven posters del equipo campeón en el 73 con Menotti como técnico, ni de Lucho González, jugador de la Selección, ni del Rolfi Montenegro, de River, ambos surgidos de las inferiores del Globo.
En lugar de quemeros, se ven carteles del Che Guevara, de Evo Morales, de Hugo Chávez. Además de la oficina central del MTL (donde está la maqueta de la obra cubierta de polvillo), de la oficina de personal, de la de proveedores y de la contable, hay una sala de reuniones con una mesa de madera grande y con un vidrio encima que, curiosidades de la obra, no tiene ni un poco de polvo.
En esta misma sala, tres banderas: la del Movimiento de color roja y negra, como no podía ser de otra manera, la de Argentina y la del cooperativismo, de fondo blanco y con los siete colores del arco iris que simbolizan los ideales y objetivos de la paz universal y su carácter pluralista.
Cada uno de estos colores representa un valor: el rojo, el fuego y el amor que une a las personas; el naranja es como un suministrador de nuevos logros (ahorro, crédito, consumo, producción, vivienda, educación, arte); el amarillo, el color del sol, representa el calor, la luz y la vida; el verde es la esperanza; el celeste, la ilusión; el azul, el valor; y el violeta significa humildad.
Ahí, entre ruidos de taladros y más taladros, sierras y martillos, Carlos Chile, que ronda los 45 años y es el referente a nivel nacional del MTL, cuenta orgulloso que “a partir de este trabajo se abrió la posibilidad de consolidar una empresa constructora, que hoy tiene 500 trabajadores, del cual el 25 por ciento son mujeres.
Y además podemos abordar el problema de la vivienda y la formación profesional de los compañeros, porque en muchos casos son desocupados y sin oficio”. De hecho, el Movimiento ya fue contratado como mano de obra para dos proyectos: uno en el Bajo Flores y, por ahí nomás, en Villa Lugano, donde se construirán diez torres de nueve pisos.
Otra de las cuestiones que enorgullece a la cooperativa es que los trabajadores (“capataces, oficiales y ayudantes”, según la formal división) tienen salarios en blanco, aguinaldo, vacaciones, obra social, seguro de ART, trabajan ocho horas de lunes a viernes (con una hora de almuerzo en el lugar, que consiste en una sopa, un plato fuerte y una fruta) y media jornada los sábados y licencias por maternidad en el caso de las mujeres, porque en esta obra no es raro encontrarse con chicas que, mameluco y brocha en mano, se suben a una escalera para pintar el techo de algún pasillo o realizan instalaciones de electricidad.
A pesar de estar con la nariz tapada porque está muy resfriado y de tener que usar carilinas a cada rato, Chile cuenta que el Movimiento compró el terreno de 18 mil metros cuadrados a un millón 400 mil pesos a través de un préstamo del Instituto de Vivienda de la Ciudad que le otorgó al Movimiento un crédito “flexible” de 13 millones 600 mil pesos con tasas que van del cero al cuatro por ciento, a partir de la ley 341 de la Legislatura, regulada en 2003.
De todos modos se lamenta y dice que harían falta seis complejos como el que se está construyendo para solucionar el problema de vivienda solamente del MTL. Lo bueno, cuenta, es que el proyecto les da trabajo a más de 300 personas o, como dice él, “compañeros” y que el Movimiento es una “organización político-social”, que apuesta a construir “otra cultura”, una “contrahegemonía” a partir de un modelo popular, porque “todos los sistemas productivos generan atención y requieren de una pirámide constructiva para poder conducir esos procesos”.
Pero rápidamente aclara que “en la actualidad esa pirámide está subordinada al proyecto político cuando debería ser a la inversa: el proyecto político debería estar subsumido en el marco del proceso productivo”. ¿Quedó claro?
El estudio de los arquitectos Pfeifer y Zurdo (sí, sí, Zurdo) es el que armó el diseño del complejo que está formado por edificios de tres pisos con cuatro departamentos por planta de uno, dos o tres ambientes, con balcón, baño (dos en el caso de los de tres ambientes), cocina, gas, calefón, paredes blanco ala, azulejos y, sobre todo, como calificaría cualquier clasificado, amplios y muy luminosos al frente y al contrafrente.
A cada piso se accede por una escalera (no hay ascensor) que será compartido por cuatro familias.
Entre los edificios hay patios comunitarios cerrados: los edificios estarán pintados de distintos colores, pero siempre en el tono de los pasteles. El inmueble donde están las oficinas está casi terminado y su color es el rosa viejo.
El patio tiene sus muros con dibujos que hicieron dos brigadas chilenas en febrero de este año: uno de la agrupación Cultura en Movimiento y otro de Moralistas Acción Rebelde. Incluso en una de las paredes puede leerse “La historia es nuestra y la hacen los pueblos” y la firma del autor intelectual de esta frase: Salvador Allende.
