La economía no crece, el empleo decae, el saqueo avanza
Las desventuras que soporta por estos días el jefe de Gabinete Manuel Adorni son minucias comparadas con los desafíos que le esperan al gobierno que encabeza Javier Milei en los próximos meses.
No es la corrupción el mayor aprieto que debe soportar el gobierno. No es que no exista, pero el público no piensa en peces de colores cuando se habla de dinero malhabido. La Argentina es un país de dinero malhabido, desde el Siglo XVI, época en que sólo una vez al año un Navío de Registro, autorizado por la Junta de Sevilla, arribaba al Río de la Plata transportando productos necesarios para la vida diaria en estar tierras.
Este solitario viaje, insuficiente frente a las necesidades de los rioplatenses, abrió el camino al contrabando de sustancias y productos, que en su mayoría provenían de Brasil. A principios del Siglo XIX, producida ya la Revolución Industrial en la anglósfera, Napoleón decretó el Bloqueo Continental, que impidió a Inglaterra comerciar sus excedentes industriales con el resto de Europa. Lógicamente, Su Graciosa Majestad volvió sus ojos hacia otros mercados, en especial hacia la joven América.
El 21 de octubre de 1805 se produjo la batalla de Trafalgar, en aguas del Océano Atlántico, en las cercanías del puerto de Cádiz, en la que la flota inglesa derrotó a la armada franco-española liderada por el vicealmirante francés Pierre Charles de Villeneuve y por el capitán general español Federico Gravina.
A partir de Trafalgar, Inglaterra se convirtió en una talasocracia, cuando su flota pasó a dominar los mares (Brittania rules the waves, era el término). El contrabando ya no venía sólo desde Brasil. Florecieron todo tipo de negocios, legales e ilegales y se consolidó desde entonces una oligarquía parasitaria, que reemplazó a una aristocracia que estaba en formación, con los caudillos del interior y Juan Manuel de Rosas como líderes de una Argentina que surgía.
Entonces, desde 1852, hasta los ponchos de los gauchos venían de Southampton y ya los telares como el de doña Paula Albarracín de Sarmiento no vistieron más a los centauros argentinos, convertidos entonces en gauchos emperifollados de exportación.
La Argentina que construyeron los próceres de la Generación del 80 fue un granero sin manufacturas, una pradera fértil sin industrias de transformación de alimentos, un puerto que sólo exportaba materias primas. Fue tan primitiva su construcción, que en algún momento se cazaba al ganado cimarrón, sólo para cuerear los animales y dejar a los buitres carroñeros todo el resto del cuerpo.
Un presente de saqueo
Hoy, en los días que corren, existen diferentes niveles de batalla. Por una parte, existe una superestructura política conformada por parásitos, que legislan, patalean, hacen berrinches, gobiernan y llenan las redes de supuestas verdades (llámanse mentiras, claro) que corren por una realidad paralela a la Argentina de verdad. Son los hijos putativos de las grandes empresas, que ponen a sus funcionarios a operar para sí mismas y desangrar al país en su beneficio.
Por otra parte, existe una clase empresarial conformada por empresarios Pyme, trabajadores, militantes sociales y capillas solidarias que producen como pueden, que apenas sobreviven, condenados a formar parte de una economía de subsistencia. Éstos aportan a la Argentina de verdad. Entre éstos hay patriotas y de los otros, pero aquellos, los del párrafo anterior, son todos parásitos, cipayos y vendepatrias, deposiciones de la historia.
En los últimos meses se perdieron 300.000 puestos de trabajo registrado. Desde noviembre de 2023 cerraron 22.000 empresas que generaban trabajo formal, según las cifras que brindó el sistema informativo de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo. El Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) informó de una caída del 8,7% interanual en febrero.
Por su parte, la información que provee el Sistema Integrado Previsional Argentino expone que en diciembre de 2025 había 10.016.000 trabajadores asalariados registrados en la Seguridad Social, que incluye al sector privado, al sector público y a los trabajadores de casas particulares. Esta cifra está cercana a los números de 2022, lo que desmiente las especulaciones de expansión económica que adornan los discursos del presidente y su ministro de Economía.
