Publicado: 19/08/2009 UTC General Por: Redacción NU

Cromañón, la espera

Fuera de las puertas del escenario donde se llevará a cabo el desenlace del juicio por la tragedia de Cromañón los familiares de las víctimas y los seguidores de Callejeros esperan por el resultado. Con un paisaje lúgubre, decorado por la amenaza de lluvia, la espera es la protagonista.
Cromañón, la espera
Redacción NU
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La espera es fría y lluviosa. Un cielo gris se cierne sobre Buenos Aires, se cierra y se envuelve en nubes oscuras que dan a la ciudad una apariencia de melancolía y tristeza. La espera, cada vez más extensa, parece tomar cuerpo en ese escenario lúgubre que tiene como epicentro la poblada cuadra de Tribunales.

Por un lado están aquellos que, movidos una vez más por el dolor de la pérdida, se acercan una vez más al escenario que hoy tal vez pudiera ofrecer un desenlace a su sufrimiento, aunque sean pocos los que confían en un final definitivo. Reunidos, todos juntos, leen los nombres de sus seres perdidos, y a cada nombre se escucha un campanazo y resuena el grito de "presente".

"¡Justicia!" "¡Nunca más!" Piden, reunidos sobre la calle Lavalle entre Talcahuano y Paraguay, los padres y familiares de esas 194 personas que en la fatídica noche que hoy se recuerda con el sencillo nombre de Cromañón perdieron la vida, ahogados por el humo, en ese local de Once. Sin clemencia para ninguno, piden condena para todos los acusados, aún aquellos que hoy no se encuentran en el banquillo.

Doblando la esquina, sobre la calle Talcahuano, el escenario es similar y diferente. Rostros más jóvenes y menos duros, guitarras, mate y remeras que rezan "basta de culpar a Callejeros". Quien, ignorante de la realidad, pasara por allí juraría que la espera antecede a un recital de una banda de rock, una suerte de Woodstock urbano a metros de la sede de la Justicia.

Sus motivos son opuestos. Impulsados por el fanatismo que los liga al conjunto liderado por Patricio Fontanet, el grupo rockero espera, soportando también el frío, que la sentencia libere a sus ídolos. A medida que pasa el tiempo su sangre se enardece, los cánticos aumentan de volumen, hay saltos y reclamos.

No hay cruces, ni insultos, ni peores escenas de las que se pudieron ver en etapas previas de este drama que se inició en la noche de diciembre de 2004. La espera y el dolor se llevan toda la atención. La sentencia va a comenzar, y sólo queda esperar.

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