Zona de galpones y empresas de transporte, el complejo, del que Chile, humilde, dice que están “probando teoría social”, le dará vida al barrio: tendrá una guardería, un salón comunitario de usos múltiples, diez locales comerciales a la calle y una plaza.
Las viviendas se entregarán por adjudicación de acuerdo a criterios consensuados en las asambleas que realiza la cooperativa: será gente del Movimiento que vive en la Ciudad y con más urgencias. La idea es trasladar este proyecto al Interior del país, a lugares como Chaco, Jujuy o San Pedro, en la Provincia de Buenos Aires, y también al Sur de la Argentina.
Es que el Movimiento tiene emprendimientos en 17 provincias. Por ser el primer proyecto de este estilo en América Latina, ¡piqueteros a la vanguardia!, el Movimiento ya recibió la visita de delegaciones de Chile, Uruguay, Brasil, Venezuela y Cuba, así como también vinieron trabajadores voluntarios de Alemania para conocer más de cerca la experiencia. Lo que se dice exportación pero de ideas.
En este sentido, Chile reflexiona: “Si una organización modesta como la nuestra puede optimizar recursos, construir dentro de la norma y con materiales nobles y garantizar que los recursos del Gobierno van a parar a las manos de quienes más lo necesitan, ni me quiero imaginar lo que se podría hacer desde el Estado”.
Sergio Molina, Del Sur
“El estado debe regular el acceso a la tierra”
-¿Y cómo ve el proyecto de viviendas autogestionadas del MTL?
-El proyecto demuestra que la operatoria de la autogestión es viable, racional, responsable, que se puede construir a precios accesibles. Incluso la calidad del complejo es mejor que la que puede brindar el IVC y el precio también es mejor. Y además permite tejido social, rompe con el clientelismo. De esta manera, se demuestra que el dinero utilizado seriamente, permite proyectos viables, como La Lechería, el MOI (Movimiento de Ocupantes e Inquilinos) y ahora éste.
-Las cosas bien hechas.
-Claro, se puede administrar responsablemente desde una organización y la organización puede elegir su proyecto socio-productivo. El MTL armó una empresa de construcción social con sus propios integrantes. Es uno de los modelos posibles, porque cada cooperativa tiene el suyo. El MOI ahora recibió plata del IVC y también va a armar una constructora social: va a ser su propia empresa. Es importante que se pueda debatir el modelo, que se conozca, que otros lo tomen, que se discuta. Que no sea clientelar.
-¿Cómo es eso?
-El plan federal del gobierno nacional es terrible, es el peor asistencialismo peronista, con funcionarios que sujetan a las agrupaciones y juegan con la necesidad de vivienda. La ley 341 lucha contra eso: que no sean políticas techistas y sí de desarrollo social, salud, trabajo, educación, inserción de jóvenes y chicos. Si no, se trabaja sólo con las empresas constructoras y se entregan viviendas por clientelismo, para captar a los sectores populares y armar una base política electoral a cambio de techo. Pero hay otra forma de construir no sólo techo, sino también hábitat.
-Le interesa el tema.
-Sí. Hace años que trabajo con la ley 341 de gestión popular, en la que se enmarca el MTL. Fui autor del proyecto de La Lechería hace un par de años (viviendas autogestionadas en un edificio de La Paternal). Y este proyecto le permitió al MTL avanzar más rápido en ciertos aspectos, porque nuestros proyectos fueron anteriores. Se puede decir que el Movimiento tuvo canales más aceitados con el Instituto de Vivienda, que aceleró los trámites: ya había un antecedente. La organización tuvo muchos beneficios para avanzar más rápido, por ser una agrupación piquetera fuerte. Ojo. A otras organizaciones les cuesta más.
-De todos modos lo considera un proyecto atractivo.
-La experiencia es importantísima. Y se lleva adelante a pesar del IVC, que muchas veces traba. Sobre todo cuando ve que se le va de las manos el poder político. El IVC tiene que reabrir la operatoria, porque no recibe más y es un horror, porque ¡hay más de seis mil cooperativas! Es una obligación. Y sí, la experiencia del MTL es un muy buen modelo.
-¿Está trabajando en algún proyecto relacionado con las viviendas sociales?
-Estamos trabajando en una política de suelo urbano para autogestión, por la especulación que se sufre en toda América Latina: cuando el Estado no regula, termina con la expulsión de los sectores populares de la ciudad. Se hace necesaria una reforma urbana para que el Estado regule el acceso a la tierra y que sea un acceso subvencionado, por supuesto.
Claudio Freidin, Instituto de Vivienda de la Ciudad
“Lo del MTL es muy lindo”
-¿Cuál es el aspecto más destacable del trabajo que está haciendo el Movimiento Territorial de Liberación?
-El tema central en el proyecto del MTL tiene que ver con la participación de la gente en la obra. Así se consigue un proyecto a medida con una calidad superior a la que nosotros podemos brindar, porque actuamos desde afuera y siempre es mejor que participe la gente que va a vivir efectivamente en esos lugares.