Lo que va de ayer a hoy
En el año 2001, tras la caída del gobierno entreguista de la Alianza, los gobiernos patrióticos de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner lograron la recuperación de la Argentina con bastante celeridad. Esto nos enseñó a los argentinos que, en realidad, la crisis era política y no económica. Cuando Kirchner frenó el saqueo, el país se normalizó, en cierto modo. Faltaba mucho para su recuperación, pero la sangría se paró casi del todo.
En los días que corren, la fábrica de golosinas Georgalos importa desde China su caramelo más vendido, el Flynn Paff. ¿La razón? Traerlo desde China en un container le cuesta u$s4.000 y traerlo desde Córdoba a Buenos Aires le cuesta u$s2.000. El presidente de la empresa, Miguel Zonnaras, explicó que los productos ya no son competitivos por ser nacionales, porque se han “commoditizado”. Esto significa que el precio que se le impone no tiene que ver con el costo de producción, sino con los precios que se publican, por ejemplo, en las pizarras de Chicago los cereales o en las de Londres (Brent) y Nueva York (WTI) el petróleo. El caucho se aprecia en Singapur, Tokyo y Shangai.
Esto quiere decir que el bloqueo del Estrecho de Ormuz incrementa los precios en una Argentina cuyo petróleo no pasa ni cerca del Océano Índico. El combustible argentino llega a todo el país desde la Patagonia, principalmente, es decir que, a lo sumo, debe recorrer para llegar al punto más lejano, no más de 2.300 kilómetros. Omán, en cambio está a 14.000 kilómetros de la Argentina. Pero la nafta subió junto alrededor del 20%, junto con el aumento del precio del petróleo Brent y WTI. A eso lo llaman desregulación, aunque existen otras palabras para denominarlo.
Los émulos locales de Drake
En sintonía con Georgalos, también Lumilagro -fábrica de termos- trasladó la manufactura de algunos de sus productos a China. Por su parte, la fábrica de zapatillas John Foos cerrará su fábrica en Beccar antes de que termine el mes, para comenzar también a importar calzados desde China.
Las razones para que esto ocurra no tienen que ver con la parasitación, como en otras empresas. Zonnaras explicó que la mayor competitividad de algunos países tiene que ver, no con los costos de la materia prima y la tecnología, sino con los demás factores que inciden sobre los precios, que tienen que ver con la inversión del Estado en la infraestructura y en la logística.
Por el contrario, el Estado argentino no sólo no invirtió ni un peso en estos rubros, sino que liberó la importación de productos provenientes de países cuyos estados sí intervienen en la protección de sus propios mercados internos, invirtiendo en los rubros que facilitan la expansión de sus propias empresas hacia los mercados del mundo.
El camino elegido por los liberales es siempre el mismo. Llegan al gobierno generando expectativas de crecimiento y prometiendo un futuro próspero, siempre lejano y pidiendo sacrificios, para luego facilitar el engorde -no el crecimiento- de algunos tontos perspicaces y la ruina de las Pymes. No hay peor combustible para quemar a la industria que los amos de la libre empresa.
Para muestra…
El titular de la Fiscalía Nacional Criminal y Correccional Federal N° 5 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Franco Picardi, que investiga los entretelones del timo generado al interior de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), definió que “la ANDIS fungió como una permanente ventanilla de pagos indebidos para sostener negocios espurios, en perjuicio del Estado Nacional, tanto en lo relativo a medicamentos como insumos, que, por sus particularidades, resultan de alto impacto y baja incidencia. El conjunto de evidencias analizadas permite reconstruir un esquema delictivo permanente en el tiempo, caracterizado por el direccionamiento de compulsas de precios, la cartelización empresarial y, por ende, la connivencia de funcionarios/as públicos/as que se beneficiaban de ello”.
Tanto la batalla cultural, como el grito gutural cuyas iniciales coinciden con ¡¡¡VLLC!!! se encuentran algo desvencijados ante algunos de los hechos descriptos, además de los relacionados con el jefe de Gabinete de Ministros de la Nación y la shitcoin $Libra.
La historia se está reescribiendo en estos mismos momentos y quizás no sea la misma que que relatan los lenguaraces del oficialismo.
Si rezamos lo suficiente, Dios nos libraría de estas fuerzas de los cielos negros.