-Parece que la autogestión funciona: el proyecto del MTL es muy bueno.
-Sí. Lo del MTL es muy lindo y es la obra emblemática porque la hizo la misma que gente que después va a vivir ahí, por lo menos en su mayoría. Es el más mostrable por su magnitud de los proyectos de autogestión. Pero hay otros dentro de la misma operatoria, claro que éste es el de imagen más fuerte. Además lo del MTL tiene doble mérito: tiene un muy buen equipo técnico, pero otro aspecto que me parece importante es que logró repatriar al arquitecto argentino Fermín Estrella que estaba en México y es quien más sabe sobre viviendas sociales.
-Es un programa idea.
-Y la operatoria es muy buena: toma un sector social con necesidad de vivienda, pero además se reconstruye el tejido urbano social. Entonces, por un lado es inserción social y por el otro es integración del tejido urbano. Y es distinto a la operatoria para las villas.
-¿Presenta algún problema esta operatoria?
-Estamos viendo la posibilidad de hacerlo más sencillo, porque hay muchas trabas burocráticas. Y además en muchos casos no es fácil trabajar con organizaciones sociales sobre todo si no están bien consolidadas. No pasa con el MTL que sí lo está y desde la agrupación ya están pensando en una segunda etapa de construcción. Además, lo importante es que le permite a la cooperativa transformarse en una empresa constructora. Y eso es un poco el objetivo de esta operatoria: crear fuentes de trabajo. Pero no es la única. Sí es la más emblemática por el volumen de viviendas. Cada agrupación tiene sus conflictos: no es fácil trabajar con una organización social que trascienda al tiempo de ejecución de la operatoria: la urgencia es la vivienda que puede demorar dos años. Y por eso muchas quedan en el camino.
-¿En qué sentido?
-Por ejemplo, la tasación de los terrenos se hacen vía Banco Ciudad y eso, muchas veces, demora la compra. En cuanto al Instituto, debemos apurar la aprobación de proyectos y la capacitación en entidades. Nosotros trabajamos a partir de los cuestionamientos que nos traen las agrupaciones y calculo que en diez días tendremos el borrador de la nueva reglamentación. La idea es mayor operatoria a menor costo social.
-Entonces, se va a seguir trabajando con esta operatoria.
-Sí. En el Instituto hay inscriptas 200 entidades de las cuales ya están trabajando alrededor de 15. Tuvimos una recomposición de partida por parte del Ministerio de Hacienda para arrancar con este trabajo.
Buenos Aires Vs. Resto del Mundo
En Francia, el primer ministro francés, Dominique de Villepin, aseguró que el Gobierno edificará cinco mil viviendas sociales paras las familias con menos recursos, de las cuales tres mil se ubicarán en la capital francesa.
El plan de obra de este “pacto nacional por la vivienda” demandará 18 meses y en el caso de París, las construcciones se harán al norte de la ciudad, en tierras confiscadas y en el terreno que se iba a destinar a los Juegos Olímpicos de 2012, que finalmente se realizarán en Londres. Además, se invertirán 50 millones de euros para reparar los centros sociales.
De este lado del océano, en la ciudad más grande de América del Sur, en San Pablo, Brasil, se desarrolló en la década del 90 un programa que consistía en la autoconstrucción de viviendas, por impulso del Partido dos Trabalhadores y por organizaciones no gubernamentales.
Fue un proceso de cooperación entre la administración pública y grupos de ingresos bajos por el que se crearon once mil viviendas a 110 dólares el metro cuadrado que solucionaron el problema habitacional de 60 mil personas.
En el caso de Bolivia, el Gobierno tiene pensado invertir más de doce mil millones de dólares en su Plan Nacional de Desarrollo, que generaría 450 mil puestos de trabajo y más de cien mil viviendas a los sectores trabajadores en los próximos cinco años; mientras que en San Pedro de la Costa, en el centro de Chile, el Ministerio de Vivienda y Urbanismo construirá viviendas sociales, cuyo diseño evitará que estén apiñadas una contra otra.
La idea es edificar un barrio a lo largo de una avenida y en torno a una plaza o patio común. Un poco más al norte, en el Caribe el Instituto Nacional de la Vivienda de Cuba inició en 1992 el Programa Nacional de Viviendas que aspiraba a solucionar la disminución en los niveles de producción de viviendas, como consecuencia de la caída del Bloque Socialista en Europa.
La cooperación internacional, los intercambios, la ayuda económica, la asistencia cubana a los países del sur y la exportación de las técnicas y tecnologías para la construcción de viviendas de bajo costo permitieron la modernización de las políticas nacionales de vivienda: se construyeron más de 65 mil viviendas de bajo coste, en las que viven 250 mil personas; participaron del programa 50 mil trabajadores; y el 20 por ciento de los puestos de trabajo fue para mujeres.